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CRÓNICAS PINTEÑAS

Fernando Arriagada Cortés

Investigador y escritor.

Si por crónica entendemos un artículo de corte periodístico con el fin de tratar un tema determinado, como nos señala el diccionario, debemos colegir que estas van configurando en el tiempo un verdadero noticiero de la realidad que, algunas por su valor y trascendencia, bien pueden ser valiosos testimonios para  escribir historia. Y crónicas de este tipo son las que se han escrito desde los tiempos de conquista en Chile.

En nuestra región de Ñuble hay varios representantes de este género como Pineda y Bascuñán, el jesuita Miguel de Olivares, Manuel Jesús Ortiz o las alegres crónicas del académico Marco Aurelio Reyes. Desde las comunas surgen cronistas locales importantes como Víctor Albornoz Carrasco, un profesor normalista pinteño que acaba de publicar un  trabajo que ha denominado “PINTO, un tesoro escondido”, en donde ha vertido un valioso conjunto de estas que nos entregan mucha información pasada y presente de la turística comuna termal. Precedido de un emotivo prólogo de su hijo psicólogo Víctor Albornoz Merino, a través de 345 páginas, el autor nos va entregando las vivencias que su memoria conserva desde su lejana juventud hasta nuestros tiempos y con acierto va repasando nombres, lugares, anécdotas variadas, instituciones como la municipalidad, parroquia, escuelas, bomberos, clubes deportivos, medios de movilización o antiguos oficios femeninos como parteras, rezadoras y santiguadoras.

También don Víctor rememora hechos alegres y otros no tanto como la fundación de Pinto, el terremoto del 39, el accidente de la micro que cobró 23 víctimas fatales en 1957 o los homenajes que ofrece a destacadas personas que han ido aportando al crecimiento de esta comunidad.

Punto especial para el mundo campesino del cual su autor se siente parte integral, como las tradicionales faenas agrarias como la trilla a yegua o la presencia de cerrucos que aportaban importante mano de obra en trabajos como la corta de trigo, saca de papas o esquila. También destaca la medicina natural y popular de innegables ancestros aborígenes, como asimismo los carboneros y artesanos, junto a comidas típicas campesinas que el señor Albornoz evoca con sentimientos propios de su alma sensible, sencilla y educadora.

El libro se complementa con valiosas fotografías, muchas de ellas del ayer, que van dando cuenta de personas y espacios ya inexistentes, poemas personales y de otros autores, más de un centenar de adivinanzas, personajes típicos locales, como también un valioso vocabulario que el autor clasifica entre dichos y vocablos. Muy destacable es el esfuerzo por incluir personas de todos los estratos sociales que algún aporte o vivencia el recuerda, en un esfuerzo por destacar a muchos por lo que fueron y representaron, en un plan de inclusión sin discriminarlos por los que tienen o por los que piensan diferente al autor.

Así va construyendo su robusto libro de crónicas el profesor aludido quien entrega lo mejor de sí en esta obra que refleja al maestro normalista, al buen vecino, al cristiano comprometido, al observador y memorialista acucioso, al hijo comprometido con su comunidad, al perseverante colaborador de diarios locales que ha llamado la atención de la Silla del Sol y la  revista Quinchamalí, en donde ha sido entrevistado para darse a conocer como un agudo cronista.

Agradecemos a don Víctor Albornoz su valioso trabajo que se integra a los textos de crónica regional como un aporte más de una conocida comuna que se caracteriza por sus paisajes pre y cordilleranos, sus múltiples lugares veraniegos como campings, sus hermosos paisajes y parajes que desde los tiempos coloniales han llamado la atención de viajeros, científicos, exploradores, artistas o jóvenes que los han descrito o retratado para dar cuenta de sus bellezas naturales y de los cuales este libro nos habla a raudales. Su trabajo es una invitación a seguir investigando a quien corresponda y a colaborar con la cultura, especialmente cuando esta se hace con pocos recursos, pero como dice un cronista yungayino “con loco entusiasmo”.

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1 Comentario en CRÓNICAS PINTEÑAS

  1. Loable iniciativa la descrita por el historiador Fernando Arriagada, sobre el libro que acaba de lanzar el señor Víctor Albornoz de Pinto, en que en un poco más de 300 páginas, este autor encierra tanta evocación e historia de su comuna. Sería valioso que el municipio sacara una segunda edición para poder comprar estos libros que son demandados por un público cautivo, a quienes nos interesa leer e informarnos de nuestra región y conservar estas «joyitas» en nuestras bibliotecas. Casos similares se han visto en otras comunas, por ejemplo, en San Nicolás, en que se agotan estos hermosos libros, dejándonos con «gusto a poco» como se dice en los campos de nuestra tierra.

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