«La ciudadanía tiene el deber y el derecho de cuidar la democracia, salir al paso de cualquier posibilidad de extremos que pongan en peligro las libertades públicas. Digamos nó a la amenaza de fascismo en Chile , votar y votar bien, es nuestra responsabilidad.«

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El rumbo de navegación de la humanidad: incierto y peligroso

Carlos Bonifetti Dietert

Ingeniero C. Mecánico UdeC. Ambientalista.

Estamos en plena Conferencia de las Partes COP-26, la que se desarrolla en la ciudad de Glasgow, Escocia, a la que la Ministra de ½ Ambiente de Chile Carolina Schmidt viajó a presentar el Plan de Chile para afrontar el Calentamiento Global al año 2050 y a firmar convenios bilaterales. Debemos analizar a fondo dicho plan, sin embargo, a primera vista tiene una apariencia de ‘gran biombo’ diseñado para ocultar los desastres ambientales y ecológicos que se están generando desde hace ya varias décadas a lo largo y ancho del territorio nacional. De este modo estamos presentando una imagen, a mi juicio distorsionada y desequilibrada, de la realidad ambiental chilena. Todo esto ha conducido a que se le haya otorgado a Chile un llamativo 4° lugar en el ‘ranking’ de países destacados por su gestión ambiental.

          Hilvanando este preámbulo con la discusión que se está gestando poco a poco en el mundo -a raíz de la Crisis Climática y el Calentamiento Global-, aunque con grandes temores y reticencias, acerca del dilema que se nos presenta y que debemos afrontar con valentía, convicción y decisión: “To grow or not to grow, that’s the question”“Crecer o no crecer, esa es la cuestión”, parafraseando al personaje Hamlet en el Acto III de la obra de William Skakespeare.

Lo hemos comentado en columnas anteriores de este semanario: ya no es posible que el desarrollo de la humanidad continúe sobre la base de un “crecimiento permanente e ilimitado”. Ello porque es un hecho palpable que la explotación de los bienes de la naturaleza por el hombre ha superado los límites de la sostenibilidad. Las dramáticas alteraciones de la biosfera provocadas por las acciones antrópicas, son insostenibles si seguimos dañando ecosistemas e impidiendo que se recuperen por sí mismos con la colaboración de los humanos.

Ahora ampliamos con aspectos adicionales de estas cruciales cuestiones, que se  discutieron en la década de los ’70. Veamos.

El científico e investigador de las Ciencias de la Tierra holandés Sicco Mansholt, de tendencia social-demócrata y miembro de la Comisión Europea (CE), fue vicepresidente de la Comisión de la CEE desde enero de 1958, y continuó en la Comisión de las Comunidades Europeas al unificarse a partir del julio de 1967. Estuvo a cargo de la cartera de agricultura y de la puesta en marcha de la Política Agrícola Comunitaria.

Los postulados de Mansholt destacaban que es posible modificar las tendencias de crecimiento y establecer una estabilidad ecológica y económica de modo sostenible en el futuro a partir de aquellos años. La cuestión fue abiertamente debatida en París el 13 de junio de 1972. Mansholt fue contrario al crecimiento económico luego de haber leído, en 1971, el informe preliminar del estudio “Los Límtes del Crecimiento, D. y D. Meadows et al., MIT y por su experiencia como rector de la política agraria europea. En el debate, organizado por Le Nouvel Observateur  participaron 3.000 personas, junto a otros protagonistas notables como Michel Bosquet), Herbert Marcuse, Edmond Maire, Edgar Morin, el británico Edward Goldsmith (que había publicado Blueprint for Survival) y Philippe Saint Marc.

No se hablaba todavía de Cambio Climático pero sí de la escasez de recursos, el aumento de la población, los absurdos de la contabilidad macroeconómica del PIB, la felicidad, el capitalismo, el socialismo, el militarismo, la tecnología y la complejidad. Nadie fue favorable al socialismo existente en la Europa del Este. Se concluyó que es posible una transición desde un modelo de crecimiento sin límites a otro de equilibrio global.

El debate europeo fue iniciado por Sicco Mansholt con una carta dirigida al presidente de la Comisión Europea Franco Malfatti en febrero de 1972. La carta es sorprendentemente radical de alguien que estaba pronto a ocupar durante unos meses la presidencia dejada vacante por Malfatti.

Entre sus párrafos iniciales se destaca: «Estamos aquí para hablar del destino de la raza humana, pero conviene no olvidar los animales ni los vegetales, participantes indispensables del complejo ecológico. La raza humana no debe solamente preocuparse egoístamente de su propia supervivencia».

En otro párrafo afirma: «Estos son algunos de los problemas de hoy, pero los que nos llegan cada vez con más claridad son mucho más serios (…) Estos son problemas asociados con los siguientes elementos que determinan esencialmente el futuro de la humanidad:  – El crecimiento de la población en el mundo, – La producción de alimentos, – La industrialización, – La contaminación, – El consumo de recursos naturales.  Me limito a estos porque son la base del informe del Grupo de Dinámica de Sistemas del Massachusetts Institute of Technology, Cambridge, Massachusetts (julio 1971). Podríamos añadir: – La creación de empleos con significado, – Conseguir una democracia real, – Crear oportunidades iguales para todos, – Nuestras relaciones con los países en desarrollo.

Con respecto a esta segunda lista de cuestiones, nos podríamos preguntar si caen dentro de la responsabilidad legal de la Comisión. Personalmente, no estoy interesado en este aspecto legal, creo deseable que demos nuestra opinión como un organismo político. (…) Me pregunto: ¿Qué podemos hacer como «Europa» y qué debemos hacer para no quedarnos atrapados? Los problemas son tan fundamentales, tan complejos y tan entrelazados que uno se pregunta: ¿Podemos realmente hacer algo al respecto? ¿Puede Europa hacer algo? ¿No es un asunto para todo el mundo en conjunto? (…) ».

(…) «Por el momento, parece demasiado optimista suponer que habrá una población mundial estable y por tanto debemos pensar en medidas políticas más fuertes que las señaladas arriba. Eso levanta otro tema, si podemos mantener nuestro orden social establecido, si por ejemplo el método de producción empresarial puede ser mantenido. En mi opinión, la mera pregunta lleva a una contestación: No.

Más difícil, sin embargo, es encontrar algo que sea mejor para alcanzar el fin. El Socialismo de Estado o sistemas similares no son la solución. Así pues, necesitaremos encontrar formas de producción muy diferenciadas, con una planificación central fuerte y un alto grado de descentralización. (…)

Está claro que esa sociedad no podría estar basada en el crecimiento, por lo menos no en el crecimiento del sector material. Para empezar, no debemos basar nuestro sistema económico en el logro del crecimiento máximo, o el mayor producto nacional bruto posible. Hay que sustituirlo por la utilidad nacional bruta. (Queda abierta la cuestión de si esta «utilidad» puede expresarse con cifras o como lo que Tinbergen llama Bonheur Nacional Bruto). (…)».

          Como podemos deducir de esta reseña sobre las discusiones habidas hace ya 50 años, esas interesantes conclusiones producto del debate reseñado han caído en saco roto y seguimos con el gran dilema entre crecimiento y decrecimiento. Así, la humanidad continúa en su incierto y peligroso rumbo, con tozudez hacia el acantilado de Séneca. Es más, ya vamos cayendo en él, a nadie parece importarle y la COP26 ya está resultando un nuevo rotundo fracaso.

Imagen: Sicco Mansholt

Bibliografía y fuentes de consulta:

https://www.poetryfoundation.org/poems/56965/speech-to-be-or-not-to-be-that-is-the-question

https://www.ecologiapolitica.info/?p=4144

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