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Editorial: ¿Qué país estamos construyendo?

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Resulta extraño pero con frecuencia es posible constatar que es en los espectáculos humorísticos donde se encuentra una reflexión liviana pero acertada y relativamente sociológica de la realidad nacional.

Los chilenos de hoy formamos parte de un país agresivo, vociferante, desconfiado, caracterizado por un afán patológico de consumir, de aparentar, de demostrar a los demás que somos lo que no somos y que, por lo tanto, estamos dispuesto a endeudarnos crecientemente. La austeridad y la sobriedad de vida son consideradas como conductas chocantes e impropias de ciudadanos modernos.

En ese marco, podemos destacar dos aspectos que pueden ser considerados como relevantes: la incapacidad de detectar cuáles son los temas esenciales que deben ser abordados por la sociedad y la incapacidad de asumir que cada uno de nosotros es responsable de lo que pasa.

Los medios de comunicación en general, pero particularmente la televisión y la gran prensa escrita, no pueden continuar impávidos frente a lo que está sucediendo. Un solo caso basta como ejemplo. En los últimos días fue conocida la gigantesca colusión de tres grandes cadenas supermercadistas: LIDER, CENCOSUD (Jumbo y Santa Isabel) y UNIMARC, para manipular el precio al público de la carne fresca de pollo, acción que habría sido coordinada desde las propias empresas productoras. Tras la información entregada por la Fiscalía Económica, el problema desapareció de páginas y pantallas y, curiosamente, al mismo tiempo que se publican a diario decenas de cartas sobre la situación de Venezuela, en el mismo período ningún chileno ha alzado su voz en relación a este grave delito contra la “sagrada libre competencia”. Cuando el periodismo pierde la brújula y antepone su compromiso con la publicidad de sus avisadores por sobre el interés público es claro que se están violando principios éticos básicos de la profesión. Es, entonces, fácil concluir que los “amos del poder” (económico, político, comunicacional…) son los que transforman en importantes ciertos problemas al mismo tiempo que ocultan bajo la mascarada farandulera los hechos que debieran preocupar a la gente común.

Asimismo, es necesario destacar un hecho que ha pasado a ser parte de la “cultura (¿o incultura?) nacional”: la responsabilidad de todos los problemas que enfrenta el país es siempre de los demás. Lo cómodo es, en consecuencia, sentarse a reclamar esperando que “otros” encuentren soluciones y respuestas pues cada uno de nosotros no tiene tiempo para organizarse y participar o tiene temas tremendamente más importantes de los cuales ocuparse. Así, todo se espera de ese ente abstracto que es el Estado y que, en último término, somos nosotros mismos.

Quienquiera desee preocuparse por la situación que se vive, podría realizar un largo inventario de problemas que se arrastran y perpetúan por décadas. Los recursos, siempre limitados frente a las necesidades, son dilapidados a menudo no solo por la vía de la corrupción sino por la inveterada costumbre de no hacer las cosas bien “a la primera”. Obras públicas mal diseñadas, trabajos abandonados por meses y meses por parte de malas empresas, parlamentarios que ni siquiera leen lo que aprueban, un poder ejecutivo más preocupado de las encuestas que del abordaje real de los requerimientos de la gente, son algunos de los elementos que contribuyen a formar este paisaje.

Es obvio que enfrentamos una realidad oscura. Pero, también es obvio que es responsabilidad de cada uno contribuir al logro de respuestas efectivas.

Si efectivamente queremos cambiar este país construyendo no solo una sociedad más eficiente sino una sociedad más humana con todo lo que ello significa, resulta ineludible cambiar el marco valórico en el cual nos desenvolvemos. Es difícil, por supuesto, superar el individualismo y el egoísmo. Se hace difícil entender que el afán permanente de ganar dinero sea la razón última de nuestras vidas. Es imposible edificar una sociedad más solidaria si a través de la educación que estamos entregando en colegios y universidades no contribuimos a formar sujetos conscientes del respeto a las personas y a la diversidad, conscientes del trabajo mancomunado, convencidos de que nuestra mayor obligación radica en ser capaces de transformar un territorio habitado por unos cuantos millones de personas, en una verdadera comunidad.

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3 Comentarios en Editorial: ¿Qué país estamos construyendo?

  1. Este es un gran aporte, un tema, sobre el cual debemos tomar conciencia y exigir transparencia y un actuar con ética y valores.

  2. Muy de acuerdo con Hugo.
    Sólo agregar la urgente necesidad que la ciudadanía se organice y haga respetar sus derechos, cumpliendo con el deber de participar activamente, eso sí,.
    Expulsar a los ladrones del poder ahora ya!!!
    Que no quede uno de los que metieron las manos y se coludieron con los empresarios.

  3. Desde que dejamos que los políticos saquen de su vocabulario el concepto ético y valórico, cuando se refieren a lo económico, se pierde la brújula y caemos en lo que hoy vivimos. Así entonces se habla de temas económicos, sociales, judiciales, «valoricos», como si esos no tuvieran relacion con los valores humanos.

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