El orgullo en exceso, como forma de vida, da paso a la arrogancia, esta es , sin lugar a dudas un elemento contaminante en las relaciones humanas y en las comunicaciones. ...pero además, ¡¡¡ contribuyen a la soledad y generan enajenación social!!!
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HORAS DISTINTAS

Gladys Semillán Villanueva

Embajadora por la Paz de las Naciones Unidas por la Letras UNILETRAS. Ave viajera de Semillas para la Juventud

Desde Castelar, Argentina

Necesitaba trasnochar, dejar correr las horas buscando otras que se habían perdido en el tiempo.
Como si pudiera.
Si podían, los recuerdos la memoria,  las cosas que me rodean podrían colaborar y traerlas.
Estaba fascinada terminando unos ojos en un retrato que parecían vivos y me seguían.
Dejé la carbonilla, me levanté para preparar un café con canela, mi predilecto y dejé el escritorio para dirigirme a la cocina.

Mi casa es muy antigua 114 años diseminados en lugares amorosos plenos de vida.
Un corredor algo largo luciendo cuadros a derecha e izquierda acompañaban mi paso.
Las veces que lo camino en el día, hay momentos en que solo lo hago porque si,  como si paseara o tal vez buscando una silueta.
A medio andar sentí como si me miraran, me di vuelta y ahí estaban tus ojos preguntando.
Desde el caballete parecías decirme… ¿qué pasa?
Todo.

Necesitaba ver a esa otra mujer, no la que el espejo me devolvía, cabello más corto, mirada levemente entristecida, alguna arruga en las mejillas, andar más calmo, esa insolencia con la que avanzaba para recibirlo ya no estaba.
Y te dije…quisiera ser por un momento aquella mujer.
La que al recibirlo para cenar juntos abrazaba su cuello y sentía en la espalda sus manos trasladándome toda la ternura del mundo.

¿Cómo hacer para no dejarme invadir por este virus que me lleva a desechar estas horas si no fuera que tu mirada me sujeta?
Huir al pasado y por unas horas ser aquella, plena, alegre, enamorada.
Tomarme de su mano y volver a sentir su respiración en mi cara.
Perderme en sus ojos y no querer ver nada más.
Abrazarnos y sentir que ambos levitábamos.

Regrese al trabajo con mi taza de café.
Tu mirada seguía preguntando y te conté
Mi voz se desplazaba por el ámbito cálido, la luz solo sobre el caballete iluminando tu rostro.
La música, fiel compañera  reproduciendo ese “Quiéreme” que una vez me enviaste, como una ofrenda gentil de tu parte.

RECUERDO que…

Amanecía proyectando, momentos que compartiríamos, conversas no concluidas, planes de paseos,…la vida misma.
Esas jornadas en las que no faltaba la alegría pero tampoco alguna complicación.
Era entonces cuando me decía estoy preocupado y mucho, tengo un niñito que no sale…Él ponía la ciencia y los dos la oración.

En nuestras vidas no existía el apuro, necesitábamos calma y gozo de lo cotidiano,  de lo pequeño de lo sencillo.
Le gustaba verme frente a este caballete, lidiar con los colores mientras el descansaba sus manos sobre el teclado acertando con alguna melodía que sabía y  juntos cantábamos.

Luego sus caricias volando sobre mis cabellos, mis hombros, mi alma.
No…esas horas…distintas y amadas no vuelven…no así…
Te lo dije casi llorando, debí regresar era tan fuerte el recuerdo.
Aquella mujer como tal ya no existe; esta es otra fuerte, decidida, enamorada pero de la vida, de sus nuevas expectativas.
 De su nuevo rol.

Te miré desafiante…Te hablé,…me escuchaste,…no dejaste de mirarme.
Y cuando ya el cansancio intentaba vencerme apareciste abrazando  la catedral, pero tu rostro ya estaba terminado.
Ahora es ella la que me espera, seguiré mañana con el cuadro.

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