«Sería insensato pensar que podemos reducir la desigualdad confiando en la magia del mercado o en la tecnología. Los mercados libres, en ausencia de sindicatos o de intervención gubernamental, tenderán casi siempre a la acumulación de riqueza, sobre todo si quienes ya son ricos pueden garantizar la entrada de sus hijos en las clases acomodadas mediante una educación de élite»

Ben Ansell

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Santiago, 22 de abril 2016. Se realiza el traslado de los restos del ex presidente Patricio Aylwin desde la Catedral Metropolitana al Cementerio General, encabezado por un Escuadrón del Regimiento Escolta Presidencial Granaderos a caballo. Christian Iglesias/Aton Chile.

Apóstatas y Renegados

Miguel Horacio Hinojosa Machuca

PhD, docente facultad de educación. Universidad de Concepción.

Ambos términos tienen igual significado, son sinónimos. Se dice de aquellas personas que abandonan su religión por otra y que generalmente son contrapuestas y lo hacen públicamente, sucede algo parecido cuando se abandona un partido político para ingresar a otro bien se apoya a personas cuyo pensamiento está en las antípodas de lo que se abandona.

En estas últimas elecciones presidenciales se ha podido constatar como personas con larga data como militantes demócratas cristianos y habiendo usufructuado por largos años del nombre institucional y de ser clientela predilecta hicieron público su apoyo al candidato de extrema derecha José Antonio Kast que en la forma y en el fondo de su pensamiento, es diametralmente opuesto a la ideología demócrata cristiana, lo que no pocos de sus dirigentes parecieran ignorar.

Nos interrogamos si aquellos que renegaron y cayeron en la apostasía. ¿ Se sintieron alguna vez interpretados por este gran centro ideológico que fue la democracia cristiana (D.C.)?. Centro político progresista y programático que realizó grandes transformaciones con un sentido claramente social, o bien ¿. se subieron al carro de la victoria con neto sentido del oportunismo y la ubicuidad?

Recién comenzado este año 2022, se ha llevado a efecto una elección para cambiar la directiva nacional del D.C., se han presentado tres listas donde se han registrado unas votaciones de las más bajas de la historia que se hayan realizado en este conglomerado político. Diez mil militantes en todo el país. Esta cantidad la tenía, solo la Provincia de Concepción algunos años atrás.

En el presente es menester lamentar, observar una institución política debilitada por sus constantes rencillas internas, cada vez menos democrática y menos cristiana. Como no recordar esas epístolas cargadas de odiosidad y de rencor que terminaban con la paradójica frase “en la confraternidad demócrata cristiana se despide de usted….fulano, fulana etc. “

Ha sido del mayor interés servirse del poder y no utilizarlo al servicio de los más necesitados. Ciertamente hay honrosas excepciones. Los apóstatas que otrora usufructuaron del poder y que hoy viven sin mayores sobresaltos, lo han podido hacer por su oportunismo e inconsecuencia, viejos carcamales del género humano, salidos del sarcófago del pasado, transitan junto a sus incondicionales que avivaron el ego de sus patrones de turno.

Los apóstatas de dentro (los más peligrosos) y los de fuera, que ya son públicos son los grandes responsables que habiendo tenido una D.C. grande, cohesionada y con grandes realizaciones y hoy reconocida por investigadores sociales de distintos pensamientos, se haya llegado a una institución, debilitada en sus bases, acuosa, sin unidad interna y que está casi al borde de su extinción.

En una interminable comedia de equivocaciones, las precandidatas D. C. a la presidencia del país se han anulado unas a otras y después del fracaso se han dado a conocer teorías como aquella de “tomar palco”. Queriendo llegar a lo más alto, se han desconocido mutuamente, obteniéndose como resultado el rechazo popular al observar tanta inconsistencia y tanta inconsecuencia.

Una institución atomizada, desunida, donde también los parlamentarios han jugado un rol no menor y que pese a lo exiguo de su militancia continúa más desunida que nunca. Un partido reducido y debilitado por el accionar de los apóstatas y renegados desde parlamentarios pasando por intendentes y jefes de servicio y otras layas que es largo enumerar, se puede apreciar como traicionaron sus ideales (si alguna vez los tuvieron). Es posible que se pueda abandonar una institución política si no se está a gusto, pero nunca claudicar los nobles ideales de servir a la persona en la búsqueda de su dignidad y del bien común: “los pobres no pueden esperar”.

¿Qué hacer en este momento crucial? El diagnóstico es certero puede devenir en una enfermedad terminal, al menos que se haga una higiene, una limpieza total, “que el último apague la luz” y que la nueva luz ilumine a las nuevas generaciones. En el presente y en el pasado reciente la D.C. no ha estado en el poder, volverán aquellos auténticos que profesarán un ideal que ya tuvo sus destellos históricos, volverán e ingresarán “los puros de corazón”, volverán solo aquellos que profesen los ideales sembrados por nuestros fundadores, todavía vigentes, que se habrán equivocado no pocas veces, pero fueron honestos, responsables y siempre respondieron de sus acciones, incluso a expensas de su propia vida.

Como lo sostuvo más de una vez Renán Fuentealba, político cristiano excepcional. Aunque permanezcan solo tres militantes honestos en la D.C., ellos serán la semilla fuerte y poderosa que hará renacer a una D.C. comprometida con los cambios sociales apremiantes y necesarios en el actual contexto histórico.

Mientras tanto aquellos miles de personas, más afuera que dentro de la D.C. y que sienten y procuran vivir el humanismo cristiano, sienten el futuro con una cierta angustia existencial.

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