La Solidaridad no es "flor de un día", tampoco un "remedio" de pandemia... La SOLIDARIDAD verdadera nace de lo más profundo de la inteligencia y bondad humana y, es una conducta permanente.
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Editorial: Los muertos puntuales

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Durante la semana anterior (6 al 12 de abril) una joven de 21 años falleció en el hospital de Talca. Internada desde el primer día del mes, solo al practicar la correspondiente necropsia se constató que su deceso había sido causado por el Covid -19, pandemia que asuela al planeta. En una cifra de víctimas fatales que a la fecha superaba los cien mil casos (setenta en Chile) el dato es casi irrelevante. El Intendente Regional aclaró que todo obedecía a una “negligencia” (a las pocas horas se le ordenó desdecirse) en tanto que la Subsecretaria de Salud, Paula Daza, precisó fríamente que “se trata de casos puntuales”.

Sería de tontos negar que cada año en los hospitales públicos muchas personas mueren víctimas de las carencias de recursos, de la congestión que provoca la enorme demanda y, también, de comportamientos profesionales negligentes. Si eso sucede hasta en los recintos privados que ofrecen atención personalizada y cuentan en abundancia con las mejores tecnologías de apoyo, lo que acontece en el sector que atiende a más del 80% de la población (entre ellos los más carenciados y vulnerables) no es para nada sorprendente. De partida, en los tiempos por los que estamos pasando, es menester considerar que el personal de salud, a todo nivel, está altamente estresado y cumple sus deberes arriesgando no solo su vida sino las vidas de quienes integran su grupo familiar.  En premio, reciben el menosprecio de sus vecinos que buscan expulsarlos de sus comunidades por considerarlos “factores de riesgo”.

Tras los datos antes expuestos, surge una pregunta insoslayable: ¿En qué momento las víctimas de carne y hueso, las personas concretas, se transformaron en un número o en un punto en la curva de las planillas excel?

Nadie puede cuestionar la importancia de las estadísticas y de los análisis comparativos. Constituyen un punto de apoyo valioso en el desarrollo del conocimiento y en la formulación de las políticas públicas de un país. Pero de ahí a transformarlas en nuestra razón de ser como sociedad, hay un tremendo abismo. Los dichos de Daza, en los que no tienen cabida ni el dolor ni los sentimientos, constituyen la expresión de una cultura social que extravió todo compromiso con el humanismo y optó por los senderos del individualismo y del egoísmo, del lucro y del dinero.

Mientras el mundo enfrenta la mortal pandemia que amenaza millones de vidas, las elites urgen por la normalización de la economía cualesquiera que sean los costos que esto involucre. José Manuel Silva, Director de Inversiones de Larraín Vial Asset Managment, lo ha dicho con todo desparpajo que ya en varios países se han empezado a cuestionar las cuarentenas estrictas pues estas medidas no son convenientes: “No es conveniente seguir parando la economía y, por lo tanto, tenemos que tomar riesgos y esos riesgos significan que va a morir gente”.

La triste realidad, incuestionada, es que los condenados a muerte pertenecen a los sectores más pobres de la sociedad. Así sucede en todos los países afectados partiendo por el “imperio” que, pese a disponer de ingentes recursos, pese a gastar billones de dólares en armas y tecnología bélica, está hoy absolutamente desbordado.

A lo señalado, se suma una verdadera “pandemia de desinformación” como lo ha denunciado el Secretario General de las Naciones Unidas expresada tanto en la prensa formal como en la infinitud de las redes sociales, campos en que predominan comentarios y mensajes cargados de odio y racismo.

Es imposible aventurar un día de término de la crisis pero lo claro es que, como lo señalara Yuval Noah Harari, lo que estamos viviendo moldeará nuestras vidas para muchos años. La humanidad, en su conjunto como especie, prevalecerá pues la ciencia y la tecnología cumplirán sus deberes pero el mundo que surgirá post pandemia ¿nos llevará al aislamiento nacionalista o al surgimiento de una comunidad internacional basada en la colaboración y la solidaridad?

El historiador y analista israelí ha anticipado el peligro político que implica que las medidas de vigilancia y control epidémicos que se estudien e implementen deriven en algo inimaginable: que los gobiernos del futuro instituyan regímenes info totalitarios de dominio sobre sus ciudadanos que modelen su forma de pensar, sus opciones políticas y hasta sus sentimientos. En ese terreno, naciones tan disímiles como Israel y la República Popular China, llevan muchos pasos avanzados.

En los Estados Unidos, y el mundo gigantesco que gira a su alrededor, se optará sin duda por un abordaje individualista de la crisis a través de la acción incontrolable de las grandes corporaciones privadas. De ahí a entregar el dominio de mascarillas, guantes, vacunas, productos químicos a las leyes sagradas del mercado hay un solo paso. La sentencia es obvia: solo estarán llamados a sobrevivir los que dominen el nuevo mundo que emerge.

Reflexiones de este tipo no están para nada en las mentes de quienes se autoproclaman como elites dirigentes ni, menos aún, en el pensamiento y la reflexión de las nuevas generaciones que, en teoría, son las llamadas a ser protagonistas del tiempo que nace.

Sin duda, podremos superar el terrible desafío actual pero ¿estaremos a la altura del reto que significa la edificación de una sociedad basada en el establecimiento de vínculos sociales efectivos, de principios de cooperación y solidaridad que permitan que los beneficios del desarrollo lleguen a los más pobres? ¿Permitiremos una “ciudadanía de papel” en la que unos cuantos conduzcan al mundo y a los países conforme a sus apetitos e intereses?

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