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De pandemias, epidemias, endemias y algunos etcéteras

Siempre hay términos que se ponen de moda pero cuyos alcances precisos, en general, desconocemos.

La palabra en boga es, por supuesto, “pandemia”. La Organización Mundial de la Salud la definió en su tiempo como una “infección causada por un agente infeccioso simultáneamente en diferentes países con una mortalidad significativa en relación con la población infectada”. En 2001, la OMS eliminó la característica de la “mortalidad significativa”, lo que debería llevarnos a enfrentar con más tranquilidad la amenazante coyuntura actual. Y aceptar con mejor cara la imposición de la cuarentena.

La “epidemia” es una parienta cercana de la anterior y se la define como una enfermedad que se propaga por algún tiempo por un país acometiendo simultáneamente a un gran número de personas. También se considera como tal a un “mal o daño que se expande de forma intensiva e indiscriminada.

La “endemia” es una enfermedad que reina habitualmente en un país o comarca.

Frente a hechos de esta naturaleza, la primera preocupación de especialistas y gobernantes es procurar encontrar un tratamiento médico adecuado, tarea que demanda acciones urgentes y recursos ingentes. Hace una semana, la prensa europea informó (en Chile al parecer esta información se ocultó) que un laboratorio alemán estaba a punto de descubrir una vacuna para el “corona virus” (Covid-19). El presidente Trump, acto seguido, movilizó a las grandes corporaciones farmacéuticas de su país para que adquirieran todos los derechos para la comercialización a nivel mundial del producto. Para él, el virus no era una tragedia mundial sino una oportunidad de negocio para el gran capitalismo transnacional. Al parecer, la decidida acción de Merkel impidió que esto fructificara. Por ahora, parece que los chinos llegaron antes a la meta.

Volviendo al punto de partida, se hace necesario reflexionar sobre los alcances de la terminología señalada. ¿Puede haber una “epidemia” que se transforme en “endémica” en un país equis? Pareciera que sí. ¿Puede haber una “epidemia” que afecte a los individuos no en su aspecto biológico, orgánico, sino en su aspecto sicológico, mental, y que se transmita no por infección sino por “imitación” de los malos ejemplos?

Ahondemos un poco en el tema. El país registra cerca de 50.000 reos privados de libertad, un porcentaje que se ajusta a la cifra de población. En general, son autores de “delitos comunes” o personas sujetas a medidas precautorias por ser “un peligro para la sociedad”. Si nos atuviéramos a los requerimientos de la “gente bien”, se podría llegar al doble.

Entre la “gente bien” (ABC 1 para las agencias de publicidad, de acuerdo a sus niveles de consumo) también hay “infractores de ley”. Tratarlos de delincuentes, sería simplemente una falta de respeto. Esta gente se colude con sus competidores para aumentar sus ganancias. Elude tributos, evade impuestos, saca capitales clandestinamente del país. Compra y financia ilegalmente a ciertos y determinados actores políticos. Hace del soborno y el cohecho una práctica habitual. Obtiene mañosamente informes medioambientales o permisos de edificación en zonas prohibidas o restringidas. Todo, entre lunes y viernes, pues el fin de semana deben dedicarlo a la familia y a la Santa Misa.

Cada día se conocen nuevos casos en que empresas inmobiliarias han adquirido el hábito de atropellar leyes y reglamentos sobre la actividad con el fin de optimizar sus ganancias. Destino del suelo, alturas, construcción sobre playas y humedales, densidad permitida. Hasta universidades con nombres de santos, se permiten estos abusos. La epidemia delictiva se propaga sin cesar, ante el silencio engolado de la Cámara Chilena de la Construcción.

El penúltimo caso (luego vendrá otro) se presentó en calle O’Brien, comuna de Vitacura. Pese a que el plan regulador dispone para el lugar como uso del suelo “exclusivamente viviendas”, la Inmobiliaria O’Brien S.A. (los nombres de los socios anónimos no se conocen) obtuvo de la Dirección de Obras de la Municipalidad de Vitacura el permiso de edificación N°40, de 2018 para un edificio “de oficinas y estacionamientos”.  Cuatro vecinos reclamaron a la Justicia. La Tercera Sala de la Corte Suprema declaró que el referido permiso “no pudo ser concedido porque no se ajusta a la normativa vigente a la fecha de su otorgamiento”.  Señala el Tribunal: “Interesa destacar que el plan regulador comunal es el instrumento que promueve el desarrollo armónico del territorio comunal” agregando que “el régimen de planificación territorial, en ciertos casos, limita derechos fundamentales, tales como la igualdad ante la ley, ante los tributos y las cargas públicas, a desarrollar cualquiera actividad económica, y el de propiedad, porque a través de ésta, y teniendo en especial consideración la función pública de la que es parte, se debe propender por el Estado al bienestar común de las personas, dentro de un uso racional y coherente del suelo, para lo cual es indispensable el sometimiento del ciudadano común y de la autoridad a este marco normativo, cuestión .. que no se cumplió y que constituye la razón por la cual se acoge el … reclamo” de los cuatro vecinos”.

¿Constituirá este fallo unánime la vacuna contra la epidemia de la corrupción inmobiliaria?

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