«Desarrollo a Escala Humana: Si pasamos de la teoría a la práctica, con respeto a la naturaleza, haremos un aporte a la humanización de la sociedad»

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Editorial. ¿Hacia dónde caminamos?

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

El 4 de julio de 2021, pareciera estar destinado a ser una fecha importante en la historia del país. Es casi natural que en estos momentos le atribuyamos un significado especial pero es evidente que solo el transcurso del tiempo podrá decirnos si su conmemoración o recuerdo tendrá el simbolismo que hoy le vemos o  será, por el contrario, una línea irrelevante en los textos de estudio.

Chile ha vivido, desde hace bastantes años, una situación grave derivada de un orden establecido sustentado por las clases dominantes que mediante el manejo de su poder económico han llegado a controlar la política, los medios de comunicación, la religión y la cultura. Los diecisiete años de dictadura no hicieron más que lograr imponer, mediante el uso y el abuso de la fuerza, un tipo de sociedad tal que muchos visualizaron como la verdad establecida. Por eso, se hace imposible olvidar a un antiguo político que hace cincuenta años, con vehemencia se dirigía a los jóvenes chilenos diciéndoles: “Te mienten cuando te dicen que este es el único mundo posible”.

Sin duda, son tiempos de profunda insatisfacción los que recorren no solo nuestro territorio sino a gran parte de los países del planeta. 

La realidad lleva a tener que enfrentarse al dilema inevitable: ¿Nos encontramos frente a simples desajustes sociales o estamos inmersos en una crisis tremendamente más profunda?

Si pensáramos que nuestra vida en sociedad sufre desajustes derivados de su propia evolución y de las consecuencias que la afectan a raíz de las marejadas del desarrollo planetario, la respuesta simple estaría en atacar mediante políticas específicas las áreas con mayores deficiencias construyendo más viviendas, más escuelas y hospitales, creando más puestos de trabajo, reajustando salarios y pensiones, mejorando el transporte público, etc. Al revisar los programas (o borradores de programas) de quienes aspiran hoy a la Presidencia de la República, nos encontramos con una canasta de ofertas puntuales (bastante demagógicas, por lo demás) para abordar el aquí y el ahora pero que no tocan el fondo mismo de las cosas.

En la década de los 60, el sociólogo jesuita Roger Veckemans, introdujo en el lenguaje político – social de la época, el término “marginalidad” para identificar en él a quienes sufrían hasta entonces la exclusión social. La palabra es mucho más gráfica que los innumerables vocablos que se refieren al quintil, al decil, a los sectores vulnerables, e incluso a “la pobreza”, porque nos muestra a una persona o a un grupo social a la que de hecho se le niega el derecho de integrarse a una comunidad. En la marginalidad, hay claramente una voluntad de apartheid  ya que se muestra una actitud de desprecio, una expresión tácita de la voluntad de que “no te mezcles con nosotros”.  De esta manera, la actividad política, económica, religiosa, educacional, comunicacional y, más notoriamente, habitacional, pasan a constituirse en cotos cerrados de grupos privilegiados y excluyentes que conciben al otro no como un igual sino como un “objeto” beneficiario de su caridad y de su buen corazón.

Por tal razón, la construcción de una sociedad realmente democrática, por cuyas venas circule la sangre del respeto a la dignidad del ser humano y a la solidaridad, requiere un profundo cambio cultural.

Es casi imposible que en un territorio como el nuestro, en el cual es fácil identificar “zonas de sacrificio” y “zonas de privilegio”, pueda lograrse una verdadera integración. Constituimos una sociedad tremendamente fracturada y la sola voluntad de dar soluciones parciales en determinadas áreas deficitarias del quehacer ciudadano no es suficiente para que logremos conformar una comunidad.

El año que comenzó el 4 de julio constituye una oportunidad única para iniciar un nuevo ciclo vital. Si los privilegiados históricos pretenden atrincherarse a cualquier costo para salvaguardar un orden de cosas moralmente inaceptable, quiere decir que nada han aprendido en este tiempo. Si otros pretenden asumir la vocería y representación ciudadana buscando transformarse ellos en la nueva clase dominante, habremos cambiado el rostro de la crisis pero no su naturaleza.

¿Seremos capaces de aprender a escucharnos? ¿Seremos capaces de dialogar con el simple ánimo de ser receptivos? 

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