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DIA DE LA MADRE

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.

Especial para La Ventana Ciudadana
Desde Madrid, España.

Chile entero está movilizándose con ocasión del Día de la Madre, el domingo 9 de mayo. Curiosamente, muchas ciudades importantes que estaban en cuarentena por la pandemia, avanzaron a la siguiente fase, permitiendo mayor movilidad a la gente.

Sin duda, se trata de una fecha importante porque está concebida para agasajar a nuestras madres. Sin embargo, se pierde todo el valor de aquel loable objetivo cuando la fecha se convierte en una locura comercial colectiva. Y hasta las autoridades caen en ese juego y adoptan decisiones más que criticables, especialmente en estos momentos dramáticos que vive el mundo entero.

El Día de la Madre es una actividad netamente comercial, que ha traspasado fronteras, provocando la misma locura en gran parte del mundo, y en distintas fechas. Por ejemplo, aquí en España, celebramos dicha festividad el primer domingo de mayo. En Chile, donde tradicionalmente se celebraba el 10 de mayo, ahora se cambió para establecerla el segundo domingo del mes. Y, curiosamente, este año ¡cayó domingo!…

Soy un convencido de que a las madres hay que agasajarlas todos los días de cada año de nuestras vidas. Ella nos dio la vida, nos cuidó en la infancia y nos enseñó valores en nuestro caminar adolescente. Disfrutó con nuestros triunfos juveniles y estuvo con nosotros en los consejos oportunos cuando sufríamos en los primeros amores. La madre fue la que nos acompañó en nuestro matrimonio y la que se encariñó hasta el máximo con nuestros hijos.

Ella, entonces, se merece nuestro amor, nuestro homenaje y nuestro cariño agradecido cualquier día de cualquier año.

Con todo esto, permítanme que en este momento dramático de pandemia, cuidemos a nuestras madres. Eso significa que no caigamos en el consumismo mayor y no cometamos el error de salir en masa a la caza de un regalo. Nos vamos a contagiar y corremos el riesgo de contagiar a nuestras madres, a nuestros hijos, a nuestros seres queridos.

El mejor homenaje a quienes nos dieron la vida es el de cuidarla, de sacrificarnos por ella y no reunirnos masivamente con toda la familia. No sabemos si somos portadores del virus maligno, o si lo son nuestros hijos. Por eso, no nos reunamos en torno a ella, no la abracemos ni la besemos, aunque nos hierva el corazón de puro amor.

Cuidarla y no contagiarla es la mayor prueba de amor en esta época de pandemia. Y debiera ser la mayor satisfacción para nosotros mismos. Ella lo comprenderá y lo agradecerá. Porque ella sabe lo que nos estamos jugando todos en estos difíciles tiempos de pandemia. Y todos sabemos que a nuestros mayores les afecta más gravemente la Covid 19.

Dejemos de lado el consumismo y pensemos con la madurez que la situación nos exige. Todo, porque la vida está primero y no nos debemos dejar arrastrar por los intereses económicos, incrustados como una falsa tradición.

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