La filosofía es la Madre de todas las ciencias... Sabido es. Ahora: leer, razonar y desarrollar conciencia crítica, es un buen punto de partida
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LECCIONES PRÁCTICAS DE ECONOMÍA (I)

Esteban Lobos, analista económico.

Resulta demasiado presuntuoso, a estas alturas de la vida, pretender dar “lecciones de economía”. Pero como,  se quiera o no se quiera, el país avanza a pasos agigantados a una predefinición y luego a una definición de candidaturas presidenciales, vale la pena invitar a los ciudadanos a hacer algunas reflexiones sobre asuntos económicos que no solo incidirán en la vida nacional sino, por supuesto, en la vida personal de cada uno. Las conclusiones hay que tenerlas presentes a la hora de depositar el papelito en la urna.

En  tiempos no tan remotos,  a nivel de la enseñanza media se procuraba entregar a los estudiantes algunos conceptos fundamentales de filosofía, de educación cívica y también de economía, con el propósito oscuro de enseñar a pensar, a razonar, a ser buenos ciudadanos. Felizmente, hoy basta con saber usar adecuadamente las alternativas verdadero / falso / todas las anteriores, de forma que el colegio resulte bien aspectado al efectuarse los correspondientes rankings de notas.

De todas maneras, nunca está de más recordar que en esa época se nos enseñó cuáles eran los problemas básicos de la economía:  Qué producir, cómo producir, cómo distribuir. Pero  la ciencia avanza y las realidades son cambiantes, así que hoy podría agregarse a las anteriores una cuarta pregunta: Dónde producir.

La población tiene múltiples necesidades y demandas de bienes y servicios. Cuándo los medios requeridos para atenderlas son escasos, muchas de éstas quedarán insatisfechas. Sin embargo, en una economía abierta al mundo como es el caso de la economía chilena, la verdad es que todo está al alcance de la mano tanto en cantidad como en calidad,  así que el único problema en este aspecto (no menor, en todo caso)  es si cada uno de nosotros tiene o no tiene los ingresos necesarios para acceder a ellos. En esta “economía libre” es el mercado el que determina qué cosas se producen y, si no estamos en condiciones de producirlas, simplemente las importamos. La otra posibilidad, por supuesto, es que el Estado meta su nariz y, si la Constitución y las leyes (y el Tribunal Constitucional) se lo permiten,  asuma un rol empresarial en rubros que es necesario atender con calidad y costos  razonables al alcance de las personas. Otra cosa, por supuesto, es que lo haga bien. Como ejemplos a debatir tenemos la educación, la salud, el transporte público, la energía, el agua, la innovación tecnológica.

El segundo problema enunciado es el relativo a la forma en que se produce. Puede que el proceso productivo se desarrolle mediante una modalidad intensiva en ocupación de mano de obra o que se priorice la aplicación de tecnologías que sustituyan el trabajo humano por el trabajo de las máquinas. Las empresas privadas, cuya finalidad de acuerdo a Milton Friedman es maximizar las utilidades de sus propietarios, obviamente preferirán utilizar cuanta maquinaria les sea posible, para disminuir sus costes, elevar sus márgenes y evitarse los desagradables conflictos con sus trabajadores que nunca están satisfechos con lo que se les paga.

El problema de “cómo distribuir” es, naturalmente, el más complejo de una economía. Los propietarios de las empresas procurarán que el máximo de los excedentes logrados quede en su poder para así lograr acumular los recursos que harán posible asumir nuevos emprendimientos ya sea en el país o en el extranjero. Los trabajadores, por supuesto, presionarán para mejorar sus condiciones laborales no solo en cuanto a mejores salarios  o a beneficios adicionales (asignaciones de natalidad, de matrimonio, de escolaridad, de movilización) sino también en cuanto a alcanzar un pedacito de las utilidades de la empresa mediante las gratificaciones.

Debe agregarse a lo dicho, el nuevo problema: “dónde producir”. Si miramos las etiquetas de los bienes que consumimos (camisas, por ejemplo, de reconocidas marcas internacionales) constataremos con sorpresa que han sido confeccionados en China, en India, en Vietnam o en Tailandia por la sencilla razón de que en esas naciones se pagan salarios de subsistencia o se recurre el trabajo esclavo de reos o de niños, sin que existan salarios mínimos ni normas básicas de higiene y seguridad industrial. Ahora bien, si miramos al interior del país, la inmensa mayoría de los productos manufacturados son producidos en la Región Metropolitana,  alimentándose así el insaciable monstruo centralista. Los ingenuos que creen que creando más regiones o eligiendo gobernadores regionales se logrará cambiar el curso de los hechos, no reparan en la evidencia que nos dice que la economía de mercado es esencialmente concentradora.

En esta primera y simplificada lección de economía práctica, hemos pretendido poner los problemas sobre la mesa. Sin duda, habría sido posible incursionar en el tema de forma  mucho más profunda. Por ahora, tomemos lo expuesto como una invitación a reflexionar,  porque la determinación que adoptemos al seleccionar a alguno de los “ciudadanos disponibles a sacrificarse por la patria” tendrá consecuencias y, si nos equivocamos al decidir,  será tarde para llorar.

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