La Solidaridad no es "flor de un día", tampoco un "remedio" de pandemia... La SOLIDARIDAD verdadera nace de lo más profundo de la inteligencia y bondad humana y, es una conducta permanente.
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¿Para qué lado qué lado queda el Norte?

Si el problema no fuese en realidad “un problema-país”, podría considerársele hasta divertido. Pocas naciones en el mundo, salvo aquellas que carecen de organización e institucionalidad y que viven un interminable proceso de confrontaciones intestinas, pueden exhibir un nivel tal de desorientación como el Chile actual.

Nuestro país (o al menos las élites que han predominado históricamente) se ha enorgullecido de una trayectoria democrática bicentenaria y en esos términos se la muestra en las salas de clases. Por supuesto que esa “verdad oficial” expresada en textos escolares, esconde los hechos que pudieran, o contradecir una afirmación porfiada que se manifiesta en discursos, ceremonias o actos patrióticos o, al menos, sembrar el manto de la duda en la conciencia de quienes están abiertos a reflexionar.

Sin embargo, el 18-O, de la noche a la mañana, algo cambió. El oasis de paz, del cual horas antes se ufanaba con soberbia el Presidente, derivó en una descontrolada protesta social que hizo visibles las demandas más acuciantes del Chile real. Cada quien a su manera, algunos por la masiva presencia pacífica, otros a través de la violencia sinsentido, hicieron públicas las grietas que mostraban lo feble del modelo en curso.

El estallido trajo consecuencias múltiples. Algunos sectores procuraron apoderarse de la efervescencia social, con cero éxito. Otros, especialmente los herederos de la Concertación, buscaron construir una salida política cuyo destino final está por verse. Por lo demás, fue el oficialismo gobernante el principal damnificado de esta larga secuencia de hechos.

Su líder natural, el Presidente Piñera, se mostró absolutamente desconcertado frente a los hechos y, así, después de largos en que se empeñó en mostrarse como un personaje perteneciente a una “derecha liberal”, retornó a su ADN y optó por la opción de la represión. Hasta hoy le pesan sus torpes declaraciones en cuanto éramos un país que estaba en guerra. A mayor abundamiento, nunca entendió (y todavía sigue sin entender) la naturaleza del conflicto que se había desatado. Precisamente, cuando se cree que la solución de la crisis pasa por un problema de dinero, de uno que otro bono de ayuda, y no se está dispuesto a atacar el fondo del problema, lo único que se logra es la perpetuación sine die de la crisis. La indolencia del Gobierno ha llevado a un extremo impensado: que se llegue siquiera a discutir la eventualidad de la destitución del mandatario por incapacidad física o mental.

También, el piso político del Gobierno hace agua. Desde marzo de 2018, fueron claras las discrepancias entre los partidos eje de la coalición. Mientras RN se posicionaba como la primera fuerza del país desplazando a la UDI, esta última colectividad, temerosa de perder su histórica preeminencia en la Derecha buscaba posicionarse en los sectores más ultristas al extremo que su presidenta corría a Brasilia a rendir pleitesía nada menos que al cuestionado Jair Bolsonaro.

A partir de ese momento, los hechos negativos se sucedieron uno tras otro. Los conflictos y desencuentros con Mario Desbordes escalaron hasta el punto de no saludarse; la emergente colectividad Evópoli sustituyó al gremialismo en el comité político de la presidencia y en los ministerios claves; la UDI se definió taxativamente por el voto de “Rechazo” en el plebiscito del 26 de abril en tanto que a su prioritaria carta presidencial se le cerraban las puertas por hacer público su apoyo al “Apruebo”; un diputado Evópoli (Andrés Molina) se permite calificar a la senadora aliada van Rysselberhe como “loca de patio”;  y, la guinda de la torta, se descubre en Bulnes 80 una secretaría clandestina ( o ”informal”,  como se dice ahora) en que se fabricaban escudos y se almacenaban cascos y palos, demostrando, en los hechos, que la condena al violentismo era solo aparente.

En medio de este oscuro panorama, dos hechos minaban la confianza en el Ejecutivo. De la noche a la mañana, la Ministra de Educación Marcela Cubillos (que no dejó en el ministerio huella propia alguna como tampoco en su anterior cargo en Medio Ambiente), luego de negarlo tres veces renunciaba a su cargo, y pocas horas más tarde también lo hacía la Ministra de la Mujer Isabel Plá quien también había negado reiteradamente su salida.

Afirmar hoy que prácticamente no hay autoridad y que el desgobierno es generalizado, puede parecer un ataque opositor de pésimo gusto. Pero la realidad nos muestra que la casi totalidad de los analistas coincide en que Piñera ha dejado de manejar el timón del país y parece confiado en que un hecho externo casi fortuito (p.ej. la pandemia del corona virus) le sirva de pretexto para suspender el plebiscito y le abra un inesperado camino de salida.

Jugarse esa carta es posible pero las consecuencias son inimaginables. Esperar una solución vía estado de sitio, peor aún. Nada de esto soportaría el país a estas alturas.

¿Habrá en el horizonte la figura de un asesor lúcido que abra los ojos a aquellos que no quieren ver lo que puede suceder?

Fuente de Imagen: Free-Photos en Pixabay.

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