«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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Acceso justo, resultados desiguales

Nassib Segovia

Vicedecano Facultad de Economía, U. Central

Durante años, el debate escolar en Chile ha oscilado entre dos preocupaciones: la selección y la segregación. Por un lado, la defensa de los liceos emblemáticos como “ascensores sociales” basados en el mérito y por otro, la crítica a un sistema que, mediante pruebas y filtros, terminó clasificando demasiado temprano a los estudiantes según el capital cultural. El Sistema de Admisión Escolar surgió para corregir inequidades de acceso, pero su principal efecto ha sido cambiar la regla de entrada sin rediseñar cómo sostener la excelencia en contextos educativos más diversos.

De acuerdo con el ranking nacional admisión PAES 2026, que considera a 3.289 establecimientos del país, los 100 mejores promedios se concentraron en colegios particulares pagados y solo un liceo público logró ingresar a ese grupo. La discusión suele tomar un atajo cuando se afirma que “la tómbola bajó los puntajes”. Hay algo de cierto, pero es una explicación incompleta. El SAE desarmó el mecanismo que concentraba a estudiantes de alto rendimiento en pocos liceos públicos. Al ampliarse la diversidad del estudiantado, el promedio tiende a bajar. Eso no prueba un deterioro pedagógico, sino la falta de herramientas para sostener la alta exigencia.

En los últimos años se han observado avances en materia de acceso a la educación superior, sin embargo, esos avances son principalmente operativos y el problema de fondo persiste. Mejorar el acceso no resuelve los desafíos estratégicos de la educación pública. Cuando la equidad no va acompañada de instrumentos efectivos, la excelencia se privatiza. Por ello, el foco debe estar en el trabajo pedagógico en los liceos públicos, apoyos sistemáticos para cerrar brechas y una gestión SLEP centrada en la sala de clases. Solo así la educación pública podrá ofrecer certeza y recuperar legitimidad ante las familias.

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