
EDITORIAL. En tiempos de elecciones
Los procesos electorales constituyen una oportunidad privilegiada para que los ciudadanos del país analicen la realidad actual, ponderen la gestión gobernante y tomen decisiones claras sobre lo que quieren y esperan para el futuro. Por esa simple razón, la comunidad política está obligada a asumir sus propias responsabilidades ya que el ejercicio de su derecho de sufragio marcará, sin duda, la marcha de la nación al menos por los próximos cuatro años.
El panel conformado por nada menos que ocho candidatos pareciera ofrecer una surtida gama de opciones, situación que es más aparente que real. Bien miradas las cosas, lo que pudiera identificarse como el sector “de derecha” presenta tres de esos nombres, Evelyn Matthei como personera de los partidos tradicionales agrupados en la coalición de ChileVamos, y dos postulantes de “ultraderecha” caracterizados, grados más, grados menos, por el populismo radicalizado. Al frente, se encuentra la única candidata de sectores “progresistas”. Todos los demás nombres, corresponden a aventuras personales que parecieran no tener otro objetivo que negociar sus votos tras la primera vuelta u obtener los recursos públicos que financian las campañas conforme al número de sufragios logrados.
Frente a ese panorama que hará que tomemos decisiones que serán determinantes para la marcha de la nación por los próximos cuatro años, necesitamos formularnos algunas cuestiones fundamentales e ineludibles. La primera de ellas es ¿A qué grupos o sectores sociales y económicos representa cada uno de estos aspirantes a La Moneda? La respuesta obvia es que esa identificación configurará su acción de gobierno, siendo, por tanto, determinante para definir a quienes favorecerán las políticas públicas. Otra pregunta importante es la relativa a qué valores representa cada uno de ellos. En este punto, consideramos necesario tener presente tanto su real y efectivo compromiso con la democracia y los derechos humanos, como su voluntad de trabajar no desde el autoritarismo y la represión sino desde la participación social y la integración.
Al revisar los programas inscritos en el Servicio Electoral, es posible constatar que se trata en general de documentos tecnocráticos que, en el fondo, no son más que promesas numéricas carentes de lógica y viabilidad, destinados claramente a cazar incautos. Chile es un país que enfrenta numerosos problemas que constituyen desafíos colectivos, lo que nos lleva a preguntarnos de qué forma todos, absolutamente todos, debemos formar parte de un gran esfuerzo nacional que implica sobriedad, austeridad de vida, participación y trabajo.
Ningún modelo teórico nos es bastante. Ni el estatismo que aspira a una ilusoria distribución de recursos desde la institucionalidad del Estado hacia abajo ni un libre mercado carente de limitaciones esenciales que solo enriquece más a los que tienen más, empobreciendo y endeudando a las grandes mayorías,







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