El orgullo en exceso, como forma de vida, da paso a la arrogancia, esta es , sin lugar a dudas un elemento contaminante en las relaciones humanas y en las comunicaciones. ...pero además, ¡¡¡ contribuyen a la soledad y generan enajenación social!!!
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¿Qué nos está pasando?

No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa”.

Con esta cita de Ortega y Gasset, el profesor Carlos Peña González, actual rector de la Universidad Diego Portales, da inicio a su reciente libro “Pensar el malestar”.

Peña es, hoy por hoy, uno de los más influyentes columnistas del medio local. Polémico e irreverente, se enorgullece de no bailar al son de la música de los demás y de sustentar opiniones propias aunque ello cause escozor en un ambiente en que nos hemos acostumbrado a reconocer filas en rebaños que nos obligan al maniqueísmo en boga, en ser o esto o esto otro, o blanco o negro, sin tolerar grises o matices.

Se ha dicho, no sin razón, que en las grandes marchas de los últimos meses no ha desfilado un colectivo que comparta una clara y específica demanda común, sino una suma abigarrada de individuos que se siente víctima inconsciente del sistema en algún aspecto de sus vidas: pobreza, salarios, pensiones, educación, salud, dignidad, equidad de género. Hasta la descentralización y el federalismo aparecen en el menú que muestran las paredes de mi ciudad.

Si quisiéramos buscar el “factor común” (como dicen los matemáticos) que de alguna manera, al menos simbólicamente, convoca a los miles y miles de manifestantes que se han expresado a lo largo de todo el país, lo podríamos encontrar en la denuncia de la inequidad y el abuso.

Una “nueva Constitución”, obvio, no pondrá término a una situación social que se vislumbra ya como intolerable pero sí desatará las trabas en que se sujeta el andamiaje de los privilegios y las exclusiones.

Los grandes conflictos sociales son la suma de innumerables problemas individuales que en un momento dado de la historia hacen eclosión y terminan rompiendo el marco que lo que hasta entonces se consideraba muy sólido: el oasis de la normalidad, del statu quo, del orden establecido.

02.03.2020.- Una Mujer No Identificada (MNI) irrumpe en las incontrolables redes sociales, con una denuncia. Madre de un pequeña criatura, trabajadora del Consorcio Financiero Larraín Vial (uno de los grupos más poderosos del oasis) dice: “Hoy tuve que darle leche a mi hijo de tres meses en el baño, junto al basurero… al lado de los papeles con caca…El Gerente de Recursos Humanos de Larraín Vial, me ofreció como mejor opción el baño, ignorando una petición de una sala de reunión. Humillante, indignante. ¿Deberé extraerme leche ahí?”. La afectada reconoce que el Gerente le “pidió disculpas” y la empresa Larraín Vial, también, expresando: “Junto con habernos disculpado, lamentamos profundamente el error. En los próximos días contaremos con nuestra primera sala de lactancia”.

El Consorcio autor del “desaguisado”, mueve cientos y cientos de millones de dólares, mantiene agencias y sucursales en diversos países de América, ocupa directamente alrededor de 800 personas, y se proclama con desenfadado orgullo como una de las mejores cincuenta empresas para trabajar en el país. “No hay barreras para ser parte de Larraín Vial. Entregamos las mejores opciones de inversión a personas, empresas e instituciones. Ser parte de Larraín Vial significa integrar un equipo, dentro de un ambiente agradable donde se incentive el emprendimiento, se premien los compromisos y se valore la confianza. Ofrecemos a todos los que trabajan en la empresa la posibilidad de crecer y desarrollarse en el plano profesional y humano”, dice su carta de presentación.  También, ahí, aparece como Gerente Corporativo de Recursos Humanos un señor Luis Eduardo Montes Müller, Es posible que él no sea el aludido por la denunciante y, en tal caso, más le valdría aclararlo en resguardo de su honor.

Teniendo presente las consideraciones y antecedentes expuestos, algún comentarista en las redes sociales, se ha preguntado: ¿No serán estos mismos personajes los que se llenan la boca hablando de la importancia de los niños, gritando ofuscados el NO al aborto, proclamando la sacralidad de la vida humana? ¿No serán los mismos que se enorgullecen de que con sus empresas “dan trabajo” pero que de hecho solo buscan comprar servicios al menor costo posible?

De seguro, hay un número enorme de empresas que no tienen en sus establecimientos e instalaciones “salas de lactancia”. Algún día las tendrán: cuando se dicte la ley que las obligue a ello. Pero, más allá de los requerimientos de habilitación de espacios físicos en un lugar de trabajo, la cuestión radica en el atropello a la dignidad humana del obrero o dependiente al que se mira como ser inferior. Como comentara alguien en las redes, si llegara la señora de un inversionista o la mujer del jefe y necesitara un lugar para amamantar o extraer leche, ¿la mandarían al baño?

04.03.2020.- En las instalaciones de Copiapó de la empresa Frutícola Atacama Limitada, mueren asfixiados 4 jóvenes trabajadores por inhalación de monóxido de carbono. Se les había autorizado para ocupar como lugar de descanso una pieza en desuso, al lado del frigorífico. Los jefes no estuvieron dispuestos a habilitar un lugar ad hoc ni a verificar las condiciones del recinto junto con la mutual de seguridad a la que están afiliados. ¿Para qué incurrir en un gasto innecesario? Hasta ahora no se conocen los nombres de las personas naturales que conforman la compañía y que, como siempre sucede, se encapuchan bajo una atractiva “razón social”.

Retornando al punto de partida fijado por Ortega y Gasset, pareciera no ser tan difícil indagar en lo que nos pasa como país. Hace ya mucho tiempo que hemos dejado de ser una comunidad. La aporofobia, el miedo (¿o el desprecio?) a los pobres de que habla Adela Cortina, se ha insertado en nuestra cultura, en nuestros valores. Podemos ir a misa, golpearnos el pecho, entornar los ojos, pero el egoísmo, la segregación, la discriminación social y económica, se han enraizado en nosotros. Cuando el acumular dinero se ha transformado en nuestra única razón de ser, es muy, pero muy difícil que las cosas cambien.

Por ahí parece que va la respuesta a la pregunta  que nos interpela: ¿Qué nos pasa?

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2 Comentarios en ¿Qué nos está pasando?

  1. En análisis acerca de “lo que nos pasa”, de René Fuentealba, se reconoce el conocido aforismo: “del dicho al hecho hay mucho trecho”. Esto se comprueba al leer en ficheros murales o en sitios web de empresas e instituciones como “se presentan”, lo que son y como son y las -muy de moda- “Misión” y “Visión”. Para buscar la verdad tras los textos debemos tratar de ‘leer’, entre líneas, la sinceridad de lo que expresan y sacar así nuestras conclusiones.

  2. Contundente mensaje, que comparto. Lo unico que podria agregar que esa codicia, el miedo, la aparofobia , …., no se instalan de la nada, no surgen de la nada, tienen detras un sistema que las ampara, que las sustenta, que las potencia y que se nutre de ellas. Y es este modelo neoliberal exacerbado en que estamos que potencia el individualismo como condición. Es al menos como yo lo veo.
    Gracias !.

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