«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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EDITORIAL. La comunidad agresiva.

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

La mayor parte del país ha observado con espanto el homicidio de una inspectora en el interior de un establecimiento educacional en Calama, por parte de un alumno de segundo medio, de 18 años de edad. ¿Su pecado? Tratar de evitar la violenta agresión que sufrían alumnos menores que también resultaron heridos con arma blanca.

Simultáneamente, se informaba que los autores del homicidio calificado de tres funcionarios de Carabineros en Cañete, eran condenados a cadena perpetua.

¿Qué relación hay entre uno y otro caso? Aparentemente ninguna, pero el factor común podemos encontrarlo detectando el clima de violencia que se percibe en todos los ámbitos de la sociedad, y que se percibe no solo en colegios sino también en los establecimientos de salud y en muchos campos de la vida cotidiana.

El aire amargo y violento se respira en supermercados, en bancos, en estadios, etc. El desprecio por la integridad y la vida humanas es notorio y con frecuencia vemos que aún en los templos y confesiones religiosas o filosóficas no se hace el suficiente hincapié sobre este tema.

Sin embargo, más allá de la tremenda responsabilidad que cabe al respecto a las familias y a los colegios, desde un punto de vista masivo y social, el primer lugar lo ocupan la prensa escrita, las redes sociales y la  televisión, medios que se solazan en entregar, destacando, las conductas más agresivas bajo el argumento de que lectores, receptores y telespectadores lo piden. Si el país tomara conciencia del mal que están haciendo, de partida deberían lisa y llanamente boicotear a quienes los financian.

Solo una campaña de acción masiva que enfrente este nivel de corrupción presente en el día a día, logrará que avancemos hacia un modelo de respeto y concordia. ¿Qué tal si, desde mañana mismo, asumimos la disciplina de saludar amablemente a todas las personas que encontremos en nuestro camino? ¿Si dejamos de tocar la bocina a diestra y siniestra abandonando la pretensión estúpida de que por ir montado en un coche tenemos privilegios especiales?

La agresividad cotidiana nos está destruyendo como comunidad. ¿O es ese país violento el que queremos legar a nuestros hijos?

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