«Cada vez que oigo un discurso político o leo los de nuestros dirigentes, me horrorizo de no haber oído durante años nada que sea humano. Son siempre las mismas palabras diciendo las mismas mentiras. El hecho de que los hombres acepten, de que la cólera del pueblo no haya destruido a estos payasos huecos, me parece la prueba de que los hombres no atribuyen ninguna importancia a la forma en que son gobernados, de que se juega – sí, se juega – toda una parte de su vida y de sus llamados intereses vitales»

Albert Camus

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Visiones de Arte

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

CURIOSIDADES Y ANÉCDOTAS SOBRE LA VIDA DE CARAVAGGIO

Fuente: https://www.facebook.com/1000quadri/

Nota desde la fuente:

Episodio 1: La queja por las alcachofas fritas

En su novela «Caravaggio: El Portal de Dios», el historiador de arte y pintor Antonello Di Pinto desmiente el mito del artista maldito, pendenciero y galán, retratando una figura más humana, más cercana a la vida cotidiana. Una realidad hecha de olores y sabores, voces en los callejones, el traqueteo de los carruajes, pero también de trabajo duro.

Como nos recuerda el profesor Di Pinto, Caravaggio trabajó incansablemente en sus obras, a veces durante 12 o 14 horas. Podemos imaginarlo de pie ante grandes lienzos como los de San Luigi dei Francesi, donde el artista se desafió a sí mismo y a la historia, reinventando y revolucionando la pintura. Jornadas intensas y agotadoras, en condiciones precarias, entre luces tenues y andamios.

Así que una noche, exhausto, Caravaggio fue a una posada y pidió alcachofas. Cuando el camarero le trajo el cuenco, Caravaggio preguntó si las alcachofas estaban fritas en aceite o mantequilla. El camarero, con rudeza, le respondió que lo sabría con solo olerlas. El pintor perdió los estribos, agarró el cuenco y se lo lanzó al hombre, hiriéndole la cara. El hombre corrió a presentar una denuncia, como consta en los informes posteriores.

Antonello Di Pinto se pone del lado de Merisi. La reacción de ira, que culminó con el lanzamiento del cuenco, debe ponerse en perspectiva, en el contexto de un hombre tan inmerso y consumido física y mentalmente por su arte que caminaba sobre el filo de la navaja. Un hombre vulnerable, por lo tanto, entregado en cuerpo y alma a su misión como artista.

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¡Buena lectura!, señor(a)

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