
Dos temas directamente relacionados: Urbanismo y Naturaleza
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En el diario El Sur del sábado 20.12.2025, podemos leer dos escritos de gran importancia y trascendencia. El primero, la destacable columna en la página 2, “Día del Migrante: migrar sin habitar, exclusión persistente”, de Rosa Villarroel, directora de Trabajo Social UNAB y el segundo, la nota de la página 7, “Cochamó: campaña reunió 78 millones de dólares para resguardar 133 mil hectáreas” para resguardar hermosos paisajes de ríos, lagos y montañas que albergan 58 mil hectáreas de bosques primarios, casi el 11% de los alerzales del planeta, y especies como el huemul, el monito del monte, el pudú y la ranita de Darwin indispensables para mantener la biodiversidad y frenar los cambios climáticos que tanto daño están provocando tanto a la biodiversidad como a la humanidad.
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En su columna Rosa Villarroel, hace una punzante crítica al tratamiento socio-político que se le ha dado al manejo del suelo y la vivienda y su relación con las migraciones humanas, destacando que el “acceso al suelo y la vivienda suele reducirse a cifras, catastros y debates técnicos, transformando conflictos profundamente sociales en meros problemas de mercado”. Sin embargo, continúa, “desde una perspectiva de derechos humanos surge una pregunta ineludible: ¿qué ocurre cuando el derecho a la vivienda digna y el derecho a la movilidad humana colisionan con un modelo urbano que concibe el territorio como activo financiero y no como soporte de vida?
Se alude también a la incapacidad del Estado para enfrentar debidamente y con respeto para el ciudadano y el migrante, tanto al interno (migración campo-ciudad) como al extranjero. Esta es una terrible verdad: el abandono estatal del tratamiento racional del problema urbano. Esto lo ha señalado enfáticamente el arquitecto y urbanista Antonio Zelada, en varias oportunidades en sus artículos, en el sentido que solo se norma el uso del suelo urbano (y agrego que muy mal, con las interminables e inconclusas modificaciones de los planes reguladores) pero no así el uso del suelo rural, que también se ha dejado, erróneamente o adrede, al libre y desregulado albedrío del mercado base “ideológica” del neoliberalismo.
Valga este comentario como introducción e invitación a los lectores de La Ventana Ciudadana (LVC) a la lectura de la columna y para comprender su directa relación con la nota sobre Cochamó, en la región de Los Lagos.
El libertinaje que ha provocado mantener lo rural mal regulado o lisa y llanamente desregulado –al permitir subdivisiones de predios rústicos en elitistas ‘parcelas de agrado’ de 5.000 metros cuadrados de superficie sin ningún control ni límite y con engañosas propagandas y lobby que proliferan en avisajes de prensa y en redes sociales– está destruyendo los territorios inmisericordemente.
Para evitar la venta del Fundo Puchegüín [1] para fines turísticos y parcelaciones, la campaña abierta a iniciativa de la comunidad organizada de Cochamó y liderada por la ONG Puelo Patagonia, logró el loable objetivo de ir a su preservación, marcando otro hito para la conservación en Chile y en el mundo. El fundo estaba en manos del empresario Roberto Hagemann, quien lo había puesto en venta tras su fallida intención de construir una central hidroeléctrica en la cuenca del Río Manso [2].
El territorio preservado corresponde a cerca de un tercio de la superficie total de la comuna de Cochamó y permitirá conectar un corredor biológico de aproximadamente 1,6 millones de hectáreas de áreas protegidas entre Chile y Argentina. Asimismo, la compra del fundo asegurará la continuidad de la cultura y de los oficios tradicionales de los habitantes de ese territorio. Las comunidades han enfrentado la incertidumbre ante las amenazas de subdivisión de la tierra y el desarrollo inmobiliario, además de proyectos industriales de alto impacto y turismo no regulado, como se expone en la mencionada nota del diario El Sur de Concepción.
La exitosa iniciativa ha sido posible por el ejemplo de preservación de territorios prístinos gracias a las acciones de compra de terrenos del empresario, ambientalista y filántropo norteamericano Douglas Tompkins, en Chiloé, Aisén y Magallanes.
Cabe destacar que la superficie del Fundo… es casi el doble de la del Parque Patagonia (ex Estancia Chacabuco) de ca. 70 mil hectáreas, adquirido por la esposa de Douglas, Kristine McDivitt Tompkins, también conservacionista, para conservación y re naturalización (“rewilding”), que estuvo en venta porque dejó de ser comercialmente explotable con la tradicional ganadería ovina debido a la erosión provocada por el sobre talaje durante décadas desde fines del s. XIX y comienzos del s. XX, época de la Sociedad Ganadera del Baker.
Para darse una idea de la orografía y paisaje del Fundo Puchegüín, vale ver este vídeo https://youtu.be/hhtRlSIB4Bg (tpo. aprox. 27’) del Parque Pumalín, la primera adquisición de Tompkins.
Esta nueva gesta conservacionista protagonizada por la Comuna de Cochamó, nos renueva la esperanza de continuar preservando la naturaleza gracias al espíritu altruista de tantos chilenos, mujeres y hombres, que se han ido sumando voluntariamente a la noble tarea.
Es de esperar que nuestros hermanos argentinos puedan seguir con la aguerrida defensa del agua en la cuenca alta del Río Mendoza, amenazada por la mina de cobre San Jorge.
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