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Venezuela en el peor de los mundos posibles.

Rafael Luis Gumucio Rivas

Profesor de Historia. Ex director Instituto de historia Universidad Católica de Valparaíso.

Nicolás Maduro y Juan Guaidó son actores secundarios en el drama que vive Venezuela. El conflicto adquiere cada vez más, características geopolíticas y, sobre todo, económicas, que  huelen a petróleo y militares al acecho.

A nadie le importa que los venezolanos se mueran de hambre, de desolación y muerte: como en todas las guerras imperialistas, los civiles inermes en las guerras  son siempre “daños colaterales y necesarios”. Los distintos llamados humanistas,  como el del Papa Francisco y de José Mujica, entre otros, aunque tiernos, conciliadores y valiosos, tienen pocas posibilidades de éxito cuando la pelea es entre “perros grandes”. Algo parecido ocurre con los líderes de países neutrales, como Tabaré Vázquez y Andrés López Obrador, de Uruguay y México respectivamente.

Cuando un conflicto se polariza, o se está con Estados Unidos y sus satélites latinoamericanos, o bien, con Rusia, China, Irán y Turquía, es imposible ser neutral, (recuerdo que en los postreros días de la Unidad Popular, en Chile, o se estaba con unos o con otros, o eras “upeliento o fascista”).

Venezuela es importante para los norteamericanos y sus aliados, pues este país es la reserva más grande del mundo tanto en petróleo como en oro; a su vez, es deudor de China y Rusia y ambas potencias saben bien que los bonos venezolanos no serán nunca pagados, pero dan un interés mensual del 10%, y para algunos bancos norteamericanos su adquisición representa un buen negocio, pues en tres años de intereses recibidos se financiaba el crédito, por tanto, todo lo demás era ganancia. Más allá de las apariencias, la compra de bonos venezolanos era un buen negocio.

A China no le interesan los bonos venezolanos, pues el negocio es el pago directo de la abultada deuda en petróleo. Mientras el gobierno no caiga en otras manos- la oposición – o no declare el default, todo marchará bien. El drama comienza desde el momento en que el gobierno norteamericano se apropie del dinero del pago del petróleo que consume, como acaba de hacerlo al buscar la fórmula de entregárselo al Presidente auto-proclamado, Juan Guaidó, y como la plata es sucia hay que limpiarla con una causa altruista, por ejemplo, la ayuda humanitaria que, supuestamente, se emplearía para paliar el hambre de los venezolanos; pero sabemos que muchas de estas ayudas humanitarias están condicionadas a objetivos políticos impuestas por el dador; por lo demás, estos proyectos caritativos pasan por tantas manos que, al final, al pueblo llegaría un miserable porcentaje, (para probar este aserto se recomienda ver al lector la película Diálogos de exiliados, de Raúl Ruíz).

La ideología  siempre será una falsa conciencia: el mundo material, el juego del dinero y las finanzas y la guerra – el mejor de los negocios – se presenta bajo motivos altruistas que en términos hegelianos, es una  visión invertida del mundo, es decir, enajenación, (por ejemplo, la religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón del mundo sin corazón, en definitiva, el opio del pueblo y una visión “enciclopédica” del mundo al revés.

Los norteamericanos y sus aliados – los europeos y los suches latinoamericanos – como altruista, cuyo único objetivo es “reponer la democracia” en Venezuela, como si fuera una entidad política abstracta, sin relación alguna entre el poder y la economía, y bastara con el sufragio, con fraude o correcto, para definir un país como demócrata.

Por ejemplo, es difícil afirmar que en Estados Unidos reina la democracia cuando en las últimas elecciones Donald Trump perdió por 2 millones en el voto popular y ganó gracias a un sistema arcaico de colegios electorales por el cual Estados pequeños y con baja población, valen igual a Estados grandes como California, por ejemplo. Agreguemos que acaba de ser tomado preso el amigo personal de Trump, quien destapó la intervención de Vladimir Putin en la última elección presidencial.

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3 Comentarios en Venezuela en el peor de los mundos posibles.

  1. «Los paises no tienen amigos, tiene intereses»; esta máxima de las relaciones internacionales fue olvidada por un peon con infulas de alfil, Hugo Chavez. Los apoyos al regimen venezolano que actualmente encabeza Nicolas Maduro, son intentos postreros de quienes han chupado la ubre petrolera durante los ultimos 20 años, huelga nombrarlos. Mucho tenemos que reclamar los venezolanos a los «amigos» viejos y nuevos, y mucho tambien al propio liderazgo politico interno.

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