«La paz es hija de la convivencia, de la educación, del diálogo. El respeto a las culturas milenarias es hacer nacer la paz en el presente». Rigoberta Menchú, activista por los derechos indígenas.

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EL CONSUMISMO NOS CONSUME

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.

Especial para La Ventana Ciudadana
Desde Madrid

En nuestras conversaciones virtuales con mi familia, repartida por el mundo, un sobrino parafraseó a Tomás Moulian y me dijo: “Tío, es que el consumismo nos consume”. Yo comentaba el hecho de que me sorprendía ver fotos de los chilenos llenando las calles de las ciudades, comprando como locos frente a la Navidad que se nos viene. Y, más aún, la tremenda insensatez de reunirse mucha gente en un punto determinado de las ciudades y pueblos para ver el eclipse… ¡si el sol se puede ver desde el patio de tu casa o desde la venta de tu dormitorio!

La contundente y profunda frase del filósofo, “El consumo me consume”, viene a cuento ahora del hecho de que la gente no se da cuenta o no quiere darse cuenta de que estamos enfrentando una pandemia enorme, la más grande del último siglo, que nos lleva ya hasta los dos millones de muertos en el mundo.

¿Acaso no comprenden que el virus está latente y que los contagios se producen cuando la gente se junta, se aglomera, cuando no se toman  las mínimas medidas de prevención y seguridad?

En Navidad, debemos celebrar con moderación, con el espíritu del origen de estos festejos, que es la sencillez, la humildad, la moderación y la solidaridad.

El sistema que nos rige nos ha lanzado en brazos del consumismo. La ropa de marca, los alimentos exóticos, los inventos más increíbles, nos los meten por los ojos y los oídos a través de los medios más sofisticados de comunicación. Las técnicas del marketing, elaboradas por científicos y psicólogos, nos ahogan y nos obligan a vivir permanentemente en busca de lo último. Y las tiendas arreglan sus escaparates para ponerle la guinda a la torta.

Muchos corren a comprar sin pensar en que el presupuesto es estrecho ni en las consecuencias negativas en su salud por las aglomeraciones, y más aún en tiempos de pandemia.

En España, país donde resido, está pasando la segunda ola de contagios. Una ola fatídica que nos lleva a una cifra escalofriante de casi 50 mil muertos por efecto del Covid-19. Y las autoridades están adoptando medidas muy duras para evitar la aparición de una tercera ola, en enero, a raíz de los excesos de las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

En Estados Unidos, producto de los festejos del Día de Acción de Gracias, hace sólo un par de días se registró la cifra más alarmante de todas: murió una persona cada 24 segundos… ¡Cada 24 segundos!

Si estos argumentos no nos hacen reflexionar y tomar conciencia de que debemos cuidarnos, que debemos ser responsables sociales y practicar la solidaridad  con nuestros vecinos,…si eso ocurre, significa que estamos perdiendo la inteligencia social aceleradamente, que hemos sido culpables de inventar sistemas de vida inadecuados y que la magnificación del consumo nos está superando absolutamente.

Por lo tanto, creo llegado el momento en que cada cual debe asumir su responsabilidad, que  no es otra que cuidarse a sí mismo. Evitar salir de casa, y si ello no es posible por situaciones superiores, evitar las aglomeraciones, utilizar la mascarilla, guardar la distancia de seguridad de dos metros, y lavarse las manos reiteradamente con jabón.

Debemos preservar la vida y no dejar que el consumismo nos consuma.

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