«Mister Monroe ha dicho: Se reconoce que la América es para los americanos…¡Cuidado con salir de una dominación para caer en otra! Hay que desconfiar de esos señores, que muy bien aprueban la obra de nuestros campeones de liberación sin habernos ayudado en nada. ¿Por qué ese afán de Estados Unidos en reconocer la independencia de América sin molestarse ellos en nada? Yo creo que todo esto obedece a un plan concebido de antemano, y ese sería hacer la conquista de América, no por las armas sino por la influencia en toda esfera. Eso sucederá tal vez no hoy, pero mañana sí»

Diego Portales (1822)

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EDITORIAL. El tiempo de la transición.

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Bien podríamos afirmar que con las elecciones presidenciales de hoy 14 de diciembre se  cierra el largo ciclo de la transición iniciado en 1990 con  el término de los diecisiete años dictadura. La renaciente democracia, tan anhelada por la ciudadanía, ha experimentado y vivido toda suerte de ensayos que no han hecho otra cosa que reflejar la inquietud de una población que toma nota de los problemas y déficits que la agobian y que, con irresponsable nostalgia, recuerda la aparente “eficiencia” de gobiernos autoritarios capaces d e gobernar mediante “órdenes” sin escuchar contradictores.

Sucesivos gobiernos, de distintos signos, demuestran paulatinamente  la veracidad de las aseveraciones  precedentes que no hacen más que encubrir la incapacidad de los mandatarios, de todos sin duda, de presentar ante el país un proyecto racional y razonable de futuro que priorice las  demandas sociales, que armonice los intereses de los diversos  estratos de la sociedad, que sea capaz de invitar a todos a una tarea común, que realice una verdadera labor de pedagogía política, haciendo entender a cada persona que nada puede ser resuelto sin la participación activa de los demás,  que nos necesitamos unos a otros, para lo cual es imprescindible entender que necesitamos imperiosamente construir una comunidad esencialmente solidaria.

Si la  acción política de un nuevo gobierno va a estar marcada por valores negativos tales como el individualismo, el permanente dominio de las clases privilegiadas sobre los grupos vulnerables, el afán ilimitado de acumulación de riquezas y de orgullosa ostentación, estaremos sin duda armando un  tinglado carente de  toda solidez y simplemente posponiendo una crisis inminente.

Aunque a muchos, el solo hecho de  proponerlo parece ser una herejía, lo dicho implica desarrollar una cultura colectiva centrada en valores positivos que, desde la educación más básica hasta los niveles superiores, desde las instancias religiosas y filosóficas, hasta agrupaciones sindicales y gremiales, desde los grandes conglomerados de comunicación hasta el enjambre de las redes sociales, instruya majaderamente sobre la necesidad de apreciarnos y respetarnos por lo que somos y no  por lo que tenemos.

La contienda presidencial ha dejado huellas profundamente negativas, sin claridades programáticas pero con una sobrecarga de odiosidad sin límites. Es obvio, que ninguna comunidad nacional puede subsistir como tal si ha sido construida sobre cimientos de odio, temor y amedrentamiento. Esas herramientas pueden ser usadas para ganar elecciones con la complicidad pasiva de los grandes medios de comunicación, pero el transcurso del tiempo demostrará cuán falaz han sido sus promesas.

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