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Primero se vive y luego se filosofa

Patricio Schwaner Saldías

Profesor de filosofía

Siempre que vuelvo a la Universidad tengo la impresión de viajar en una máquina del tiempo, con esto no quiero decir que esté lo suficientemente viejo, sino que habitualmente tengo la impresión de que volveré a encontrar a las personas con quienes compartí en mi formación de pregrado, es como si pensara en perpetuar el pasado, como una forma de escapar a la inmediatez del presente.

Esta situación, aunque pueda parecer cotidiana es una buena referencia para comprender el inexorable paso del tiempo y darnos cuenta que el lugar que estamos pisando hoy, quizá no sea igual al que estemos pisando mañana.  ¿Por qué razón estamos en una constante y permanente reflexión con nuestro entorno? ¿Por qué al hacer filosofía somos capaces de edificar nuevos pilares para nuestra sociedad?

Habría que precisar que los escenarios que enfrenta nuestra sociedad posmoderna no son del todo favorables para el progreso de todos quienes la conforman. Los modelos económicos y sociales- al parecer- no responden de modo satisfactorio a los intereses de la cultura y más aun parecen dejar a la persona al margen de todo protagonismo, haciéndola aparecer como separada del entorno, por esto recordar el pasado es siempre motivo de alegría, pero además un intento permanente de reconstruir el presente.

Frente a estas problemáticas es que la filosofía emerge como una luz reflexiva, que va marcándonos la ruta a seguir, que va posibilitando y cimentando nuevas formas del pensar autónomo. Según afirma Byung-Chul Han: «La desnarrativización general del mundo refuerza la sensación de fugacidad: hace la vida desnuda. El trabajo es en sí mismo una actividad desnuda. El trabajo desnudo es precisamente la actividad que corresponde a la vida desnuda”.

Por otra parte, nuestra sociedad tiene un marcado tinte economicista que reduce a la persona a lo útil o cuantificable, con lo que todo espacio trascendente queda relegado al olvido. A raíz de esto sería importante preguntarnos: ¿De qué forma estamos construyendo nuestro modelo de sociedad? ¿Cuáles son los desafíos para el mañana?

Sin lugar a dudas, hoy enfrentamos escenarios de ardua complejidad, frente a los cuales deberíamos salvaguardar la reflexión, aunando criterios que promuevan el avance social y validen el rol de la persona como eje central del progreso; solo así trazaremos la ruta edificante del respeto por la dignidad que tantos declaran, pero que pocos vivencian consecuentemente en lo real. Por otra parte, el desafío del pensar encierra en sí mismo una belleza inigualable, por esto debemos acudir a la reflexión filosófica, para alcanzar más y mejores posibilidades.

El celebre pensador Zygmunt Bauman afirma: “El progreso, ha dejado de ser un discurso que habla de mejorar la vida de todos para convertirse en un discurso de supervivencia personal”. Frente a esto, el ejercicio de la reflexión filosófica es siempre un más y nunca un menos, siempre abre nuevas perspectivas a hacernos más humanos, a comprender lo cotidiano y a intentar descifrar los códigos del universo que nos rodea.

La práctica filosófica se nos revela como una sugerencia pertinente, como una invitación al diálogo reflexivo, como una posibilidad de reconstruir lo que somos desde lo cotidiano, pues en una sociedad como la nuestra resulta difícil vivir sin sentido y más aún sin entender que “Primero se vive y luego se filosofa”.

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1 Comentario en Primero se vive y luego se filosofa

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