«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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Editorial. Los héroes están cansados

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Durante la primera semana de noviembre, se han cumplido dos meses desde el plebiscito de salida, evento cuyo resultado sorprendió a todo el mundo no por el triunfo de la opción del “rechazo” que, sin duda, era una alternativa posible, sino por la significativa magnitud de las cifras.

De hecho, quiérase o no, la ciudadanía cuestionó claramente el trabajo de la Convención Constituyente cuyo proceso – plagado de desaciertos, desatinos y afanes refundacionales conducidos por grupos sobreideologizados – concluyó en un gran fiasco que terminó afectando gravemente los afanes ciudadanos de alcanzar una nueva carta fundamental.

La ciudadanía se pronunció y todas las explicaciones y excusas surgidas post recuento de los sufragios, no constituyen sino eufemismos para eludir las evidencias proporcionadas por la realidad.

Desde el momento mismo del plebiscito, se han producido dos hechos llamativos: la manifiesta intención de la mayor parte de los grupos de derecha por apropiarse del resultado y, por otro lado, el desconcierto en las filas de los partidarios del apruebo (partidos políticos, gobierno, líderes constituyentes) que tras sesenta días no logran ver una salida al final del túnel.

La sensación en el país parece indicar que una inmensa mayoría de la gente considera que las elites se han enfrascado otra vez en un verdadero juego en el cual cada grupo político, so pretexto de encauzar un nuevo proceso constituyente, se ve más preocupado de preservar sus históricas parcelas de poder que de esforzarse por generar una institucionalidad que consagre los principios básicos para el adecuado funcionamiento de una democracia y que permita que la ciudadanía adopte las decisiones que estime necesarias conforme a las situaciones contingentes.

La última encuesta de opinión confiable (Criteria- Octubre 2022) ha dado indicios bastante claros acerca del juicio que la ciudadanía tiene sobre el momento actual. Así, puede constatarse que un porcentaje de 72 % coincide en la necesidad de armar un nuevo mecanismo para generar una nueva constitución en tanto que solo un 28% desea mantener la carta vigente, datos que son consistentes con los del plebiscito de entrada. Asimismo, las personas consultadas han puntualizado como que consideran como los problemas más urgentes a) el orden y la seguridad públicas, la delincuencia y el narcotráfico (47%); b) la inflación (28%) y c) el control migratorio (27&).

Ese es el terreno que como país estamos pisando y tal es la realidad socio – política con la que debemos trabajar.

El problema constitucional y las demandas ciudadanas inmediatas ya señaladas, van por cuerdas separadas. Resulta, así, una falacia insistir en que a la gente el tema primeramente señalado no le importa; de hecho solo requiere que se resuelva con madurez, sentido común y participación para que no se traduzca en un documento que implique la sumisión de unos por sobre otros.

En la otra cuerda, va la asunción de las urgencias que preocupan a todos los estamentos de la sociedad, encabezadas por la seguridad, la delincuencia y el orden público. Para todos los sectores, este factor constituye un marco indispensable e ineludible para que la vida de las personas, de las familias, pueda desenvolverse en un ambiente de normalidad mínima. Es claro que la responsabilidad primaria en la materia recae sobre los hombros del Gobierno, el que está en la obligación de adoptar desde ya las medidas y ejecutar las políticas concretas para restablecer la autoridad.

Una comunidad desquiciada difícilmente podrá avanzar.

Se debe por tanto tener el coraje para actuar prontamente en beneficio de las grandes mayorías sin tener contemplaciones hacia  grupos marginales cuya acción es funcional a la regresión.      

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