
La paz impuesta con interrogantes.
El mundo ha recibido con un respiro de satisfacción la noticia del acuerdo de paz para el conflicto de Gaza, anunciado formalmente por el presidente de los EE.UU. en un show propio del estilo Trump que reunió a una cuarentena de países provenientes del mundo árabe y de naciones de la Unión Europea, todo ello realizado en la capital de Egipto. El cese del fuego inmediato y la devolución mutua de rehenes (o de cadáveres de rehenes) debe ser valorado y apreciado debidamente.
Sin embargo, para cualquier analista que vaya más allá de los simples titulares de prensa, el ”acuerdo” plantea algunos cuestionamientos importantes que, para aventurarse en el futuro de esta paz, deben necesariamente ser tenidos en debida cuenta. El primero, y más obvio, es que este protocolo es aprobado sinla comparecencia de ninguna de las dos partes en conflicto: Ni Benjamín Netanyahu ni tampoco ningún personero reprsenativo del grupo Hamas, estuvieron presentes. Debe entenderse que Trump asumió, con o sin la tolerancia de éste, la representación del primer ministro israelí, en tanto que Hamas, sin autoridad conocida, se encontró en la necesidad de aceptar un protocolo de 21 medidas, cuyo cumplimiento fue garantizado por la multitudinaria presencia de representantes de países árabes diversos, protocolo cuya imposición tácitamente reconocía su carácter de actor derrotado en esta tragedia.
Otro punto, negativamente destacable, es el desmedrado papel jugado en todo esto, por el Secretario General de las Naciones Unidas, el portugués Antonio Guterres. Su ubicación secundaria en la foto constituye la expresión más clara del desprecio trumpista a la Organización y a todos los organismos multilaterales, prefigurando un nuevo marco en la política mundial en que los EEUU. asumen el preocupante papel de guardianes de la paz universal, que, con su enorme poderío militar, se siente como el señor del bien y del mal y que todo lo decidirá conforme a los intereses propios de ese país. Ello implica que nos encontramos a las puertas de la configuración de un “nuevo orden internacional” en el que las cuatro o cinco mayores naciones del planeta, decidirán los destinos de la humanidad, actuando conforme a sus intereses geopolíticos y económicos y obligando a los demás a aceptar el control de sus recursos naturales o la instalación en su territorio de bases militares o tecnológicas a su amaño.
Para garantizar el debido cumplimiento de este acuerdo, se ha entregado esta responsabilidad al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, organismo que reúne en su seno a las mayores potencias actuales del mundo, cada una de las cuales puede ejercer el “derecho de veto” impidiendo, así, la posibilidad del uso de medidas de fuerza para obligar a las partes del conflicto a cumplir con cada uno de los putos del protocolo. Curiosamente,el otro garante es Donald Trump, en persona. No se trata de los EEUU como nación sino de una persona natural por lo que, si él no estuviere disponible nadie porá asumir su representación.
El transcurso del tiempo nos permitirá apreciar la solidez y perdurabilidad de esta paz impuesta y sus consecuencias.
Finalmente, cabe una reflexión profunda sobre todo esto. La criminal torpeza terrorista de Hamás con su secuela de 300 y tantos jóvenes israelíes inocentes muertos ¿valió la pena en algún sentido? La genocida represalia israelí terminó siendo una orgía de sangre, con escuelas y hospitales bombardeos, con ciudades asoladas por la guerra desigual, con 70.000 niños y mujeres cruelmente asesinados, con multitudes de familias desplazándose desesperadas buscando el milagro de subsistir asediadas por el hambre,las heridas y las enfermedades.







Déjanos tu comentario: