
EDITORIAL.
El Presidente de la República, siguiendo lo dispuesto por la Constitución Política, ha presentado ante el Congreso Nacional, otras autoridades y Cuerpo Diplomático, su cuenta Anual sobre el estado de la República.
Este balance, en general, informa sobre lo que el gobierno ha hecho, la legislación programática en la que se ha avanzado y las obras y normas que están en proceso de concreción.
Al primer golpe de vista, utilizando cifras oficiales de organismos nacionales e internacionales y de departamentos de estudios de grandes empresas extranjeras, el Presidente Boric ha señalado a la ciudadanía un panorama positivo que supera con creces las visiones amargas y frustrantes con que amanecen diariamente los periódicos y canales de las grandes cadenas con el propósito indisimulado de mostrar un Ejecutivo inoperante e incapacitado para dirigir el país.
La realidad es muy diferente. Si bien el Gobierno actual ha cometido numerosos errores especialmente en materia de designación de cargos y asignación de funciones, ello no implica que Chile haya dejado de funcionar con una normalidad básica.
La continua actitud de “la gran prensa” tendiente a generar desconfianza generalizada, resulta inaceptable, más aún cuando son notorios los fines electorales o defensas corporativas que la mueven.
Vale la pena destacar tres casos, al respecto.
Uno, la inflación. El nefasto problema que daña en especial a las familias de más escasos recursos, se ha reducido desde un nivel cercano al 14% hasta un 4%. La crítica opositora, es que ello es mérito del Banco Central, eludiendo el dato obvio de que la gestión de esta entidad va siempre coordinada con las políticas que implementa el Ministerio de Hacienda.
Dos, vivienda. Las cifras son macizas pero se destaca el hecho de un par de centenares que han presentado fallas, escondiendo lo evidente: que ellas han sido levantadas por empresas privadas y que al Estado le corresponden funciones inspectivas o indemnizatorias.
Tres, cuidados. Como estas labores son efectuadas casi exclusivamente por mujeres en forma silenciosa y sin organizaciones que las representen, el inmenso avance que se ha logrado en una primera etapa es acallado y casi presentado anecdóticamente.
La Cuenta que comentamos ha dejado una lección clara.
Su tonalidad mesurada y respetuosa merece un reconocimiento. El clima de la reyerta irresponsable, debemos dejarlo de lado.
Los problemas y desafíos del país son numerosos y complejos y para enfrentarlos se requiere una voluntad colectiva comprometida. La Cuenta invita a que tengamos una nueva actitud para trabajar con solidaridad y esperanza.
Ojalá miremos las cosas de una manera diferente. Es lo que la ciudadanía pide.

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