Los creadores e impulsores del Neo-liberalismo y sus cómplices activos y pasivos, son responsables del atentado del sistema frente a la humanidad y al Medio Ambiente.
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El suicidio anómico de la clique de los millonarios, dueños de Chile

Rafael Luis Gumucio Rivas

Profesor de Historia. Ex director Instituto de historia Universidad Católica de Valparaíso.

Émile Durkheim, padre de la sociología científica, trató a profundidad en tema de la anomia, (carencia de normas, orden y estructura). En 1897 publicó su libro, El suicidio que, a diferencia de los psiquiatras, no lo trata como una patología, sino como un hecho social, y lo divide en el suicidio altruista o heroico, suicidio egoísta y el suicidio anómico.

El primero, el altruista, se refiere a una persona o a un grupo que decide quitarse la vida en aras de una gran causa social, o bien, cuando una sociedad entera elige morir para salvar sus valores o su sentido del honor, (en Chile, por ejemplo, Arturo Prat, José Manuel Balmaceda y Salvador Allende; en Japón, los kamikaze…); el segundo, el egoísta, es el producto típico de la sociedad moderna, (definida por Max Weber como el desencantamiento del mundo); el tercero, el anómico, es consecuencia del desorden social reinante, del miedo, de la angustia, de la inseguridad y de la indefensión, (por estos días en Chile impera el suicidio anómico).

Según uno de los últimos informes del Ministerio de Salud, Chile tiene las más altas tasas de suicidios de adultos mayores dentro de los países de la OCDE, y en su mayoría son hombres, ancianos, aislados y cansados de la soledad y del abandono, factores sumados a las precarias condiciones económicas.

Chile es el segundo país de la OCDE en suicidios infantil y juvenil: los jóvenes se sienten estresados a causa de la competencia escolar, propia del neoliberalismo, pues se alcanza el éxito o “se baila con los que sobran”.

Aunque parezca mentira, los Luksic, los Paulman, los Matte, los Piñera…han elegido el camino del suicidio anómico al de soltar un mínimo de sus riquezas en favor de los más desposeídos, así sea para seguir gozando de los bienes de la sociedad.

En tiempos pretéritos Eleodoro Matte, por ejemplo, podía decir que “los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital, del suelo…los demás, la masa influenciable y vendida, ella no pesa nada, ni como opinión, ni como prestigio”.

Durante la transición a la democracia, pactada con Augusto Pinochet, los “dueños de Chile” pudieron delinquir a destajo, total, sólo serían sentenciados a seguir unos cursos de ética, dictados por una universidad de sus compinches, (no pagar impuestos y violar las normas de la libre competencia era cosa de caballeros).

De la noche a la mañana, un 25 de octubre de 2019, se encontraron con la sorpresa de que las masas, la plebe, las señoras de clase media e, incluso, algunas damas departían en la Iglesia Santa Elena, de El Bosque, quienes también contaban que participaban en el caceroleo, en los barrios Las Condes, Vitacura…, incluso Joaquín Lavín, (padre del diputado experto en sacar la vuelta), se sorprendió de haber constatado este hecho sociológico, que hasta los burgueses tienen miedo de convertirse, más temprano que tarde, en proletarios, (muchos de ellos han visto en París a príncipes rusos conduciendo taxis).

Sebastián Piñera, el líder “del club de millonarios de Chile”, no puede, a setenta y tantos años, cambiar su personalidad, por consiguiente, sería pedir peras al olmo, y las medidas que él llama “plan social” sean financiadas por sus parientes y, sobre todo, por sus amigos ricos, (empresarios, especuladores financieros…)

Nada ganamos con proponerle a Piñera que financie la casi totalidad de las medidas propuestas imponiendo un impuesto de 1% o más, (en Perú fue el 5%), a las ganancias de la Bolsa, o, como lo propuso Marco Enríquez-Ominami, imponer un 1% a quienes inviertan un millón de dólares en los mercados financieros, en este caso, no se toca a las personas llamadas “emprendedoras”. Según la presidenta de la CUT, Bárbara Figueroa, la recaudación de este impuesto podría representar el 1,8% del PIB, es decir, 0,2 puntos menos que lo que se calcula del PIB para el presente año, (según cálculo del nuevo ministro de Hacienda).

Durante el gobierno 2 de Michelle Bachelet se demostró que, aplicando el proyecto del senador, (casi vitalicio), Letelier, de traer capitales chilenos del extranjero cobrándoles sólo un 8% y, además, previamente amnistiándolos tributariamente, se podría recaudar una buena cantidad de millones de dólares.

Supongamos que los plutócratas de ambas derechas, producto del miedo a las “hordas” y a perder su capital, se volvieran, súbitamente, patriotas, y por unos momentos dejaran de ser fariseos y mentirosos, los millones de dólares alcanzarían para satisfacer las necesidades apremiantes de jóvenes y viejos condenados al suicidio.

Eduardo Frei Montalva, (¡qué poco tiene que ver con sus hijos Eduardo y Francisco!), con mayoría parlamentaria y voluntad, fácilmente pudo reformar el artículo 10 de la Constitución Política del Estado, y supeditar la propiedad al bien común. El impuesto patrimonial aprobado por el Congreso a instancias de este Presidente, permitió que los ricos pagaron un poco de sus grandes fortunas, y de ahí en adelante, la Democracia Cristiana comenzó a ser odiada por los latifundistas, y pagó su pecado apoyando el golpe de Estado de 1973.

Por desgracia, nunca en la historia las plutocracias han sabido salvarse de un suicidio seguro, y parece que en Chile va a ocurrir sin remedio.

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