«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

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El control mental como arma estratégica. Cómo destruir a tus enemigos desde dentro [*]

Ugo Bardi

Desde Florencia, Italia

El «hongo zombi» Cordyceps mata a una hormiga después de haber tomado el control de su sistema neural. ¿Podría ocurrir algo así en las sociedades humanas? Es decir, ¿es posible destruir un país tomando el control de su líder? Esta idea tiene implicaciones obvias para la actual guerra en Ucrania.

Todos sabemos que la historia nunca se repite exactamente, pero rima. Una de estas rimas tiene que ver con líderes que hacen un enorme daño a los países que lideran. Permítanme mostrarles algunos ejemplos de los últimos dos siglos, luego discutiremos las implicaciones para la situación actual.

1. 1859 – Luis Napoleón y la Campaña de Italia. En 1852, Luis Napoleón (1808-1873) se convirtió en el nuevo emperador de Francia. Su primera gran campaña militar fue la guerra de Crimea: fue una victoria, pero también un gran error, garrafal [1]. Francia no tenía motivos para ayudar a Gran Bretaña a sofocar a los rusos, pero ese fue el resultado práctico de la guerra. En 1859, Luis Napoleón cometió un error mucho peor al unirse a Piamonte [2] en una guerra contra Austria. La campaña fue exitosa pero costosa, y condujo a la creación de un nuevo estado, Italia, que bloquearía para siempre los intentos franceses de expandirse en el mar Mediterráneo, a lo largo de la costa africana. Además, en 1870, Italia dio un giro radical y se unió a Prusia en una guerra contra Francia. Los franceses fueron gravemente derrotados y Francia dejó para siempre de ser una gran potencia mundial. Luis Napoleón terminó su vida en el exilio en Inglaterra.

2. 1935 – Benito Mussolini y el Imperio Italiano. En la década de 1930, Italia era una potencia regional en crecimiento con buenas posibilidades de convertirse en un jugador importante en la región del Mediterráneo, posiblemente incluso reemplazando el dominio del Imperio Británico. Sin embargo, en 1935, el gobierno de Mussolini cometió un increíble error estratégico [3] al involucrar al país en una gran campaña en el este de África para conquistar Etiopía. La campaña fue un éxito, pero Italia le había hecho un gran favor a Gran Bretaña al tener que mantener una fracción constante de sus fuerzas militares en una región donde no podían reabastecerse desde la madre patria. Luego, les dio a los británicos una excusa para arruinar la economía italiana al imponer sanciones y prohibir las exportaciones de carbón a Italia. El resultado final fue que Italia llegó al comienzo de la Segunda Guerra Mundial débil y sin preparación. Los británicos destruyeron fácilmente el contingente italiano en Etiopía y, a partir de entonces, Mussolini no podría haberlo hecho mejor si su propósito fuera llevar a Italia a una derrota humillante, por ejemplo, atacando a Grecia en 1940 sin fuerzas suficientes. Italia fue derrotada y Mussolini terminó su carrera colgado cabeza abajo en 1945.

3. 1941, Adolf Hitler y la Operación Barbarroja. En 1940, Alemania estaba en la cima de su poderío militar. Sólo Gran Bretaña había resistido con éxito los ataques alemanes, pero era evidente que, si Alemania dirigía todo el poder industrial y militar de Europa contra los británicos, solo un milagro podría haber salvado a Gran Bretaña de ser invadida y derrotada. Sorprendentemente, tal milagro ocurrió en 1941. Los alemanes abandonaron casi por completo su campaña aérea contra Gran Bretaña y atacaron a la Unión Soviética, dejando a Gran Bretaña capaz de recuperarse y reagruparse. La decisión alemana realmente no tenía sentido si consideramos que los alemanes estaban arriesgando todo para obtener algo que ya tenían: los recursos petroleros y alimentarios de la Unión Soviética que fueron abundantemente abastecidos bajo los términos del pacto Molotov-Ribbentrop de 1939.

4. 1978 – Leonid Brezhnev y la campaña afgana. En la década de 1970, la Unión Soviética seguía siendo una potencia importante en Eurasia, aunque su crecimiento se había ralentizado. Leonid Brezhnev (1906 – 1982) se convirtió en secretario del Partido Comunista en 1964 y, en 1978, ordenó una intervención militar en Afganistán para mantener el país dentro de la esfera de influencia soviética. La guerra se prolongó durante 10 años y fue uno de los factores (aunque no el único) que llevó al colapso y disolución de la Unión Soviética.

5. 1990 – Saddam Hussein y la invasión de Kuwait.  En 1990, Irak era una potencia creciente en la región de Oriente Medio, debido a su abundante producción de petróleo. En 1980, el presidente de Irak, Saddam Hussein, se involucró en una apuesta peligrosa al atacar a Irán. Después de 8 años de duro conflicto, la guerra terminó básicamente en empate, aunque los iraquíes se adjudicaron la victoria. A fines de la década de 1980, Irak entró en una disputa en la que acusó a Kuwait de utilizar tecnologías de perforación horizontal para robar petróleo de los campos iraquíes. La disputa escaló hasta que, en 1990, Irak invadió Kuwait, conquistándolo por completo en pocos días. La reacción de las potencias occidentales fue la «Operación Tormenta del Desierto». En 1991, las fuerzas iraquíes en retirada fueron incineradas por una campaña de bombardeos, mientras que Estados Unidos siguió bombardeando Irak hasta 2003, cuando invadió todo el país. Saddam Hussein fue luego ahorcado por los propios iraquíes.  

Entonces, resumamos. Tenemos cinco casos donde vemos esta secuencia de eventos (hay más ejemplos, pero no tan evidentes [**]):

  1. Una potencia regional, dirigida por un líder fuerte, comienza a mostrar ambiciones de convertirse en un jugador importante en el juego de dominación global.
  2. El líder involucra al país en un ataque contra un país vecino.
  3. El ataque parecía pan comido, pero se convierte en un atolladero. Puede tener éxito o no, pero debilita considerablemente al atacante.
  4. Las grandes potencias intervienen. El poder regional es derrotado y destruido, y su líder caído en desgracia es ejecutado o destituido de otras formas.

Es impresionante cómo, en este patrón, la historia no solo rima. Realmente se repite, como si los líderes involucrados fueran actores siguiendo un guión. ¿Cómo puede ser?; puedo ofrecer dos explicaciones:

1- El patrón es el resultado ineludible de la personalidad de los líderes fuertes. Son, por lo general, psicópatas criminales sin restricciones morales que tienden a ser imprudentes en todo lo que hacen. Además, tienden a estar rodeados de aduladores y aduladoras. En este punto, su cerebro pierde contacto con la realidad y, eventualmente, cometerá un gran error que los llevará a su perdición (y, con ellos, a un gran número de personas inocentes).

2- Existe un procedimiento estándar que se puede utilizar para tomar el control de las mentes de los líderes. Teniendo en cuenta cómo la propaganda estándar puede tomar el control de las mentes de la gente común, no debería sorprender que se pueda jugar con el mismo truco con los líderes. En realidad, las mentes de los líderes podrían ser mucho más fáciles de influir e influenciar, ya que los líderes tienden a vivir en burbujas aisladas donde la información que reciben es cuidadosamente filtrada por su personal. Tome el control de algunos miembros influyentes del personal del líder (por ejemplo, corrompiéndolos) y el trabajo estará hecho. Llamamos a este método «operación psicológica» o «psyop«.

Personalmente, tiendo a favorecer la primera hipótesis. Cuando un solo líder domina un grupo, tienden a aparecer factores dinámicos internos que llevan a los miembros del grupo a tratar de llamar la atención del jefe proponiendo planes demasiado optimistas. Los que recomiendan cautela corren el riesgo de ser silenciados o ignorados y, en todo caso, los optimistas arriesgan mucho menos que el propio jefe.

Vemos muy bien este mecanismo de pensamiento grupal en las actas de las reuniones del alto mando italiano cuando se decidió el ataque a Grecia, en 1941. En ese momento, Mussolini ya se había ido del otro lado de la crítica y ya no estaba en contacto con el mundo real. Entonces, fue fácilmente influenciado por su estado mayor militar. Uno de los defensores más vocales del ataque fue el general Sebastiano Visconti Prasca (1883-1961), quien repetidamente restó importancia a los riesgos militares del ataque y logró ser nombrado comandante en jefe de la operación. La única pena que sufrió fue ser relevado de su mando tras fracasar los primeros ataques, luego vivió para contarlo y murió en su cama.

Otro caso similar fue el de la decisión de Leonid Brezhnev de invadir Afganistán. Se dice que la salud de Brezhnev se había ido deteriorando y que, aunque no era muy viejo (tenía 70 años en 1976), ya no era capaz de tomar decisiones racionales. Eso puede haber generado un caso de pensamiento grupal, donde la decisión puede haber sido el resultado de la acción de un miembro del Politburó, el ministro de Defensa de línea dura, Dmitry Ustinov [5].

Pero hay casos en los que tenemos evidencia de la intervención activa de una potencia extranjera para influir en un líder del país. El caso clásico es el de Luis Napoleón en Francia: el primer caso documentado de tal intervención. El gobierno piamontés había enviado a Francia a la condesa de Castiglione [6], Virginia Oldoini, con la tarea específica de seducir a Luis Napoleón y convencerlo de ayudar a Piamonte a luchar contra Austria. No podemos decir cuán importante fue la acción de la condesa, pero tampoco podemos descartar que haya cambiado el curso de la historia. No sería la primera vez: la estrategia de la «trampa de miel» es muy antigua. ¿Recuerdan la historia bíblica de Judit y Holofernes? Es así de vieja.

Quizás el caso más fascinante de influir en la mente de un líder extranjero usando la trampa de la miel es el de Adolf Hitler, quien tiró por la borda una victoria casi segura por una apuesta incierta. Puede estar relacionado con la historia de Unity Mitford (1914-1948) [7], una mujer británica que viajó a Alemania en 1934 con el objetivo de seducir a Hitler. Probablemente era una agente británica, pero tuvo éxito, probablemente la única persona no alemana que se convirtió en amiga íntima de Hitler. Ella pudo haber influido en Hitler con el concepto de que los británicos eran, después de todo, «arios», al igual que los alemanes. Por lo tanto, el Führer puede haber estado inseguro acerca de la idea de desatar todo el poderío militar alemán sobre ellos, prefiriendo en cambio volver a Alemania contra aquellas personas que consideraba una raza inferior: los eslavos. Untermenschen.  Se informa que Mitford se pegó un tiro en la cabeza en 1939. Sobrevivió, pero quedó lisiada y tuvo que abandonar Alemania para no volver jamás. Eso fue dos años antes de la fatal decisión de Hitler, pero su influencia sobre él puede haber persistido hasta ese momento.

Finalmente, en el caso de Saddam Hussein, no tenemos evidencia de que se haya usado una trampa de miel, pero bien podría ser que él fuera el objetivo de otra operación psicológica de un solo hombre. Estados Unidos había ayudado a Irak en la guerra contra Irán y Hussein se veía a sí mismo como un aliado de Estados Unidos. Entonces, es posible que le hayan hecho creer que Estados Unidos continuaría apoyándolo contra Kuwait. Puede haber sido engañado deliberadamente por la embajadora estadounidense en Irak, April Glaspie.

Bien puede ser que ambas explicaciones sean válidas en varios grados en diferentes casos. Algunas formas de presión psicológica, psyops, funcionan tan bien porque los grandes líderes son especialmente sensibles a las emociones humanas simples, que incluyen acariciar su ego demasiado inflado o mostrar su hombría. En cualquier caso, una cosa es cierta: entregar todo el poder a un solo hombre es el mayor error que puede cometer un país.

Por supuesto, estas consideraciones nos dicen mucho sobre la situación mundial actual. Hay dos casos en curso que parecen rimar mucho con los discutidos hasta ahora: Taiwán y Ucrania. Sobre Taiwán, la reciente visita a la isla de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, puede haber sido una artimaña no tan sutil para empujar a los chinos a atacar. Pero los chinos no mordieron el anzuelo, al menos hasta ahora.

Sobre Ucrania, tenemos todos los elementos del patrón clásico de un líder fuerte que involucra a una potencia regional en la invasión de un país vecino. Inicialmente, parecía un juego de niños, pero resultó ser un atolladero. La guerra en Ucrania aún está en curso, y no podemos saber si fue el resultado de un error de cálculo generado por el pensamiento grupal en el gobierno ruso, o si se origina en una operación psicológica de un solo hombre dirigida al líder ruso, Vladimir Putin. O tal vez ambos factores, o tal vez algo más. Tomará tiempo antes de que podamos evaluar este estallido de locura, pero la historia nunca tiene prisa. En cualquier caso, el daño hecho ya es enorme, y solo podemos esperar que la historia no rime de la misma manera que en casos anteriores. De lo contrario, nos enfrentamos a un futuro terriblemente oscuro.

[**] Otros casos. Hay varios casos de líderes que se comportan de manera imprudente o estúpida, aunque siguiendo patrones algo diferentes. Uno es el de la influencia de la princesa heredera de Noruega [8], Marta, sobre el presidente Roosevelt durante la Segunda Guerra Mundial, que pudo haber influido en la política estadounidense (h/t Ollie Hollertz). Entonces, el ataque japonés a Pearl Harbor en 1941 fue seguramente una temeridad, pero también es cierto que tuvo cierto sentido en términos estratégicos ya que permitió a la armada japonesa moverse libremente en el sudeste asiático durante un tiempo. EE. UU., a su vez, puede haber caído en trampas con Vietnam y Afganistán, pero en ninguno de los casos, el atolladero resultante provocó el colapso de los atacantes. Luego, Mikhail Gorbachev, el líder soviético, entregó la Unión Soviética a las potencias occidentales en 1991 a cambio de promesas vacías. Considere el caso de Slobodan Milosevich, el presidente de Serbia, quien, en 1998, fue lo suficientemente tonto como para pensar que Serbia podía enfrentarse sola a las fuerzas combinadas de las potencias occidentales. No pudo.

Nota añadida después de la publicación. Un día después de publicar este post, Business Insider publicó un artículo proponiendo una tesis muy similar a la mía. https://www.businessinsider.com/putin-making-strategic-errors-because-no-one-challenges-gchq-2022-10 — tal vez en los servicios secretos del Reino Unido, ¡leen mi blog!

Fuente: [*] 10.10.2022, desde el blog de Ugo Bardi «The Seneca Effect», (“El Efecto Séneca”), autorizado por el autor.

Referencias:

[1]https://cassandralegacy.blogspot.com/2017/04/crimea-from-world-war-0-to-world-war-iii.html

[2]https://chimeramyth.blogspot.com/2020/04/the-great-game-why-italy-was-created-in.html

[3] https://www.senecaeffect.com/2022/09/who-controls-those-who-control-us-why.html

[4] https://cassandralegacy.blogspot.com/2020/11/the-mind-of-evil-ruler-what-goes-on.html

[5] https://en.wikipedia.org/wiki/Dmitry_Ustinov

[6]https://cassandralegacy.blogspot.com/2016/02/coal-wars-and-beautiful-women-why-in.html

[7] https://en.wikipedia.org/wiki/Unity_Mitford

[8]https://www.pbs.org/wgbh/masterpiece/specialfeatures/franklin-roosevelt-and-crown-princess-martha-a-friendship-forged-in-war/

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