«¿Cómo de imaginas el Chile de 20 o 30 años más? ¿Cómo te imaginas el país que dejarás a tus hijos y a tus nietos?»

 

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ADIÓS A LOS FRANCISCANOS DE CHILLAN.

Fernando Arriagada Cortés

Investigador y escritor.

Cuesta creerlo, si cuando éramos acólitos de esa recordada parroquia o integrábamos la juventud cristiana de los años setenta, nos habría parecido un mal chiste, pero la verdad es esa. Días pasados los religiosos hicieron formal entrega del icónico convento al Obispado de Chillán y ellos, se replegaron a su comunidad parralina desde donde la atendían, en un proceso de entrega que tardó años.

Todo tan distinto a ese lejano 1585, cuando arribaron desde Santiago para fundar el convento chillanejo un 23 de enero o cuando se anexó un Colegio de Misioneros de la Propaganda Fide en 1756 para ir a evangelizar a los mapuches cuando los jesuitas fueron expulsados en 1767. A partir de ese tiempo, los franciscanos de Chillán, todos españoles, hicieron de esta ciudad su punto de encuentro y partida de la evangelización del sur austral mapuche, chiloense, patagónico y hasta magallánico en un proceso que se extendió más allá de 1905. Los avatares que sufrieron a raíz del proceso emancipador, los traslados del convento de Chillán Viejo al actual a consecuencia del violento terremoto, el esfuerzo por llevar la palabra de Cristo a lugares remotos, de difícil acceso y peor comunicación, la traída de religiosos italianos, la sangre que regaron sus mártires como el misionero fray Antonio Cuzco en Río Bueno en 1792 y la del chillanense Gregorio Acuña en 1851, víctima del motín de Cambiazo en Punta Arenas o los dos religiosos que llegaron  a ser Obispos como monseñor Pedro Ángel Espiñeira en Concepción y el italiano Benedicto Spila, en Alatri, después de una fecunda labor entre mapuches.

También podemos integrar a fray Francisco Alday o Mariano Ramis, de gran liderazgo entre los mapuches y chilotes respectivamente o los maestros de O’Higgins, Blas Alonso y Gil Calvo. A fray Domingo González, fundador del convento en Chillán actual. Manuel Unzurrunzaga, Prefecto de Misiones nombrado por el Papa en 1837 o el padre Antonio Hernández Calzada, autor de un valioso catecismo en mapuche. Y por supuesto los chilenos como José María Sepúlveda, santo misionero al igual que Buenaventura Ortega o Victorino Palavecino. Digno de mención el padre Roberto Lagos, poeta, músico, profesor y autor de un libro relativo a las misiones de este apostólico colegio,  al igual que los padres Honorio Aguilera, Pedro Alarcón o Ramón Ángel Jara, este último creador del conjunto musical Flautas dulces y tantos más.

Los franciscanos de Chillán llegaron a contar con una gran comunidad, auxiliada con el fundo Los Guindos para su manutención cuando les fue entregado en 1832 por el gobierno del Presidente Prieto. Colaboraron en fundar el Colegio de misioneros en Castro, formaron parte de una Provincia Misionera y se independizaron como Custodia Cristo Rey entre 1927 y 1978, con varias comunidades a su cargo, como Parral,  Cauquenes, Chillán, Concepción, Angol, Collipulli y Mulchén. Contaban con un colegio seráfico para cultivar nuevas vocaciones, una escuela particular para los laicos, hoy Colegio San Buenaventura, como también una imprenta, en donde hacían la revista Paz y Bien.

Pero los tiempos cambiaron: el personal disminuyó por muerte o falta de vocaciones, Los Guindos fue expropiado y lo que quedó, vendido. El Colegio fue traspasado a una comunidad de monjas y algunos conventos cerraron por falta de personal, lo que obligó a ser intervenido y anexados con cierta independencia a Santiago, hasta ser disuelta la custodia y quedar Chillán como una comunidad más de la provincia religiosa de la Santísima Trinidad a partir de 1990. Hace pocos años fue entregada la parroquia de San Francisco al Obispado y hace un par de años se retiraron de nuestra ciudad capital regional y fue atendida desde Parral, hasta su completa entrega en abril pasado.

Hoy solo nos queda agradecer a Jesús por habernos regalado la compañía de estos cristianos franciscanos por más de 400 años y los cuales hicieron un fecundo trabajo que siempre valoraremos como las misiones, la atención parroquial, los grupos musicales ahí formados, la santa Porciúncula que atraía decenas de peregrinos, las novenas o el inolvidable mes de María, junto a las procesiones de Purísima o la nocturna de San Francisco, el pan de los pobres de san Antonio o las instituciones laicas como la Orden Tercera o las Hijas de María, etc.

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