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Camilo Catrillanca y un estado de derecho que se cae a pedazos

Paulina Acevedo Menanteau

Periodista y comunicadora en Derechos Humanos Observatorio Ciudadano @PaulinaAcevedoM

Con particular estupor recibí la tarde del miércoles la noticia de que nuevamente la policía había asesinado -por la espalda- a un mapuche; y no cualquier policía, sino aquella que se formó en Colombia y Estados Unidos para ejercer represión política bajo técnicas de guerra y exterminio: el Comando Jungla.

Tampoco se trataba de cualquier mapuche. Era Camilo, hijo de Marcelo Catrillanca y nieto del emblemático lonko de Temucuicui. Una comunidad especialmente azotada por la militarización del territorio mapuche, en la cual en años pasados desarrollamos, con el Observatorio Ciudadano, dos misiones de observación en derechos humanos para constatar en terreno y con la participación de distintos profesionales los graves efectos y secuelas, especialmente en niñas y niños, que provoca el constante hostigamiento y los salvajes allanamientos perpetrados por Carabineros, casi siempre de madrugada y bajo la complicidad de la noche.

Camilo, que en ese entonces era uno de esos niños, había sobrevivido a estas traumáticas experiencias y llegado a formar una hermosa familia de la cual la muerte lo separó a sus cortos 24 años dejando atrás a una hija de seis años y otro hijo en camino, como me enteré dolorosamente por las informaciones que no paraban de llegar.

De hecho el joven Camilo, que en los momentos de mayor expansión del movimiento estudiantil se convirtió dirigente y en un defensor de los derechos de su pueblo, exigiendo siempre el fin a la violencia de Estado contra su pueblo, iba tranquilamente rumbo a su hogar montado en el tractor que trabajaba a diario, cuando una bala enferma de odio y de control entró desde atrás a su cabeza. Junto a él iba un niño de 15 años que pudo haber sido también impactado de muerte en lo que se transformó en una cacería, de no ser porque Camilo le advirtió que se agachara cuando comenzaron a caer las balas. Los animales de la Jungla estaban desatados por toda la Comunidad, por un supuesto robo de vehículos.

Su cuerpo fue trasladado por sus propios asesinos a un centro de asistencia de la red pública y el niño detenido. No pasó mucho tiempo para que la noticia de su deceso se propagara como el viento entre los cerros. Del niño no había noticias. Se pensó que estaría también herido. Carabineros no dejaba verlo a la familia. Finalmente fue pasado a control de detención al día siguiente, y el Tribunal de Garantía de Collipulli la declaró ilegal. Hoy se encuentra bajo protección, y es testigo clave para acreditar que Camilo fue asesinado a mansalva por agentes que sabían perfectamente, pues custodian la zona, quién era el joven mapuche que tenían al frente.

Mi consternación ­aunque no sorpresa­ fue en aumento hasta alcanzar la rabia, tras escuchar las declaraciones del general director de Carabineros, Hermes Soto, y del Intendente de la Araucanía, Luis Mayol. De acuerdo al ardid que fraguaron para justificar lo injustificable, Camilo sería uno de los asaltantes -que se dice “encapuchados”- habrían robado tres autos desde un colegio. Los que, curiosamente, aún no han sido encontrados pese a un despliegue de más de 200 efectivos y helicópteros que les habrían seguido desde el aire, irrumpiendo de lleno en Temucuicui. Tampoco se sabe de las afectadas, ni de declaraciones del establecimiento donde habrían sucedido los hechos.

Como la desproporción del operativo, no hacia creíble las declaraciones de estas “autoridades”, había que reforzar estereotipos y la peligrosidad. El Intendente dijo entonces que Camilo había sido antes condenado por un delito similar, pero un certificado de antecedentes penales que circuló al día siguiente lo desmiente. Carabineros, por su parte, desplazó imágenes de impactos de bala en “uno” de sus vehículos para hacer más verosímil la versión del fuego cruzado. Aún más burdo que el simulacro de enfrentamiento que quisieron hacer pasar en el asesinato, también por la espalda, de Jaime Mendoza Collio en 2009, acreditando la Policía de Investigaciones que Carabineros había disparado con posterioridad a sus chalecos antibalas para deslindarse del crimen al comunero mapuche en una ocupación pacífica de terrenos que reclamaban.

El gobierno central, en tanto, guardaba silencio y lo haría hasta el día siguiente. Cuando el ministro del Interior Andrés Chadwick salió a respaldar a Carabineros, diciendo que lamentablemente en medio del operativo una bala loca habría impactado a Camilo. Lo que me llevó a recordar el asesinato del dirigente sindical Luis Jiménez. Y es que el Estado cuando asesina sin razón ocupa las mismas argucias para salir del entuerto y los cuestionamientos, amparados por la impunidad en que han quedado sus crímenes anteriores.

Pero ya se sabe, “un pueblo sin memoria, es un país sin historia”. Y el pueblo mapuche, como el chileno, han ido acumulando en el recuerdo estos hechos y esta vez, frente al asesinato de Camilo, salieron a las calles de forma espontánea y contundente a decir ¡ya basta!

Por eso apunta el historiador Jorge Baradit, al señalar que “el nivel de la reacción social frente a la muerte de Camilo Catrillanca tiene que ver con la empatía dolorosa que nos produce el abuso de poder y la desigualdad a que estamos constantemente expuestos.”

Solo agregaría que cuando un Estado asesina de forma sistemática y sus autoridades mienten para encubrirlo, más aún, cuando éstas justifican el actuar de sus agentes sin condenar los hechos, estamos sobre una línea muy delicada. La del Estado de Derecho, que en Chile se cae a pedazos, del mismo modo que en dictadura.

Por eso espero, como dijo el poeta y Premio Nacional de Literatura Raúl Zurita, que el rostro de Camilo cubra el horizonte, hasta que veamos despuntar la luz de la verdad y por sobretodo de la justicia para condenar de modo ejemplar a quienes le dieron muerte. Únicamente así podremos, de una vez por todas, comenzar a poner fin a la larga noche de oscura y dolorosa impunidad.

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3 Comentarios en Camilo Catrillanca y un estado de derecho que se cae a pedazos

  1. Su artículo amiga, a demás de su pasión tiene una rica mezcla de objetividad y rigor analítico, que hace que su postura en este artículo, ayude a enriquecer las conciencias ciudadanas.
    Muy bueno, gran aporte.

  2. La rabia y la impotencia me nublan y me impiden desarrollar idea alguna…
    Sólo decir que su columna merece ser replicada por “Cielo, Mar y tierra”.
    Hasta destapar lo oidos y ojos de los que se niegan a ver y escuchar tan espelusnante realidad y traición a un pueblo que llora por sus mártires que sólo piden justicia y se les devuelva la dignidad usurpada.

  3. Estamos todos consternados por ese crimen perpetrado por un carabinero e indignados con la forma de actuar de Carabineros. El atentado debe juzgarse y castigar a los que resulten culpables. Esperamos que este alevoso crimen sirva para tomar la decisión de eliminar ese Comando Jungla.

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