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Editorial: No se puede seguir esperando.

Es frecuente escuchar en el debate público  que, frente a determinadas materias, se declare que es necesario tener “una política de Estado”. La expresión es bastante certera en cuanto a que, tácitamente, distingue entre los Gobiernos, que por su propia naturaleza son esencialmente contingentes, y el Estado que, al contrario,  es la personificación de los intereses permanentes del país y, por lo tanto,  va más allá de la transitoriedad. Sin embargo, ello no obsta a que se tenga presente que, precisamente, la gestión del Estado está en manos de un determinado Gobierno, responsable de ejecutar las políticas públicas, y de un Poder Legislativo encargado de determinar el marco regulatorio dentro del cual deben actuar los diversos entes de la administración.

El problema actual es que, si bien pueden definirse políticas de largo plazo que, por su naturaleza, están llamadas a proyectarse por un tiempo largamente superior a los cuatro años que dura un Gobierno, la Administración Pública presenta graves problemas que ninguna autoridad se atreve a enfrentar.

En oportunidades anteriores, hemos criticado duramente las políticas que están llevando a un despedazamiento del territorio,  lo que se expresa en el afán casi patológico de crear más y más regiones, con el evidente despilfarro de recursos que implica su instalación y la mantención de complejas burocracias que, una vez instaladas, se consolidan y se hacen inamovibles, sin que todo ello implique un cambio efectivo en la realidad esencial de los nuevos territorios.

A nivel país, es fácil constatar que, frente a los requerimientos apremiantes de la sociedad y de las personas, la respuesta está siempre en la creación de nuevos ministerios y de nuevos servicios cuya planta, grados y atribuciones son determinados al detalle por la nueva ley. Con ello, Ejecutivo y Parlamento dan por resueltos angustiosos problemas en circunstancias que la realidad nos muestra que se trata de soluciones de papel que no llegan a la gente misma afectada sino que se entrampan en los laberintos de correspondencia, computadores y escritorios.

Basta con mirar la situación de los menores vulnerables y el Sename; la situación de los adultos mayores carenciados; la situación de las personas llamadas eufemísticamente “en situación de calle”; la situación de quienes demandan del sector público una respuesta en salud que llega tarde, mal y nunca; etc., etc., para constatar la inmensa cantidad de problemas que se eternizan a pesar de los recursos que se invierten en las áreas respectivas y de la enorme cantidad de funcionarios llamados a atenderlos.

En otro campo, el fracaso en la ejecución de infraestructura  imprescindible e impostergable, es evidente. Proyectos deficientemente elaborados, indefinición de sistemas de ejecución, permanentes insuficiencias presupuestarias,  asignación de obras al proponente más barato que luego quiebra y las abandona para más tarde reaparecer con otro nombre, son también muestras de un Estado que se quedó en el pasado.

La modernización de la administración  se hace impostergable. Definir una estructura esencial y flexible, trabajar por obras y programas específicos, establecer una auditoría de gestión que mida resultados y haga efectivas responsabilidades institucionales y funcionarias, descentralización real y efectiva, desconcentración de funciones, mecanismos eficaces de control ciudadano, aparecen como aspectos que deben ser abordados.

Cada día se hace más difícil que la “clase política” siga eludiendo sus responsabilidades en esta campo.  En verdad, ya resulta intolerable contemplar sus párvulos juegos de poder y ambiciones personales, sus frases hechas y cuñas televisivas insustanciales, su falta de compromiso con el Chile real. El empoderamiento ciudadano más temprano que tarde le pasará la cuenta.

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1 Comentario en Editorial: No se puede seguir esperando.

  1. Ojalá las grandes mayorías del país entendieran lo planteado, su editorial es una elemental clase de Educación Cívica, la que los gobiernos y la prensa debiera propagar.

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