
La paz sangrienta
F. P.
En comentarios anteriores, hicimos presente la fragilidad del tratado, anunciado con bombos y platillos por el presidente de los Estados Unidos Donald Trump quien en ese tiempo aspiraba a ganar el Premio Nobel de la Paz. con el fin de poner término al grave conflicto entre el estado de Israel y el grupo Hamas.
Aunque la presencia de una decena de mandatarios árabes, del presidente de Francia Emmanuel Macron y del Secretario General de las Naciones Unidas Antonio Guterrez, dio especial solemnidad al acto, era evidente que el acuerdo no solucionaba el problema de fondo: el reconocimiento del derecho a la existencia de un Estado Palestino, lo que resultaba inaceptable para el gobierno israelí encabezado por Benjamín Netanyahu.a una
Sin embargo, una de las medidas más valiosas contempladas en su momento, era el inmediato “alto al fuego” entre las partes contendientes, ya que en la Franja de Gaza los ataques israelíes habían causado miles de muertos. Los bombardeos destruyeron escuelas y hospitales, dejando en el camino los cadáveres de mujeres y niños, de personal sanitario, de periodistas, a tal extremo que hubo consenso generalizado en apuntar a Netanyahu como autor de crímenes de guerra que requerían ser juzgados por tribunales internacionales en cuanto fuera posible.
El ejército israelí procedió a ocupar todo el territorio de la Franja de Gaza, provocando el desplazamiento de centenares de familias que debieron emigrar sin rumbo, condenados a perecer por carencia de agua y alimentos básicos. Su situación se sumó a la que ya estaban sufriendo, puesto que durante casi dos años Israel impidió la llegada de alimentos y elementos sanitarios indispensables para prestar atención a una población diezmada por el hambre y las carencias mínimas para subsistir.
Si se miran objetivamente las cosas, habría que reconocer que Netanyahu y su corte, han ganado la guerra. El dominio total sobre la Franja de Gaza, el desplazamiento de la población palestina, el ataque implacable contra los países aledaños acusados de guarecer a grupos terroristas vinculados con Hamas, constituyen hitos que sostienen esta afirmación.
Pero, la imagen pública del Estado de Israel, ha quedado dañada irreparablemente para siempre, Las comunidades judías esparcidas por todo el mundo, deberán soportar esta vergüenza y quedarán expuestas – aunque obviamente sean inocentes – a atentados terroristas por doquier. Así, el domingo 14 de diciembre, un padre y su hijo, atacaron con rifles a los cientos de judíos que celebraban el primer día de la Janucá (festividad que celebra el milagro de la paz) en Bondi Beach, Australia, dejando un saldo de 16 muertos. Todo hace presumir que atentados antisemitas como este se repetirán en diversos lugares. Israel, que ha violado el cese del fuego en más de cuatrocientas ocasiones en estos dos “meses de paz” está incitando hechos de este tipo. Todo el mundo se pregunta cómo Donald Trump, que se autodesignó como garante personal del pacto de paz, puede permanecer impasible ante su permanente violación por parte de un gobernante aliado suyo. ¿El compromiso con la paz de Trump obedecía a profundas convicciones morales o era un show tras un premio que se le escapó de entre las manos?


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