«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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El desafío demográfico que marca nuestro futuro

Samuel Erices Riquelme

Trabajador Social y académico U. Central

Mientras celebramos avances relacionados al desarrollo humano y modernización, la capacidad de renovarnos como sociedad se erosiona silenciosa y aceleradamente. En este sentido las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE, 2024) indican que la tasa global de fecundidad disminuyó a 1,03 hijos, el registro más bajo de nuestra historia y uno de los más reducidos del mundo. Este dato representa una alerta que compromete el futuro económico, social y cultural del país.

El Censo 2024, indica que con 18,48 millones de habitantes aproximadamente, de esta data los mayores de 65 años representan el 14% de la población, mientras que los menores de 14 años alcanzan el 17,7%.

Detrás de estas cifras hay mucho más que decisiones personales, relacionándose con el alto costo de la vida, la precariedad laboral y la insuficiente red de cuidados empujan a que las parejas posterguen o renuncien a la maternidad y paternidad.

En la actualidad, a pesar de los cambios, las mujeres en particular, siguen soportando la mayor carga de crianza en un mercado laboral que castiga las interrupciones y premia la disponibilidad total. Formar familia y criar hijos se percibe, cada vez más, como un proyecto arriesgado.

Las consecuencias son evidentes, y se relacionan con menor tasa de nacimientos, lo que significa menor tasa de recambio que permita sostener pensiones, financiar el sistema de salud y dinamizar la economía. Otra dimensión es la migración que, si bien puede aportar población joven, depender de ella sin una política de integración sólida solo traslada el problema.

La respuesta exige política de Estado y visión de largo plazo. Ampliar y flexibilizar las licencias parentales, crear jardines infantiles universales y asequibles, entregar subsidios directos a las familias jóvenes y avanzar en la corresponsabilidad de género son medidas urgentes. También se requiere una estrategia migratoria inteligente que complemente, sin reemplazar, los esfuerzos internos. Y, sobre todo, un cambio cultural que devuelva valor social a la crianza, sin que implique sacrificar el desarrollo personal.

Chile no puede resignarse a ser un país envejecido antes de tiempo. Las cifras del INE son una advertencia clara: si no actuamos hoy, cada generación será más pequeña que la anterior y la sostenibilidad de nuestro modelo social quedará en entredicho. El desafío es mayúsculo, pero la oportunidad también lo es.

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