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“El Fortín de la Memoria” (Parte II)

En homenaje al Gato Gamboa.

“Una estudiante de periodismo procesada a los 18 años”
Mariel Sagredo. Periodista.

Estando en tercer año de periodismo en la Universidad de Chile, me di cuenta que había que hacer algo más que estudiar, por lo tanto me ofrecí voluntariamente para trabajar durante los fines de semana, era como tomar partido en lo que ocurría en el país, era un deber que asumí con mucha responsabilidad. Eran momentos históricos y sentí el deber de estar en ese medio, fueron momentos maravillosos de mi vida.

Caso Degollados.

Recuerdo que al momento de saberse la noticia que la dictadura había degollado a tres profesionales, Natino, Guerrero y Parada que era un sociólogo que trabajaba en la Vicaria de la Solidaridad, se produjo un quiebre en la sociedad, era el año 85 y yo tenía 17 años, eran momentos de rabia y dolor, al día siguiente fui a tocar las puertas del diario y acordamos inmediatamente que partía el fin de semana; durante un año nunca percibí un solo peso, pero sentía que era lo que había que hacer, para ninguno de nosotros el tema económico era importante, parece una utopía, pero así fue con muchos de nosotros. Ya estando en cuarto año comencé a trabajar un par de días durante la semana, mis padres corrían con mis gastos. Había un amor y una convicción al momento de trabajar en esos días que ninguno de nosotros puede olvidar; esos eran nuestros valores y principios. Todo esto pese a que éramos sometidos a seguimientos, amenazas, éramos fotografiados por civiles, una camioneta estacionada frente al diario que registraba nuestros pasos, nos seguían continuamente; por cierto que había miedo, pero seguimos adelante. El trabajo desarrollado era lo fundamental, ocupaba todo nuestro tiempo y nuestras energías. Fueron periodos que nos marcaron a cada uno de nosotros, es por ello que después de tanto tiempo estamos acá, reivindicando nuestra amistad, solidaridad y admiración, llevamos una gran marca positiva en nuestras vidas.

Un encuentro esperado, emocionante, estuve la semana pensando en este encuentro con aquellas lindas personas que conocí en aquellos años de mi vida, yo sigo comprometida trabajando en diversos temas, eso lo aprendí en el diario, siguiendo el ejemplo de muchos. Debo mencionar que además fui una de las periodistas más jóvenes que fui procesada en esos años, la justicia militar me proceso por unos artículos que escribí, salió un titular que relacionaba a Pinochet con la muerte de 119 personas. Nunca supe que pasó con el tema, fui dos largos y tediosos días a declarar en medio de militares. Con mis 20 años estaba muerta de susto.

“El Fortín de esos años…una mirada”
Manuel Francisco Daniel. Periodista.

Cuando mi amigo Nelson Muñoz me pidió un texto sobre mi experiencia y aportes del Fortín en la lucha que terminó con la dictadura de Pinochet, fueron tantas las imágenes que aparecieron de pronto en mi memoria, que la elección de sólo algunas fue como volver a editar las páginas de crónica del periódico.

Debo decir que Fortín Mapocho fue una escuela para muchos periodistas -entre los que me incluyo- quienes, guiados por el mítico Alberto ‘Gato’ Gamboa nunca dieron tregua al dictador.

Los pocos medios de comunicación que enfrentábamos la censura, las amenazas, las agresiones y la represión de la dictadura, no sólo cubríamos informaciones de la oposición y lucha contra ese gobierno, sino también debíamos reportear lo que ocurría al interior del régimen, lo que era doblemente difícil ya que no había acceso a las fuentes oficiales.

Para cubrir actividades habituales de La Moneda, por ejemplo, los periodistas del Fortín debían reportear desde la puerta del palacio a los profesionales de otros medios que sí tenían acceso a la sede de gobierno.
Uno de los hechos que marcó a muchos de nosotros, fue lo ocurrido el 8 de septiembre de 1984. Ese día, la Jefatura de Zona de Emergencia de Santiago y San Antonio emitió un bando en que prohibió a las revistas Análisis, Hoy, Apsi, Cauce y al periódico Fortín Mapocho publicar imágenes de cualquier naturaleza, restringir sus contenidos a textos exclusivamente escritos y, no sólo eso, sólo podrían informar acerca de las protestas en páginas interiores.

Después del shock inicial, todos comenzamos a pensar cómo burlaríamos este brutal golpe de la dictadura. Y decidimos publicar el espacio de cada fotografía (incluida la portada), en blanco y con el recuadro correspondiente. Pero el pie de foto se convirtió en lo más importante. Y ahí se desató la creatividad. “En la foto, se ve al General XX, Jefe de Zona Metropolitana, saludando a la Sra. Lucía, en la ceremonia XY”, imagen que no podemos publicar por prohibirlo el bando número tanto. Y así se llenaban los espacios de las fotos. La medida del gobierno también afectó a la querida Margarita.

Debo decir que en el Colegio de Periodistas se publicó un panel con las fotografías censuradas del Fortín y de los otros medios de oposición, en que la gente que acudió a verlas desbordó todo cálculo.

El optimismo, trabajo en equipo y mucho buen humor, plasmado en los títulos y en la vaca de Margarita, son parte de los recuerdos.
En esos días el Papa Juan Pablo II visitó Chile y a mí me correspondió cubrir su gira por el país, a pesar de estar sólo con marcha blanca. En Antofagasta los periodistas nos hospedamos en el hotel del mismo nombre. El lugar estaba lleno de agentes de seguridad porque Pinochet había decidido despedir al Papa en la ciudad nortina (la despedida ya se había producido en Santiago).

En la noche, mientras conversábamos con corresponsales frente a los ascensores, aparecieron dos colegas extranjeros que traían abrazado a un tercero en “no muy buenas condiciones.” Esperando el ascensor lo dejaron apoyado en la muralla. De la nada aparecieron dos sujetos con credencial de periodistas y le tomaron una foto. Casi simultáneamente, un colega de Revista Caras o Cosas (no recuerdo bien), les tomó una foto a los supuestos periodistas y luego desapareció. Se armó una pelea con amenazas de golpes y otras más graves de estos sujetos que se revelaron CNI y que sólo los calmó Javier Luis Egaña quien coordinaba a la prensa papal.

Desde ese minuto la CNI presionó mandando emisarios, acosándonos en el bar y pasillos, abordándonos con ofertas de intercambiar las fotos: ellos entregarían la del periodista apoyado en el muro a cambio de la otra en que aparecían ellos. Pero desde ese minuto también, nadie supo ni conoció a quien tuvo la osadía de fotografiar a esos agentes de la dictadura (que se encerró en su pieza). Historia que conté en las páginas de una edición en marcha blanca y que nunca vio la luz.

Notable fue el período en que trabajamos con una vieja impresora Poligraf, en muy malas condiciones y que provocaba atrasos en la salida del diario y a veces imprimía muy pocos ejemplares. Tantos mitos se crearon en torno a ella, y que formaba parte del comentario habitual, que contaré algunos: era una máquina tan vieja que después de una hora de funcionamiento había que enfriarla con una manguera o con lo que fuera. Tampoco tenía contador, por lo que no se sabía cuántos ejemplares tiraba. No tenía freno, por lo que había que usar todo tipo de artimañas para pararla. En fin…
Un día cualquiera, en agosto de 1987, se acerca a mi escritorio la jefa de Deportes Claribel Pérez y me pregunta en tono confidencial ¿Cómo se llamaba el gurka que te agredió en Plaza Artesanos? Francisco Zúñiga respondí al instante. (Gurkas: civiles que golpeaban a la prensa de oposición.) La cara de Claribel se iluminó y una amplia sonrisa le cruzó el rostro. “Creo que ese gurka es uno de los seleccionados de Chile en la disciplina de Tiro, para las olimpíadas de Indianápolis”. Y me muestra la lista oficial. En ella no sólo estaba Zúñiga sino también el coronel Sergio Arredondo en equitación, uno de los asesinos de la caravana de la muerte. Al día siguiente lo publicamos en portada, Estados Unidos les negó la visa, aunque Arredondo ya estaba allá y salió rápidamente de regreso.
Cada una de estas acciones era celebrada por todo el diario y nos hacía sentirnos orgullosos de lo que hacíamos y así lo reconocían todos los chilenos que sufrían la represión en la calle, en las universidades, en las poblaciones.

Uno de los hechos más complejos ocurrió cuando sin previo aviso y cerca de las 9:30 de la mañana, patrullas militares cercaron un radio de unas cuatro manzanas en cuyo centro estaba la sede del Fortín. Nadie podía salir ni entrar a ese perímetro hasta que los militares se retiraran. Registraron casa por casa. Buscaban al coronel Carreño, en poder del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Y llegaron al Fortín. Cuatro sujetos con gorros chilotes se bajaron de una camioneta e ingresaron al diario. Le informaron al gerente César Gumucio que procederían a allanar el lugar, lo que hicieron. Mientras ingresaban por el pasillo, le pedí a Juan Carlos Cáceres, fotógrafo, que les tomara una foto. Se demoró mientras esperaba el momento preciso. Al hacer click, el jefe de los sujetos sintió el sonido y se volvió exigiendo el rollo (no había cámaras digitales). Se produjo una discusión con el fotógrafo, el gerente, periodistas y agentes de la CNI. En el intertanto pedí a otro fotógrafo, el colorín Navarro, que me acompañara. Rápidamente entramos a la sala de crónica y desde una ventana que daba al patio donde tenía lugar la discusión y el forcejeo con amenaza de llamar a “la fuerza militar”, le ordené a Navarro que tomara la foto. Subido arriba de un escritorio enfocó y apretó el obturador. La portada del día siguiente mostraba el instante preciso en que el CNI le arrebataba el rollo fotográfico a Juan Carlos Cáceres.

Podría llenar varias páginas con mi experiencia de trabajar y dirigir un equipo humano tan valioso durante esos duros años, pero creo que con estas pinceladas uno puede darse una idea de lo que era el diario Fortín por dentro, con un grupo de chilenos y chilenas haciendo periodismo sin pensar en las amenazas que pendían minuto a minuto sobre ellos, sólo en darle voz a quienes no la tenían.

Tito Palacios: Sueños colectivos.

Nos unimos y nos quisimos, nos protegidos y nos cuidamos porque todos fuimos luchadores antifascistas. Todos teníamos un sueño colectivo de un mundo mejor para nuestros hijos y para el país. Fuimos generosos porque todos queríamos que se acabara el miedo, los abusos, las desigualdades. Porque nuestra tarea como fortínianos fue contribuir con fotos, textos, títulos y portadas para un Chile mejor.
Larga lista de profesionales destacados. En el ex Diario Fortín Mapocho transitaron figuras emblemáticas del periodismo nacional, tales como. Mario y José Gómez López; Ibar Aibar, Premio Nacional de Periodismo; Wladimir Aguilera; Felipe Pozo; Jorge Donoso; Alberto Gamboa, también Premio Nacional de Periodismo, todos ellos ocuparon cargos de directores. El chino Rabest y su compañera Legeia Valladares, Sergio Gutiérrez, Claribel Pérez, Manuel Francisco Daniel, Vicente Vergara, Chino Murray, Eduardo Román, Rubén Andino, Luis Navarro, Rigoberto Carvajal, Nelson Muñoz Mera, todos ellos editores. En el directorio figuran Jorge Lavanderos, Sergio Bitar, Eduardo Trabuco, Luis Barros, Rafael Gumucio, Claudio Huepe y Mario Farías.

Equipo de Reporteros Gráficos:

Héctor Aravena, Juan Herrera, Nelson Muñoz Mera, Claudio Espinosa, Anselmo Córdova, Jorge Oliva, Juan Carlos Cáceres, Ricardo González, Patricia Alfaro, Tatiana Ipinza, Pamela Cabrera, Hugo Fernández, Mario López, Leonardo Aroca, Jorge Figueroa, Claudio Pérez, Oscar Navarro, Luis Navarro, Pamela Vega, Francisco Bustamante.

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2 Comentarios en “El Fortín de la Memoria” (Parte II)

  1. Quedan muchos homenajes pendientes para el “Gran Gato Gamboa”.
    Ojalá lleguen.
    Este país de tan corta memoria…

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