«Los peores enemigos de la ciudadanía son los pobres que se creen ricos, son los que mienten acerca de la nueva constitución y son por supuesto aquellos que se oponen al desarrollo de una nueva sociedad con mas justicia y dignidad»

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LA HORA DE LAS REGIONES [*]

2013

Al recorrer el país surge la conclusión de que ha llegado la hora de las regiones. La ciudadanía demanda tener que decir algo sobre su futuro, sobre las peticiones por una mejor y más accesible salud, sobre la conservación de su medio ambiente, por mejorar la segregada educación; en fin, por mejor calidad de vida. Es posible que las presiones y los movimientos por esos temas se den tanto en Santiago como en regiones, pero en estas últimas las demandas se potencian por la creciente queja contra el centralismo y la necesidad de romper esa dependencia cada vez mayor de la capital y sus centros de poder.

El bajo nivel de aceptación del estamento político incide en que la población busque canales diferentes a la política tradicional. La gente cada día se siente menos interpretada por alguna de las posiciones políticas tradicionales. A esto se suma la creciente utilización de formas de comunicación modernas ligadas a los correos electrónicos y a los sistemas implementados a través de éstos. Sobre estos elementos se estructuran nuevos movimientos de opinión pública ágiles y de amplias coberturas.

La estructura de poder actual está diseñada de tal manera que los ejecutivos regionales, intendentes y gobernadores, e incluso un número importante de seremis son nombrados por Santiago y lógicamente responden a la confianza del presidente y de sus ministros. No importa que hayan nacido y vivan en la región, pues no son reconocidos como sus representantes; se los ven como dependientes del poder central. Los parlamentarios, aunque elegidos con votos regionales, responden también, y en forma importante, a los lineamientos ideológicos y partidarios de los respectivos partidos políticos, instituciones que actualmente tienen un grado importante de rechazo ciudadano.

En consecuencia, la frustración de las gentes de las regiones se acrecienta día a día al no participar ni sentirse parte de un proceso de desarrollo. Más aun, la gente no reconoce como suyos los procesos de desarrollo regional (cuando éstos existen), pues por lo general se elaboran con mínima participación ciudadana y corresponden a típicos planes tecnócratas. En efecto, cuando en las regiones se elaboran estos planes, por lo general, se los confecciona en la Intendencia con la participación de algunas ‘seremis’ sobre la base de una planificación estratégica económica, donde, en función de la prioridad dada al empleo y al producto, se establece un conjunto de proyectos y de pre proyectos. En esta planificación tienen poca jerarquía factores que inciden en la calidad de vida, como seguridad ciudadana, defensa del medio ambiente, educación, salud, cultura, recreación, deportes.  Éstos descansan en los ministerios correspondientes que obedecen a los lineamientos dados centralmente.

¿Por qué hay tanto distanciamiento entre lo que aspira la ciudanía regional y sus autoridades regionales? La constante frustración derivada de la falta de participación, el sentimiento de no sentirse representado por los parlamentarios regionales, las dificultades crecientes derivadas de los problemas financieros y de gestión de los municipios que lleva a descartar este canal de participación, el sentimiento de que se ha utilizado y manipulado a la ciudadanía en ciertos procesos de participación sólo para dar la apariencia de democracia en decisiones y estudios ya previamente decididos, son los principales factores que están incidiendo para el surgimiento de movimientos regionales que aboguen por una participación efectiva en torno el desarrollo integral de cada región.

La primera reivindicación regional dice relación con un cambio profundo en la generación de las autoridades unipersonales y colegiadas en función de la posibilidad de elegir democráticamente sus autoridades, intendentes y gobernadores y nuevos organismos regionales representativos que se debieran crear.  Esta aspiración necesita obviamente de una reforma constitucional profunda.

Todos estos cambios pasan por intensificar la participación ciudadana en forma estructurada y sobre la base de temáticas claramente establecidas por ley. En lo principal, se requiere una intensa participación ciudadana en el análisis y aprobación de la estrategia de desarrollo regional. Además, una gestión regional menos dependiente requerirá reestudiar la forma de asignación de recursos, modificación fundamental en un proceso de regionalización creciente. La participación ciudadana ya no se debería circunscribir a la distribución de los recursos asignados en los FDR.  Se requerirá un cambio radical en la confección del presupuesto nacional, abriendo las posibilidades de amplia flexibilidad en las asignaciones presupuestarias internas de cada región. El proceso de democratización puede fracasar si este aspecto no es abordado.

Un aspecto sobresaliente de la regionalización dice relación con la posibilidad de que la región dirima en forma absoluta el uso de su territorio. La experiencia de expoliación territorial es una constante en la historia del país. Para terminar con la expoliación, con el hecho de tener que asumir los costos ambientales de megaproyectos, con los disturbios y consecuentes desintegraciones de las comunidades locales, con la pérdida de la identidad regional y local por irrupción de proyectos foráneos, por la falta de capacidad de retención de excedentes, se hace indispensable que se legalicen los plebiscitos regionales, comunales y locales.

Difícil resulta establecer una estrategia para posibilitar estos cambios, pero una cosa sí es cierta: Pueden ser graduales, pero no puede establecerse una medida con independencia de otra. No hay avances en la regionalización con el sólo hecho de hacer un par de elecciones para elegir sus autoridades. Avanzar en regionalización se debe traducir en reales estrategias y planes elaborados en la base, en la posibilidad de discernir regionalmente sobre el uso de sus territorios y en la participación ciudadana en la distribución regional de sus recursos.  

NGV

2013

[*] Nota de la redacción:

Publicamos este artículo de Nicolo Gligo V. [1] el que, aunque ya tiene 9 años, mantiene su plena vigencia, sobre todo en este año en que se está diseñando democráticamente una nueva Constitución de la República de Chile.

[1]Nicolo Gligo Viel, es Ingeniero Agrónomo; fue profesor y director del Centro de Análisis de Políticas Públicas del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile [2] [3].

[2]http://www.academiaagronomica.cl/nicolo-gligo-viel/

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