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Un breve paseo por Vienna 

Ronald Mennickent Cid

Astrónomo, Doctor en Física. Ex Director Escuela Astronomía Universidad de Concepción. Director de Investigación y Creación Artística de esta misma casa de estudios.

Viena es la ciudad de la música y última morada de Wolfgang Amadeus Mozart, quien murió a los 36 años de edad producto de una corta y desconocida enfermedad, dejando inconcluso su imponente Réquiem en Re menor. Esto ocurrió hace ya bastante tiempo, en 1791. Viena es la ex capital del imperio Austro-Húngaro, ahora cuenta con casi dos millones de habitantes y aún muestra huellas de su pasado imperial con edificios monumentales y objetos de valor gran histórico y artístico diseminados en varios museos.

Viena es uno de los puertos aéreos para acceder vía Bratislava a Poprad, Eslovaquia, donde me espera una conferencia en unos días más, razón para haber pasado por esta ciudad. Han sido dos días agitados antes de tomar el tren a Bratislava. Mis pies lo saben, ya que he recorrido caminando, como buen turista con poco tiempo, gran parte del casco antiguo de esta bella ciudad.

Es otoño, y las temperaturas máximas han oscilado entre 22 y 18 grados. Ayer soleado, hoy cubierto y un poco ventoso. Desde el hotel y bajando por la concurrida avenida Mariahilfer, entre comercios de variadas índoles, incluyendo tiendas internacionales como Zara y un  Mac Store, llegué en veinte minutos a la zona de museos y Plaza de los Héroes, para luego entrar en el museo Albertina, que albergaba una copiosa muestra de pinturas del ‘padre del impresionismo’, Claude Monet, quien es también precursor del arte abstracto, según palabras del gran  maestro de origen ruso Wassily Kandinsky.

Claude Monet trasgredió la norma clásica de representación precisa de la realidad, favoreciendo el uso de colores y pinceladas gruesas dando forma a sus cuadros ahora llamados ‘impresionistas’.  Hay mucho que decir de este gran pintor, que por un tiempo padeció apuros económicos y también la censura paterna, por su convivencia con Camille Doncieux, una mujer casada, quien sería a la postre su primera esposa, luego de la muerte de su marido.

Famosas son las pinturas de Monet de su jardín de inspiración japonesa ubicado en su casa de Giverny, a unos 80 kilómetros al noroeste de Paris. Allí el artista, ya maduro, desató su creatividad inspirado en su estanque lleno de nenúfares, su puente arqueado y sus arcos de rosas y flores poli-cromáticas.  Monet estaba fascinado cómo el jardín adquiría distintas tonalidades según la luz solar que recibía. Creó reproducciones del mismo lugar, solo cambiando la luminosidad y el cromatismo según la ocasión. Representaciones gigantes de sus nenúfares llenan dos salas del Museo de l’Orangerie, en Paris. Otras de menor tamaño, pero igualmente bellas, pude apreciar en el Albertina.

Eso fue ayer. Hoy el día ha transcurrido distinto; mirar la gran colección de Gustav Klimt que ofrecía el Museo Leopold ha sido vigorizante. Es increíble la transición que experimentó su obra desde el dibujo clásico y perfectamente ortodoxo de su adolescencia hasta lo novedoso, lo transgresor, onírico, sensual, erótico y potente de su edad madura. Gustav retrató a la aristocracia de Viena de finales y comienzos del siglo XXI; su tema principal fue la mujer. Famoso es la obra “El Beso” expuesta en el palacio Belvedere, que hoy aparece omnipresente y en variadas formas en el ‘merchandise’ apetecido por centenares de turistas que pasan por el museo cada día. Desde cajitas para remedios, pasando por servilletas, paraguas y posavasos, llevan impreso el famoso cuadro. Tanto en El Beso como en otros cuadros, Klimt utilizó pan de oro como pigmento.

De sus tres obras, Medicina, Filosofía y Jurisprudencia, encargadas para decorar el Aula Magna de la Universidad de Viena, solamente quedan reproducciones, debido a que las originales fueron quemadas por las fuerzas alemanas SS durante su retirada en 1945. Ya las enormes reproducciones expuestas en Albertina me parecieron fantásticas. De una manera onírica y sensual, Klimt introduce en ellas los grandes arquetipos humanos de vida y muerte, nacimiento, juventud y vejez, alegría y tristeza, gozo y dolor. Esta obra, rechazada por el establishment de su época, es hoy admirada mundialmente y es una muestra viva que en el arte, lo establecido y certero, es siempre imperecedero.

Mozart y Klimt son solo botones de muestra de lo que Viena ha producido para el mundo. Muchos filósofos, físicos, músicos y pintores nacieron o pasaron por esta bella ciudad. Por aquí pasaron el filósofo Karl Popper, el psicoanalista Sigmund Freud, los músicos Franz Schubert y Johann Strauss, los físicos Ludwig Boltzmann y Wolfgang Pauli y el ganador del premio Nobel de física Erwin Schrödinger, por nombrar algunos.

Escribo estas líneas desde mi habitación del hotel. Mañana, después de atravesar el Danubio, me esperan las montañas eslovacas, donde podré seguir recreando en mi memoria los buenos momentos vividos en compañía de  algunas de las obras de los dos grandes maestros Klimt y Monet, y de las vistas inconfundibles de la Viena imperial, ahora sumergida en el mundo del siglo XXI.

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5 Comentarios en Un breve paseo por Vienna 

  1. Que bello relato desde Viena de Mennickent! Felicitaciones por ese extraordinario paseo q nos brindó desde la ciudad q nos ha dado tantos talentos, q es Viena! Extraordinario gracias!

  2. Lindo el paseo que nos regala con poesía y arte este importante científico y destacado Astrónomo Chileno.

  3. Qué gran Paseo el suyo Ronald…
    Pero, nos hace viajar hacia la cultura y el arte con este maravilloso artículo, tan bueno como el anterior.
    Ahora, háganos viajar a las estrellas en su nuevo artículo.

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