¿El mundo que estamos construyendo, el mundo que estamos destruyendo o el mundo que debemos construir?
Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

EL MUNDO MÁGICO DE LA LECTURA

Fernando Arriagada Cortés

Investigador y escritor.

“Libros, callados libros de las estanterías / vivos en su silencio, ardientes en su calma / libros, los que consuelan, terciopelos del alma / y siendo tan tristes, nos traen la alegría.” Así se refiere Gabriela Mistral a ese conjunto de páginas impresas en letras y colores que llamamos libros y los cuales nos han acompañado con sus vivencias desde que nos leyeron en la edad pre-escolar y anhelo, nos acompañen hasta nuestro último aliento en este mundo.

Leer es comprender, saber extraer el pensamiento del autor que nos aporta experiencias y conocimientos acerca de un tema a tratar. Grande es su  importancia, debido a que la escritura da inicio a la historia formal. En todo sistema educacional, lograr que los educandos dominen eso de leer y escribir, es un objetivo fundamental y básico para que pueda acceder a otros conocimientos. La tasa de analfabetismo siempre ha sido uno de los índices para medir el desarrollo de una comunidad, como también la cantidad de información escrita que circula en un país determinado.

En Chile, las macro cifras son  halagadoras y nos pueden llevar a   engaños si sabemos la gran cantidad de personas alfabetizadas alcanza a un  96%, con la amplia cobertura educacional y sus servicios de entrega de útiles y textos escolares, al innegable prestigio literario nacional avalados por dos premios Nobel, etc. Sin embargo, al llevar esos resultados al día a día, nos encontramos con realidades muy diferentes, como el advertir que la mayoría de los chilenos carecen de comprensión lectora, de interés por la lectura, menos por la escritura. Es fácil encontrar profesionales que escriben con faltas de ortografía y redacción. El lenguaje se empobrece cada vez más haciéndose grosero, limitado y diminuto, en un grave sesgo espiritual que a pocos parece preocupar.

Una buena solución es acudir a la biblioteca con fines de cultivar el espíritu solicitando un buen libro, como por ejemplo para mejorar nuestro vocabulario consultando el diccionario, aprendiendo de nuestro pasado con la  historia o disfrutando de libros de poesía o novelas que nos alejarían de distracciones banales que nada aportan a nuestro crecimiento personal. A una biblioteca muchas personas van solo a reuniones o a compartir alguna comida, perdiéndose de vista el objetivo principal. También son muchas las personas enfermas del espíritu que sobreviven con problemas como depresión, duelo, soledad, abandono, pobreza. Tal vez una lectura no mejore su economía, pero es una ayuda inestimable para mejorar, acrecentar el vocabulario, saber relacionarse mejor con el prójimo, distraerse sanamente, conocer y compartir con otras  personas, ser más tolerantes y, en definitiva, salir de la ignorancia, uno de los estados naturales del ser humano.

Motivar a constantemente a los niños y jóvenes en el hogar, de manera lúdica y creativa, apagando la tele o el celular, manifestar interés en sus temas de conversación, estimular su imaginación con lecturas de acuerdo a su edad e intereses, son algunas formas entretenidas para ingresarlos y mantenerlos en el mundo de la lectura y de los libros, esos que tanto amó y buscó Pablo Neruda, cuando anota en sus memorias: “Todos ellos forman parte de mi vida, de mi geografía personal. Tuve larga paciencia en buscarlos, placeres indescriptibles al descubrirlos y me sirvieron con su sabiduría y belleza.”

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