
EDITORIAL. Kast en la encrucijada
El presidente José Antonio Kast se encuentra enfrentado a la necesidad impostergable de tomar decisiones que marcarán el rumbo de su gobierno para los 45 meses que aún restan para el término de su mandato. Cuando apenas ha transcurrido una fracción menor del tiempo constitucional, todas las encuestas, de diverso origen, le otorgan un deteriorado apoyo ciudadano inferior al 40%, porcentaje que implica una caída de más de veinte puntos en relación con su punto de partida a inicios de su mandato.
En las filas de las fuerzas de gobierno hay una notoria desazón por un dato que sin duda hace vislumbrar anticipadamente una serie de problemas para la gobernabilidad del país. Los partidos políticos más tradicionales – Renovación Nacional y UDI – ya han expresado de diversa forma su preocupación por las decisiones del mandatario y del Ejecutivo en general que pueden afectar su futuro para más adelante.
Las abruptas salidas de las ministras Mara Sedini y Trinidad Steinert no solo reflejaron el grave error político que implicó su designación sino que pusieron al desnudo los niveles de improvisación con los cuales ha operado el mandatario. La súbita destitución de los subsecretarios Andrés Jouannet y Ana Victoria Quintana sin que se informara a la ciudadanía acerca de las razones y justificaciones que la explicaran, sorprendió a la ciudadanía en general. Si a esto se agrega la decisión de perseverar en la mantención de biministros, con los problemas que ello implica para la gestión de las respectivas carteras ministeriales sin los ajustes legales indispensables, la labor pública se muestra débil generando confusión frente a la ciudadanía. La “guinda del postre”, sin duda, la constituyó la proclamación del ministro Martín Arrau como eventual candidato a la Presidencia de la República para el período 2031-2035 gesto con el cual lo puso en la palestra generando incomodidad entre las fuerzas de la coalición gobernante.
El mero transcurso del tiempo ha ido generando inquietud y problemas entre ellas, lo que complica la gestión con graves consecuencias para la ciudadanía que espera impaciente el abordaje por parte del Ejecutivo de sus más apremiantes inquietudes.
La reforma constitucional que en su momento abrevió la extensión de los mandatos presidenciales, impuso a las nuevas autoridades la obligación de actuar con celeridad en el cumplimiento de sus tareas más urgentes. Los titubeos, dudas, improvisaciones, configuran un panorama inquietante que, si no es asumido con presteza, terminará por afectar gravemente la convivencia ciudadana.







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