La humanidad continúa, lamentablemente, ligada a los antivalores humanos y apartada de los valores, ética, normas y procedimientos que engrandezcan la bondad, solidaridad y la búsqueda real de una nueva vida.

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TREINTA AÑOS DE TRANSICIÓN

Fernando Arriagada Cortés

Investigador y escritor.

Una sana e ingenua esperanza cruzó el alma de Chile cuando en 1988, la mayoría de los chilenos, nos pronunciamos por el fin de la dictadura e inicio de la recuperación de nuestra fenecida democracia. Pensamos que el slogan “la alegría ya viene” iba a ser una feliz realidad en el breve y mediano plazo para miles de jóvenes que apostamos por un cambio que nos llevaría a avanzar hacia el siglo XXI con un país más democratico, justo y reconciliado.

Pero la esperanza poco nos duró. Entre gallos y medianoche se impuso un candidato para el sector ganador, en una situación bochornosa conocida como “carmengate” luego se pactó una eterna transición de olvido y silencio entre los militares y la cuasi derecha triunfadora. Años después, los ejercicios de enlace y el boinazo militar nos dejó claro que aquí, al decir de Pablo Huneus, “los militares entregaron el castillo, pero se quedaron con los fuertes.” Al advertir este problema de colusión y hasta traición que iba para largo, solo la alianza humanista – verde abandonó el gobierno por 1992 y se integró a la oposición de izquierda que no calificaba ni para tener un diputado, debido al sistema binominal.

Más tarde, y firmes con Frei y Lagos, aparecieron problemas internos que los dividió entre aucomplacientes y autoflagelante, en un sistema económico cuestionado que dejaba a los ricos más ricos y a los pobres, un poco más aliviados, mientras la derecha de oposición y la de gobierno traía al dictador como tesoro a nuestro pais, del cual había salido como senador designado y diplomático especial.

Mientras la alegría nunca nos llegó, la política se enfrascaba en los ostentadores del poder y sus familias que en Ñuble fueron y son muy conocidas y todavía mantienen cuotas de poder. Basta con tener un mediano conocimiento para darse cuenta de la realidad.

En el Chile de fines de los noventa fuimos sacudidos por un libro polémico, asertivo y revelador como fue el ensayo de Tomás Moulián: Chile actual, anatomía de un mito. En él se mostraba este Chile travesti, conformista, que barría debajo de la alfombra, de doble estándar, como una casa de remolienda con fachada de convento que se negaba a legislar sobre el divorcio, que solo en 1998 despenalizó las relaciones de las minorías sexuales, que escuchaba más la voz de los obispos que de la mayoría, que anhelaba cambios de forma y fondo, mientras la derecha predicaba que todo cambio nos llevaría al caos y al comunismo, cuando en verdad a fines del 2005, Ricardo Lagos decía muy orondo: “termino mi mandato más amigo de los empresarios que de los trabajadores”.

A partir del gobierno de Bachelet, la juventud empezó a protestar con su famosa revolución pingüina y después, ante dos derechistas como Frei y Piñera, la mayoría optó por este último empresario. Muchos socialistas se transformaron en socios – listos y los empresarios se sintieron en libertad de acción para iniciar vergonzosas coluciones, estafas piramidales, perdonazos a la evación de impuestos, recibiendo coimas muchos políticos de varios sectores para que siguieran legislando a favor del capital, como la ley de pesca, mientras que el gobierno – empresarial decía cínicamente: “no están dadas la condiciones para mejorar el sueldo mínimo, aunque es una realidad, les pedimos paciencia mientras superamos esta crisis”.

Por ellos, con sobrada razón, se dijo que el estallido social “no eran 30 pesos, eran treinta años” de abusos, colusiones, burlas, prepotencias, estafas a todo nivel, pérdidas de dinero fiscal a manos de uniformados, venta de armas, narcotráfico y en definitiva, un panorama  que tiene al 70% de los chilenos endeudados, con jubilaciones en donde el 80% no alcanza al sueldo mínimo, con una sociedad sacudida por los escándalos sexuales de la iglesia en donde han caído obispos y sacerdotes, falta de credibilidad o crímenes nunca aclarados del todo. Por ello, no nos extrañemos de los resultados de mayo y de los que vienen, porque “quien siembra viento cosecha tempestades”  y “tantas hace el zorro en un año, que en una hora las paga”.

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