
El BOSQUE
Desde Castelar, Argentina
El BOSQUE
Quietud
Silencio
Acaso complicidad
Todo hacía suponer una jornada más de sol, estallidos de aromas, canturreo de las aves en un concierto de sonidos inimitables, sólo de ellas.
Las flores en la mesa
Las ventanas abiertas dejando entrar la vida
El rumor cercano de ese regalo pequeño
que atraviesa la finca y cuya agua más de una vez sereno el andar presuroso
de una mujer que amaba con locura su lugar, su tiempo, la vida toda
con alegrías y las otras cosas como ella solía decir
al referirse a los dolores.
Si embargo debía marcharse.
Decisión que le costaba.
Que la condenaba cada mañana y le restaba plenitud en esa jornada.
¿Por qué?
Tantas cosas
Solo sabía que debía marcharse.
Hasta que una mañana, comenzó desde su rutina de luz y esperanza
a preparar sus maletas.
Sin apuro seleccionó todo
No demasiado.
Lo necesario.
Convencida que parte de su vida quedaría allí en todos los rincones,
pegado en las paredes.
En cada mueble, si bien era austero el mobiliario.
En las cucharaditas del desayuno que a mitad hacia sonar como campanitas…
y llegaban algunos pájaros por muchas migas de su comida.
Ya conocían la señal, y entraban a la cocina por la ventana.
Partir,
que triste palabra.
Pero una mañana se acercó árbol más cercano
lo abrazó, apoyó sus labios en la corteza y le habló.
Le explicó y le pidió.
… Cuiden mi casa debo partir …
sí no regreso otra mujer ocupará mi lugar.
Los amará tanto o más que yo.
Vivirá con alegría porque traerá el amor.
…
Un coche se escuchó a lo lejos.
Una puerta se cerró y recibió un beso.
El bosque rodeó amorosamente la casa y esperó.
***

Gladys Semillán Villanueva
Argentina.
Mayo 16, 2025
D.R.A







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