«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Editorial. El difícil problema de la consecuencia.

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

De acuerdo al Diccionario de la Academia, la “consecuencia” es la correspondencia lógica entre la conducta de una persona y los principios que profesa. Sostener los principios o valores aún en circunstancias adversas, es un desafío y una exigencia ética ineludible.

El “caso Nicaragua”, en esta materia, es un caso de laboratorio que amerita un análisis por lo que significa no solo prácticamente sino para la formación de la conciencia colectiva en materia de Derechos Humanos.

El Preámbulo de la Declaración Universal de 1948, proclama el respeto universal y efectivo de estos derechos fundamentales definidos sobre la base del reconocimiento de la dignidad intrínseca de todos los miembros de la familia humana, lo que por su propia naturaleza los hace iguales e inalienables.

En múltiples oportunidades, se ha cuestionado si los delincuentes tienen derechos humanos, si los torturadores tienen derechos humanos, si los dictadores y tiranos tienen derechos humanos, y la respuesta lógica y consecuente es positiva. Aunque ello no nos guste, aunque ello nos moleste e indigne, los violadores de los derechos humanos tienen derecho a que se les reconozcan los derechos que ellos en su oportunidad negaron a sus víctimas.

El artículo 15 de la mencionada Declaración es simple y categórico: “Toda persona tiene derecho a una nacionalidad”, “A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad”.

Por esa razón, resulta particularmente indignante que Daniel Ortega, el dictador vigente de la República de Nicaragua, que otrora luchara con coraje ejemplar contra la dictadura casi vitalicia de la familia Somoza en su país, haya olvidado la causa libertaria a la cual se consagró y se haya vestido ahora con el ropaje de todos los autócratas procediendo a privar de su nacionalidad a 317 de sus compatriotas bajo el cargo de ser “traidores a la patria”. Esa experiencia, Chile ya la vivió y el nombre de Orlando Letelier, asesinado en Washington por los sicarios de la dictadura constituye sin duda un símbolo. Nos encontramos entonces con la significativa e incomprensible coincidencia de conductas entre los totalitarismos de derecha y los totalitarismos que dicen ser de izquierda o progresistas.

Sin embargo, el nepotista Ortega ha recibido la condena generalizada de amplios sectores políticos de diversos países. El presidente Boric ha calificado su régimen como una dictadura y ha ofrecido la nacionalidad chilena a los apátridas fabricados por su gobierno. Países de diferentes colores como España, Ecuador, México y Colombia no han querido hacerse cómplices de este grave atentado totalitario y han abierto sus puertas a estos exiliados. La reconocida escritora y poeta Gioconda Belli ha aceptado la nacionalización chilena y la también escritora Carla Guelfenbein al acogerla ha declarado: “Toda dictadura le tiene miedo a las palabras y a las ideas”.

Al propio presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, le ha resultado inaceptable esta situación y ha expresado su rechazo: “A nuestro entender, (las medidas) constituyen atropellos a los Derechos Humanos” Pero, el alcalde Recoleta Daniel Jadue, al escuchar la condena oficial a las determinaciones de Ortega ha irrumpido con una frase para el bronce: “Yo le recomendaría al Gobierno (de Boric) que se preocupe de las problemáticas que hay en el país”. Es decir, que para este actor político el respeto a los Derechos Humanos está sujeto a las circunstancias y al contexto, actitud condenable que justificaría cualquiera violación de principios básicos de una convivencia civilizada. La ministra del Interior comentó al respecto: “Definitivamente (Jadue) tiene una visión muy distinta de lo que es el compromiso con los Derechos Humanos de un país”.

La relativización de los principios que rigen los Derechos Humanos constituye una verdadera traición a la dignidad humana. A veces las frases muestran palmariamente la hipocresía e inconsecuencia de personas que son incapaces de entender ciertos principios básicos. En el campo analizado, moralmente no tienen cabida actitudes dobles que lleven a tolerar lo que debiera ser condenado y es bueno que todo movimiento, colectividad o partido ambiguo vaya tomando desde ya decisiones que no dejen espacio para dudas.        

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl