Imperativo ético: la ciudadanía y los demócratas consecuentes, deben impedir la presencia de fuerzas Neo Fascistas en Chile.
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Lecciones prácticas de Economía ( II )

Esteban Lobos, analista  económico.

En un texto anterior de divulgación, hicimos referencia a los tres problemas clásicos de la Economía: Qué producir, Cómo producir, Cómo distribuir, a los cuales sumamos uno adicional: Dónde producir. La respuesta que demos a estas cuatro cuestiones, tendrán incidencia – aunque no nos demos cuenta de ello – en la vida concreta de las personas. Por ese motivo, vale la pena invitar a reflexionar sobre estos temas.

El “qué producir” siempre se ha respondido en el marco de dos alternativas. Una,  la fórmula cepaliana que buscó la sustitución de importaciones con   una tendencia marcada hacia la autarquía económica pero que, en líneas generales, ya no se la considera en la práctica como una respuesta adecuada  por la estrechez de los mercados nacionales   y por la llegada de manufacturas producidas precisamente a gran escala y con bajos costos ante lo cual solo cabe establecer barreras aduaneras con el consiguiente perjuicio de los consumidores en un mundo globalizado. La otra fórmula, invita a  producir en el país  en áreas respecto de las cuales se tienen ventajas comparativas y a la importar los  productos que otros países pueden producir en mejores condiciones.  Este camino es el que se ha aplicado en los últimos decenios,  a tal punto que virtualmente han desaparecido importantes actividades manufactureras (calzado, vestuario, hogar…., entre los más notorios).

El “cómo producir” significa optar por utilizar métodos intensivos en el uso de obra de mano con el consiguiente beneficio social en  ocupación e ingresos, o sustituirlos por  maquinarias y tecnologías,  lo que para el empresario implica rebaja de costos, aumento de rentabilidad y  disminución de la conflictividad social.

El “cómo distribuir” es uno de los problemas más sensibles que  enfrentar la sociedad. En general, el propietario de la empresa privada capitalista reclama  el derecho a apropiarse para sí de todos los excedentes que genere la actividad productiva, de tal forma que el tener que pagar salarios u otorgar beneficios se le considera como un “mal necesario e inevitable” y el tener que pagar impuestos una verdadera “expropiación” de lo que le pertenece. Así, la tesis “del chorreo” en la práctica no ha funcionado ni funcionará. De ahí,  la reiterada oposición a toda política que incremente el poder social de sindicatos y trabajadores.

Finalmente, el “dónde producir” tiene dos caras. Si encargo la producción (“maquila”) a países con  salarios o condiciones de salud laboral y seguridad ,  bajos (India, China, Vietnam, Tailandia…) disminuyo mis costos y aumento mi rentabilidad  al mismo tiempo que afecto la actividad manufacturera nacional y la ocupación laboral. En el plano interno,  procuro radicar toda actividad económica en función de los grandes mercados lo que deriva en su concentración creciente en la metrópoli con su secuela de consecuencias largas de enumerar.

Hemos tratado de plantear estos problemas de forma  sencilla y simplificada.

Lo  dicho nos revela que existe un permanente contrapunto entre los intereses de la actividad económica privada y el bien común.

En doce meses más, la comunidad nacional deberá elegir un nuevo Gobierno Central y la mayor parte del Parlamento. Como lo hemos sostenido reiteradamente, no se trata solo de una opción política, por importante que ella sea, sino de una opción económica y social que tendrá enorme importancia en la vida concreta de las personas. Desgraciadamente, los ciudadanos no hemos sabido apreciar debidamente lo que está en juego y nos dejamos embriagar por cuestiones claramente irrelevantes. Se vive un proceso  de farandulización  en que se evita que el ciudadano  piense y decida sobre los problemas fundamentales  y comunicacionalmente se le obliga  a evadirlos centrándose en cuestiones claramente irrelevantes  y superficiales.

Las sociedades viven generalmente procesos inerciales de desarrollo que tenderán naturalmente a perdurar en el tiempo. Los verdaderos liderazgos implican comprensión de los problemas que en ellos están implícitos, y voluntad y coraje para abordar cambios de rumbo que marquen definitivamente un nuevo camino.  Hasta ahora, si las cosas se miran desde lo alto, solo hemos visto “políticas de maquillaje”  destinadas a sustentar el día a día pero no a perfilar un horizonte diverso.

Chile sigue teniendo un modelo fundado en la exportación de “commodities” sin valor agregado. Nuestra apuesta por la innovación y la tecnología es débil. Sabemos que el nivel de nuestra educación es bajo y que ampara situaciones graves de inequidad.  La creación de nuevas regiones y la elección popular de intendentes ( o gobernadores, o administradores o delegados presidenciales) no son sino una mascarada de descentralización que, en modo alguno, alterarán la realidad. Nuestra clase política es de bajo nivel lo que se refleja en la mala calidad de las leyes que se elaboran y  en la deficiente gestión de la administración del Estado. La lista puede alargarse. ¿No habrá ningún prócer que insinúe siquiera un atisbo de respuesta?

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