Existir es fácil, vivir un tanto más complejo. ...Pero vivir comprometido con un cambio de las injusticias sociales, humanas, económicas y medioambientales, eso sí es difícil, pero realmente valioso, eso es vivir de verdad!!!
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De transparencias y opacidades

Montones de veces hemos afirmado, y lo seguiremos señalando majaderamente, que, más allá de dictadorcitos y tiranuelos, el principal enemigo de la democracia se encuentra en el seno de la propia democracia.

Cuando el sistema político se transforma en algo inerte, carente de toda vitalidad, quiere decir que la amenaza está a la vuelta de la esquina. Una democracia pasiva, que convierte al ciudadano en un mero robot que debe ir cada cierto tiempo a depositar un pedazo de papel en una urna (a marcar preferencia a un nombre que otros decidieron) simplemente es una democracia vulnerable.

El compromiso activo solo se alcanza con altos niveles de organización para hacer posible la participación y, de esta manera, lograr que los representantes interpreten lo que realmente requieren los ciudadanos. La implantación bajo dictadura de la ideología del individualismo sin duda que destruyó el tejido social con consecuencias graves para la vida en comunidad. Este es un tema que da para largo y que en otra oportunidad será necesario abordar cabalmente.

Por otro lado, la ciudadanía tiene el deber de ejercer una tarea fiscalizadora respecto de quienes, ya sea por decisión cívica o por conformar parte de la institucionalidad pública, tienen que ejercer funciones que les han sido asignadas por la Constitución o por las leyes. A unos y a otros se les remunera y, por lo tanto, se tiene el derecho de exigirles que su trabajo lo hagan en forma eficiente y con honestidad. La honestidad no solo significa “no robar” sino hacer uso ilegítimo (aunque sea legal) del cargo público en todos sus ámbitos. Y, además, la ciudadanía tiene derecho a conocer aspectos de su vida privada en cuantos estos tengan relación con la función pública. Un caso típico, es el de Donald Trump, personaje que se ha negado sistemáticamente a hacer públicas sus declaraciones de impuestos ante la sospecha fundada de que existan importantes falsedades.

En Chile, por ley 20.285 de 2008 (modificada por la 21.210) se creó el Consejo para la Transparencia cuyo principio fundamental radica en declarar que son públicos, es decir de libre acceso para cualquier ciudadano, todos los actos y resoluciones de la administración del Estado en un sentido amplio, incluyendo sus fundamentos y los documentos que les sirvan de sustento o complemento y los procedimientos. En uso de estas disposiciones, personas naturales y órganos de prensa (como el reconocido sitio de investigación CIPER) han podido exigir que se transparenten, incluso por parte de las Fuerzas Armadas y de Carabineros, antecedentes sobre situaciones que se están pesquisando.

El Consejo está integrado por cuatro miembros que son designados en un acto único por el Presidente de la República con la ratificación por dos tercios por parte del Senado.

Su presidente actual es el abogado Jorge Andrés Jaraquemada Roblero quien goza (en el cabal sentido de la palabra) de una remuneración $8.602.954.- mensuales.

La ley del Consejo para la Transparencia establece que el cargo de consejero de la entidad es incompatible, entre otros casos, con la calidad de integrante de los “órganos de dirección de los partidos políticos”. Se pretende con ello lograr un mínimo de independencia en su accionar.

La letra de la ley es clara pero su espíritu, revisado con un mínimo de ética y de sentido común, lleva naturalmente un poco más allá. Sucede que el abogado Jaraquemada es Director Ejecutivo de la Fundación Jaime Guzmán, think tank indudablemente perteneciente a la Unión Demócrata Independiente tanto que casi la totalidad de los parlamentarios de la UDI contratan sus asesorías, financiadas por la Cámara de Diputados y el Senado, con esta entidad. Peor aún, el cargo de Jaraquemada es remunerado y resulta que el ícono de la transparencia pública en Chile se ha negado sistemáticamente a dar a conocer el monto de este “segundo sueldo”.

Transparencia, de acuerdo al Diccionario, significa diafanidad, claridad, limpieza, y su antónimo es la Opacidad. La Opacidad es una cualidad de los objetos que impide el paso de la luz, que impide que se vea lo que está detrás de estos, corresponde, en otras palabras, a algo turbio y sombrío.

Si se pretende elevar los estándares de nuestra alicaída democracia, la opinión pública auténtica, la que no está intermediada por los conflictos de interés que frecuentemente se presentan con los medios tradicionales de prensa, debe ser implacable en condenar este tipo de conductas. ¿O vamos a llegar al extremo de exigir que cada vez se apruebe una nueva norma legal para ir tapando los orificios que muchas veces, por descuido o por falta de imaginación, dejan abiertos las palabras?

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1 Comentario en De transparencias y opacidades

  1. A pesar de todas las ‘iluminaciones’ claramente (valga la redundancia) expuestas en esta columna, los que actualmente nos gobiernan a través de los tres poderes del Estado silban estúpidas melodías y miran hacia los lados.

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