«La ética, la moral, las personas, la solidaridad, la justicia social y el medio ambiente, y una economía a escala humana, deben estar en primer lugar de los programas de quienes pretenden gobernarnos»

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Editorial. Migrantes, emigrantes, inmigrantes…

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

La historia de las migraciones es tan vieja como la misma humanidad. Todas las investigaciones han coincidido en precisar el desplazamiento de tribus y clanes primitivos de un lugar a otro buscando las mejores condiciones de vida que podían encontrar en la cercanía de valles y ríos con climas más favorables para su habitabilidad y subsistencia. Así lo demuestran, por ejemplo, los propios relatos bíblicos y también las amenazantes invasiones de los denominados “pueblos bárbaros” sobre el todopoderoso y sólido Imperio Romano. Asia, África, América experimentaron, asimismo, este proceso a través de los siglos.

En esta época, en que pomposamente se habla de la globalización y se destaca como aspecto clave de la modernización la libre circulación a través del planeta del dinero y de toda clase de bienes y mercancías, se pretende al mismo tiempo aherrojar el libre tránsito de los seres humanos.

Cuando las noticias diarias nos muestran los desplazamientos forzosos de miles de personas desde África hacia Europa, desde Siria a países vecinos, desde el mundo árabe hacia Europa, desde Corea del Norte hacia Correa del Sur, de Centro América, el Caribe y Venezuela hacia Norte y Sud América, es muy fácil colegir que nos encontramos ante un problema planetario. Ni las “cortinas de hierro” de los “socialismos reales” ni los muros de Donald Trump, han sido ni serán capaces de frenar el desplazamiento forzoso de masivas muchedumbres.

¿Por qué razones los seres humanos están dispuestos a jugar con sus vidas y las de sus hijos, a cruzar selvas e inmensos territorios, a abandonar a sus familias de origen, a poner todo en riesgo, que no sean las de soñar con un pequeño lugar en el que puedan radicarse, encontrar la paz y subsistir?

Las grandes migraciones contemporáneas se originan por causas étnicas, religiosas, políticas y económicas. El cisma de la vieja Yugoslavia develó cómo, bajo las apariencias de una vida civilizada, se ocultaba un mundo de odiosidad que reventó con la masacre de millones de seres humanos en una de las guerras fratricidas más sangrientas de nuestro tiempo. En las Irlandas se enfrentaron cruelmente, hace pocas décadas, católicos y protestantes motivados por un incomprensible fanatismo pese a que unos y otros se reconocían como adoradores del mismo Dios. El África colonizada y explotada por los grandes imperios de Occidente, procura hoy sobrevivir en medio del hambre y la sequía, mirando siempre hacia un mundo de riqueza y consumismo en el cual creen tener derecho a habitar.

El progreso material no nos encamina hacia solución alguna. Al tiempo que los ingresos de los países desarrollados crecen año tras año, que la cifra de los milmillonarios en dólares se multiplica, que millones de toneladas de alimentos son botadas a la basura cada día, una parte importante de la población mundial carece de agua, alimentos y condiciones elementales de vida. En otros países, las dictaduras, cegadas por ideologismos trasnochados, persiguen a los disidentes, mantienen a sus pueblos en condiciones deplorables y observan impávidas cómo millones de sus habitantes se marchan tras destinos inciertos simplemente porque ya no soportan regímenes de oprobio vergonzante.

Quienes hace algún tiempo preanunciaban un “mundo feliz”, con el triunfo definitivo del capitalismo y de la democracia, se ven obligados ahora a reconocer su error. El sistema económico dominante, exitoso en cuanto a crear y producir bienes, ha fracasado en su distribución y reparto. La democracia liberal, considerada como el terreno fértil para hacer florecer los derechos y la dignidad de las personas, tambalea amenazada por la corrupción, el predomino del dinero y los populismos. La desigualdad, el abuso y la pobreza, alimentados por un neoliberalismo rampante, están creando las condiciones para una airada reacción que se traduce naturalmente en la desesperada emigración de los pueblos.

Solo una reflexión crítica colectiva internacional nos permitirá enmendar el camino y nos llevará construir comunidades más humanas.    

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1 Comentario en Editorial. Migrantes, emigrantes, inmigrantes…

  1. Muy claro. Nada nuevo bajo el sol. Migraron los selk’nam y otras etnias desde Norteamérica hasta la Patagonia donde hallaron buenas tierras para vivir, y luego llegaron otros migrantes entre los que se camuflaban asesinos y casi los exterminaron. Debemos ser tolerantes con nuestros semejantes.

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