
La ciudad. Una mirada crítica
¿En qué momento de la historia común, aquel, el espacio desarrollado en el tiempo para el habitar colectivo, perdió su condición de acoger?, ¿Bajo qué circunstancias la idea del habitar el espacio común como lugar de encuentro y diálogo extravió su norte?, ¿Bajo qué signos se anota la causa de transformar el espacio pensado y creado para compartir el habitar de todos en espacio privado de negocio?, ¿En qué momento la calle, ese lugar de circulación de lo cotidiano, lugar de encuentro, lugar de recreación, dejó de serlo?, ¿Qué día, en qué hora se perdió la memoria de ser deudores de un pasado que, lentamente y por colaboración, fue tejiendo lenguajes, símbolos, reflejos de sentido humano?
Podría seguir preguntando, pero no es el caso. Simplemente quiero dar cuenta de la zozobra que trae consigo caminar por la ciudad, cualquiera ya a estas alturas de la historia republicana, y observar el deterioro de las costumbres. Asunto no menor, pues son las fachadas que vemos, las que traducen formas de vida, vale decir: modos culturales y, por tanto, éticas tanto como maneras políticas de agenciar dilemas y respuestas al interés general de bien social.
¿Sería plausible pensar, es una simple hipótesis, que todo este movimiento de desidia con la ciudad, sea el resultado de una dinámica de negación a la ciudad; ciudad entendida tanto como lugar de encuentro, vale decir, como manifestación racional y también sensible hallada y construida para el bienestar de todas y todos, por lo mismo, como lugar de resolución de conflictos socio-políticos?
Esta negación correspondería a un movimiento a veces consciente en otros momentos o funcionando en paralelo a lo consciente, y dando con un movimiento mecánico que lo arrastra todo al basural sin medir efectos. Más de un cientista social pondrá en cuestión este juicio interrogativo, pero no se puede cerrar a la prueba que, por ejemplo, el espacio de la Diagonal que va de la UdeC a los Tribunales de Justicia; Tribunales como aquel punto en donde decanta la calle y se inaugura otra a la manera de cumplimiento de una sentencia que obliga a pasar a otro escenario callejero de comportamiento, dejó de ser lugar –quizá nunca lo fue- de descanso de un tranquilo transitar.
No fue, y quizá nunca lo sea, aquel instante descubierto por el deseo de detener los pasos para un conversar breve –de manera probablemente tangencial- sobre el valor de la vida cotidiana. Pero aquel fenómeno natural de circulación y significación humana ya fue trastocado, y lo vemos en otras comunas, pues ya es normalidad verlo. Las causas: Pensada esa figura de calle abierta como espacio de encuentro móvil símil de la vida misma, se construye con un mobiliario urbano agresivo, no amable para personas que desean sencillamente sentarse en algo medianamente cómodo. Mas hoy, lejos de serlo según intención inicial, en ese espacio prima el interés individual y en donde, sin considerar en momento alguno una lectura bio-política del asunto (alguien tendrá en un momento que asumir la tarea de hacerlo), no se observa aquel querer mejorar lo dañado, pues ya fue tomado y resignificado como feria abierta a la exposición humana que se justifica en la necesidad de recurso entre tanto producto que el mercado ofrece para deleite del consumo.
Habrá que volver a recomenzar lo pensado para cautivar nuevamente la ciudad.
La duda es una (hay otras) ¿existe interés honesto, uno que asuma el costo de hacerlo?
No sé si la lectura política sobre la responsabilidad esencialmente política (es un dilema que tiene el profesional de la política) lo deja hacer.., y, ahí mi duda, sobre qué entienden por verdadera vocación política los responsables (le traspasan el deber y el derecho de serlos) de cuidar la ciudad, ergo, a cada persona que la habita, ya que en ese habitar la construye.







Un excelente artículo, nos llama a la reflexión…
Hermoso texto
Pero al ir leyendo cada frase mí ser se llenó de melancolía por ese tiempo pasado dónde caminábamos libres por esas calles recorridas infinitamente por mujeres y hombres que se encontraban al ir y venir por las calles de ciudad.