
EDITORIAL. Chile frente a un nuevo orden mundial.
El reciente Foro Económico Mundial de Davos, que reunía a las mayores economías del planeta, tuvo un convidado de piedra, un emergente líder que plantó cara, sin titubeos, frente a los representantes de las potencias hegemónicas del mundo.
Mark Carney, Primer Ministro de Canadá, fue claro y categórico al denunciar que el orden basado en normas era esencialmente falaz: “ Los poderosos se saltan las normas cada vez que le conviene”, así que cuando las normas ya no te protegen debes protegerte a ti mismo.
El problema central que hoy plantea la geopolítica contemporánea, radica en el dominio preeminente de potencias que no reconocen límites en su actuar y que luchan denodadamente por acrecentar su poder estableciendo áreas de influencia que les permitan someter, política, económica y culturalmente a las naciones medianas y pequeñas que se encuentran en el ámbito de lo que consideran “su territorio”.
Los términos de Carney son categóricos: “Cuando negociamos solos a nivel bilateral con potencias hegemónicas, lo hacemos desde una posición de debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece y competimos entre nosotros buscando ser los más complacientes”…”Eso no es soberanía, es subordinación”.
La consecuencia de lo dicho es que las potencias medias y las naciones pequeñas son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de verdadera cooperación.
Así, se hace necesario reconocer que el antiguo orden no volverá. “No deberíamos lamentarlo, la nostalgia no es una buena estrategia” “Ante los imperios depredadores, Canadá propone construir algo mejor, más fuerte, más justo”.
La tesis propuesta es implementar una política realista basada en valores, construyendo coaliciones eficaces entre socios que comparten juntos para actuar juntos, reconociendo principios esenciales en los cuales todos coincidan: soberanía e integridad territorial, prohibición del uso de la fuerza, respeto irrestricto a los Derechos Humanos.
El llamado de Carney es claro y significa hacer frente al trumpismo estadounidense: O los más débiles somos capaces de actuar unidos en resguardo de los intereses comunes y de los principios comunes, o seremos aplastados por el paso arrollador de la historia. “Si no somos capaces de estar en la mesa, sin duda que seremos parte del menú”.
Planteadas así las cosas, llega el momento de preguntarse. ¿Será capaz el nuevo gobierno de hacerse parte de los desafíos formulados por el mandatario canadiense? Los silencios programáticos en materia de política exterior son preocupantes. Los hechos permiten avanzar en algunas deducciones que debieran llamar la atención. La sola designación de un canciller sin ninguna experiencia ni política ni diplomática, cuyo único mérito se encuentra en la gestión del conglomerado económico – financiero más grande del país con intereses en los EE.UU., permite deducir que no habrá una política externa independiente y que, por el contrario, optaremos por resignarnos a un papel de sumisión y subordinación.


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