«La paz es hija de la convivencia, de la educación, del diálogo. El respeto a las culturas milenarias es hacer nacer la paz en el presente». Rigoberta Menchú, activista por los derechos indígenas.

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La Innovación como naturaleza humana

Jorge Maluenda Albornoz

Psicólogo y Máster en Política y Gobierno UdeC


En diversos planteamientos en torno a la innovación se le aprecia circunscrita a un anclaje profundamente economicista. Esto es, su reducción a una posible introducción de un nuevo bien, método de producción o comercialización, nicho de mercado, forma de aprovechar materias primas y/o la creación de conglomerados económicos, muy al estilo de lo que planteó Joseph Schumpeter hace ya 110 años.

Sin embargo, la innovación es una capacidad relacionada con nuestra capacidad natural como seres humanos y sociedad, para enfrentarnos a problemas, aprender y encontrar mejores soluciones que, históricamente, ha constituido una vía para el desarrollo del bienestar humano a partir de diversos abordajes como la estética, el ocio, la ciencia, la tecnología y un largo etc.

Su naturaleza, se expresa en la resolución de problemas y el abordaje de las necesidades en el sentido más amplio que se pueda imaginar, los que operan como estímulos e inspiración al desafiar el intelecto y los motivos humanos. Su aporte diferencial, radica en la agregación de valor, el que no se restringe al valor económico, sino que empuja nuevas soluciones, aproximaciones y posibilidades.

Una dimensión ética de la Innovación agregaría su orientación natural para la contribución al desarrollo del bienestar colectivo, con propuestas sostenibles que contemplen sus efectos en las actuales y futuras generaciones.

Esta mirada colisiona con la más prevalente en la actualidad que promueve la búsqueda de negocios potenciales y el desarrollo económico a costa, en muchas ocasiones, del bienestar general. Incluso, esta mirada puede coartar y ahogar su despliegue natural, producto del establecimiento de una estructura de incentivos excesivamente orientada en esta dirección pragmático-economicista.

Es clave que extendamos nuestra actual comprensión y acción para que trasgreda este enfoque que transforma la innovación en algo meramente funcional y supeditado a la esfera económica. Un camino en esta dirección permitiría una senda de políticas públicas, organización social y articulación de actores que valore y enaltezca la actividad de rubros que hoy cuentan con menor valoración como por ejemplo el ocio, el arte, la espiritualidad no religiosa, la artesanía y las actividades sociales sin fines de lucro.

No solo es importante un espacio de valoración social en esta dirección sino que también una estrategia que impulse la mirada más amplia e inclusiva de la Innovación en el quehacer del ser humano y las sociedades que construye.

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