«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

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Mostrando la hilacha

La cuestión de la seguridad social, especialmente en lo relativo al régimen de pensiones que afecta a la gran mayoría de los asalariados que alcanza la tercera edad, se arrastra por décadas. Múltiples comisiones – nacionales y extranjeras – se han dedicado por más de ochenta años al estudio del problema. Análisis exhaustivos de cifras, proyecciones de población y esperanza de vida, opiniones sobre el financiamiento eventual de los proyectos, han engordado tomos y tomos con miles de páginas sin lograr que todo ello haya logrado traducirse en un resultado relativamente positivo para la sociedad.

Bajo la dictadura militar, el “gremialismo” (que constituía su cerebro pensante) tenía la posibilidad de hincarle el diente a la materia, ya que cuatro generales habían asumido el poder constituyente y además podían legislar con rapidez y eficiencia sin tener que enfrentar la molesta crítica de sindicatos, académicos y expertos. Así, el Ministro del Trabajo del régimen, José Piñera Echenique, con la asesoría del inefable Hernán Büchi, montó el sistema de las Administradoras de Fondos de Pensiones asegurando a los afiliados que tras treinta años de cotizaciones gozarían (al alcanzar la edad de sesenta años las mujeres y sesentaicinco los varones) de pensiones dignas hasta el fin de sus días. El sistema de ahorro obligatorio y de capitalización individual era excelente pero, por razones inexplicables (¿de seguridad nacional?) se dejó fuera de él a las fuerzas armadas, hecho que al día de hoy le cuesta al Estado (en buenas cuentas a toda la población) billones de pesos (sí, billones) anualmente.

Las masivas manifestaciones en contra de las AEFEPES no fueron sino la expresión pública del descontento general por una institucionalidad que claramente había fracasado al terminar otorgando pensiones indignas al mismo tiempo que los “señores del dinero” inflaban sus arcas cobrando jugosas comisiones por administrar los fondos de los asalariados directamente sobre la masa ingente de dinero acumulado y no sobre su rentabilidad real, o indirectamente a través de lo que siúticamente se denomina el “mercado de capitales”.
El presidente Boric, en los comienzos de su mandato, ha decidido enfrentar esta demanda social presentando al Congreso Nacional, por medio de su Ministro de Hacienda Mario Marcel, un proyecto de reforma sustancial que busca conjugar, progresivamente, el ahorro individual de los trabajadores, con una tasa creciente de financiamiento empresarial hasta alcanzar el 6% (elemento con el cual los gremios empresariales han manifestado su conformidad) y con un financiamiento estatal para cubrir, en lo que corresponda, un mínimo en favor de las personas que no puedan tener acceso al sistema formal.

La propuesta, estimada por muchos como racional y razonable, ha sido criticada por las Aefepes (en campañas comunicacionales de cuestionable legalidad y financiamiento) y por “expertos” –todos de derecha – que promueven la mantención de la capitalización individual y la eliminación de todo elemento de solidaridad colectiva. 

Juan Andrés Fontaine, economista, ex ministro de Economía y de Obras Públicas de Sebastián Piñera, con escasísimos logros en sus cargos lo que le costó su remoción, propuso aumentar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) para financiar mejoras en la Pensión Garantizada Universal (PGU).

La solución parecía fácil y sencilla de implementar, pero el rechazo fue generalizado.

El economista y docente de la Universidad de Chile. Alejandro Alarcón, fue categórico: “No estoy de acuerdo con un aumento del iVA. Este es el impuesto más regresivo que existe, lo pagan más los pobres que la gente con más recursos, generando un aumento de precios sobre todo en alimentos muy populares”.

Tomás Flores, economista de Libertad y Desarrollo, quien fuera subsecretario de Fontaine, dijo: “Antes que subir nuevamente los impuestos, habría que explorar otras alternativas de financiamiento”.

El consultor y economista Luis Eduardo Escobar hizo un análisis más de fondo: “Como buen conservador, Fontaine propone financiar el aumento de la PGU subiendo el IVA. Alguien se preguntará por qué siempre proponen subir el IVA en vez de los impuestos a los ingresos de los que más ganan. Precisamente porque el IVA no afecta a los altos ingresos y no molesta tanto como pagar impuesto a la renta”.

Fontaine es, finalmente, la voz de los poderosos  Su propuesta, aparentemente muy inocente, busca proteger, una vez más, los intereses de los sectores privilegiados que,  además cuentan con innumerables asesoría jurídicas, tributarias y contables, que les permiten eludir tributos como ya ha quedado demostrado hasta la saciedad en los tiempos en que vivimos.

Todos sabemos para quien trabaja.

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1 Comentario en Mostrando la hilacha

  1. Como siempre los mismos de siempre, la oligarquía, tratando de mantener sus privilegios y de mantener funcionado a «la máquina», tan bien caricaturizada en el divertido programa «La Franja de Daza», con Mauricio Daza y Freddy, en Stock Disponible.

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