«La paz es hija de la convivencia, de la educación, del diálogo. El respeto a las culturas milenarias es hacer nacer la paz en el presente». Rigoberta Menchú, activista por los derechos indígenas.

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Un Chile complicado

Con frecuencia se escuchan críticas en cuanto a los múltiples cuestionamientos que recibe tanto el Gobierno como las políticas públicas que se han estado aplicando especialmente durante el ya fatigante período de pandemia. No se trata de personas que estén atadas política e ideológicamente a las fuerzas dominantes sino de gente común y corriente que cree, de buena fe, que hay una permanente actitud negativa en el juzgamiento de la gestión gubernativa.

Cuesta mucho lograr que estos ciudadanos entiendan que no se trata “de criticar por criticar” y se den cuenta de que se han cometido muchos y reiterados errores que han tenido graves consecuencias para la comunidad nacional. Nadie puede desconocer que la operación tendiente a la adquisición de vacunas ha sido más que satisfactoria ya que se ha logrado proveer a todos los establecimientos de un stock suficiente. Sin embargo, la estratificación etaria de la “población objetivo” aplicada rígidamente, no ha sido la adecuada, lo que queda demostrado por el alto número de individuos que permanece aún fuera del proceso.

Ya nadie hoy discute que la errática política oficial en materia de restricciones de movilidad y distanciamiento social ha sido la causa preeminente de que no se haya logrado ni siquiera una estabilización en la cifra de contagios y decesos.

La declaración del “estado de excepción constitucional de catástrofe” puede ser una medida atinada siempre que vaya acompañada de medidas complementarias que sirvan para fijar en la conciencia de la población la consideración de que estamos en un cuadro de especial gravedad. Pero si el mensaje que se entrega es constantemente relativizado a través de conductas equívocas de la propia autoridad (paseos sin mascarilla, visitas a las vinotecas…) o de mensajes insuflados de un optimismo infundado (“normalidad”, “luz al final del túnel”), lo que las personas perciben es que la situación no es tan preocupante.

En nuestra opinión, la responsabilidad sobre lo que está sucediendo no recae ni en el Ministro de Salud ni en su equipo, sino en los “poderes fácticos” que, tras bambalinas, presionan para que la actividad económica y los negocios puedan seguir funcionando. La población, en general, no logra entender este permanente cambio en las reglas de juego en que nadie logra saber cuál será la normativa que se aplicará en el día de mañana lo que lleva, como reacción natural, a un irrespeto de las restricciones oficiales y a la incapacidad práctica de los funcionarios tanto de salud como policiales y uniformados, para efectuar un efectivo control.

Los errores en el manejo pandémico cuestan más casos de infección, mayor copamiento de camas y establecimientos de salud, y, lo peor de todo, más víctimas fatales.

La irresponsable puesta en marcha del “pase de movilidad”, que llevó a decenas de miles de personas de la capital (especialmente de las “comunas del privilegio”) a vacacionar a la costa o a volcarse a centros comerciales y lugares de esparcimiento, concluyó en una nueva implantación de un régimen de cuarentena total en la Región Metropolitana, área en que habita más del 40% de los habitantes del país y que recibe la visita a diario cientos  de miles de personas que luego retornan a sus residencias con las consecuencias del caso. 

En este clima preocupante, y que provoca un angustiante hastío a lo largo y ancho del país, dos noticias han sorprendido a la opinión pública.

La primera: Una senadora de la República, hasta hace poco líder de una de las colectividades en que se sustenta el Gobierno, sorpresivamente abandona el país para dirigirse a Arabia Saudita haciendo uso de una invitación, con todos los gastos pagados, que tenía pendiente. Lo que todos se preguntan: En el vasto mar de problemas políticos, económicos, legislativos ¿Qué ejemplo, qué mensaje, le está entregando a Chile esta parlamentaria?

La segunda: El propio Presidente de la República anuncia que viajará, en los próximos días, a cuatro países de Europa (España, Francia, Reino Unido y Vaticano) acompañado por su canciller Andrés Allamand. Oficialmente se informa que las materias a tratar son la modernización del acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea (materia en la que no tienen nada que ver ni el Reino Unido ni Vaticano) y temas como el cambio climático, la protección de océanos y bosques, las energías limpias y la recuperación económica pos pandemia. Como se nota, ninguno de estos asuntos tiene extrema urgencia y era evidente que se trataba de una operación comunicacional destinada a levantar su alicaída imagen. Abrumado por una avalancha de comentarios provenientes hasta de su propio sector, al día siguiente el vocero de palacio comunica que el tour se ha suspendido en razón del agravamiento de la pandemia, explicación infantil ya que la crisis sanitaria se ha estado incrementando a lo menos desde hace un mes.

Criticar la gestión presidencial, no es un juego. Es una exigencia imperativa ante la constante actitud de privilegiar el mundo de los negocios por sobre la dramática realidad de la vida y salud de las personas.

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2 Comentarios en Un Chile complicado

  1. En resumidas cuentas, este Presidente sí que hace rato que “no da el ancho”. ¿Qué dirá el ahora el ministro Allamand sobre esta indesmentible calificación?

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