«Cuántos te han robado la vida sin que tú te percataras de lo que perdías, cuánto se han llevado el dolor inútil, la alegría necia, la codicia ansiosa, la conversación huera, que poco te han dejado de lo tuyo: comprenderás que mueres prematuramente»

Séneca

Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Hacia una ciudadanía múltiple y territorial

Jeanne W. Simon

Doctora en Estudios internacionales. Profesora de Ciencias Políticas Udec. Miembro de la Red de Politólogas.

Iniciar un proceso constituyente requiere reflexionar sobre los principios, valores y conceptos de nuestra comprensión del Estado, y en especial ofrece la oportunidad de repensar la importancia asignada a la Nación chilena y a la ciudadanía. Domina la idea que una persona puede identificar con una sola nación; que una persona puede ser leal a un solo país. En otras palabras: la actual Constitución plantea una ciudadanía única y unitaria sin reconocer que existen múltiples identidades nacionales dentro del país.

En el mundo actual, los estados, construidos con la lógica nacionalista, se encuentran en tensión debido a las demandas de reconocimiento por parte de los pueblos originarios y por comunidades inmigrantes nuevos y antiguos. Frente el cuestionamiento de la obligación de asimilar a la cultura nacional, muchos gobiernos han reconocido el derecho a la identidad cultural y la lengua, generando la obligación estatal de implementar políticas multiculturales.  El establecimiento de estas políticas, y la visibilización de prácticas discriminatorias, han tensionado nuestra comprensión de ciudadanía y en particular del Estado-nación.

Al mismo tiempo, la globalización económica y cultura ha transformado la identidad nacional, así debilitando el tejido social frente nuestras múltiples conexiones con otros países. Aun nacido en Chile, a menudo identificamos con otros países. Esta segunda identificación puede ser producto de nuestra ascendencia o a pesar de ella.

En este mundo nuevo, aparece más adecuada, la ciudadanía múltiple que reconoce que cada persona puede tener múltiples identidades nacionales y ejercer ciudadanía en distintas comunidades políticas. Por ejemplo, la ciudadana europea reconoce varios derechos, entre los cuales se destaca que tiene el derecho a votar y a presentar su candidatura en las elecciones municipales que se celebren en el lugar de residencia no importando su país de origen, permitiendo articular una ciudadanía más democrática e inclusiva. Así, la Unión Europea demuestra su compromiso con la diversidad cultural y territorial, fortaleciendo la identidad europea a partir del reconocimiento de derechos políticos y territoriales.

En Chile constituyente, una mirada hacia el futuro, sugiere que ahora es el momento para avanzar hacia la ciudadanía múltiple, declarando nuestro carácter plurinacional y planteando un Estado descentralizado.