«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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EL DIFICIL MOMENTO QUE VIVIMOS

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.

El tiempo se pasa volando y casi no nos damos cuenta de la velocidad de la vida. Nos preocupamos por la pandemia y anhelamos que se termine pronto. Nos olvidamos de que tenemos un virus maligno que muta muchas veces y que se multiplica con rapidez, contagiando a medio mundo.  Intentamos recuperar la misma forma de vida de antes y dejamos de adoptar las medidas de prevención que nos recomiendan los expertos. Entonces, el virus se ríe y avanza, de una u otra forma, contagiando a la gente.

          Estamos enfrentando la pandemia con altos y bajos, sin considerar que debemos mantener una nueva forma de vida, con obligaciones diferentes y con conductas también distintas. Debemos transformarlas en hábitos, en costumbres cotidianas de nuestra convivencia, porque será la única manera de escaparnos del bicho maldito y hacerlo desaparecer.

          No voy a repetir lo que hemos escuchado tantas veces sobre las nuevas normas de conducta que debemos adoptar. Pero lo que si voy a remarcar es la necesidad imperiosa de la vacuna. Está demostrado científicamente que es un elemento eficaz para evitar las muertes. No para evitar el contagio, sino para eliminar los elementos más nocivos del mismo.

          La vacuna es producto de los estudios realizados por científicos de todo el mundo, que unieron sus conocimientos y experiencias para alcanzar un fármaco eficaz que consigue eliminar los mayores peligros causados por el virus. Fue un esfuerzo solidario, común y exitoso. No lo desaprovechemos.

          A pesar de todo, el virus sigue presente. Y cada vez será distinto, diferente, porque tiene cualidades para mutar, para esconderse en nuevas variaciones. Y eso se produce porque hay lugares en el planeta donde no ha llegado la vacuna, donde los recursos escasean y la gente se muere ante la falta del medicamento salvador. Son lugares de pobreza donde la solidaridad debe aparecer lo antes posible. Necesitan manos tendidas, apoyo incondicional. Necesitan Humanismo por sobre todas las cosas.

          Esta situación nos obliga a insistir en los mismos temas que tantas veces hemos escuchado en voz de expertos. Debemos cuidarnos, prevenir hasta con exageración si es necesario. Escuchar a los expertos y seguir al pie de la letra sus consejos. Y, por sobre todo, ser solidarios.

          Solidarios con nosotros mismos, previendo contagiarnos. Solidarios con los demás, para no contagiarles. Debemos cuidarnos y cuidar a nuestros seres queridos. Y debemos pensar también en los demás, en aquellos que necesitan ayuda, que no tienen recursos y que enfrentan la vida con un drama acentuado.           Es necesario asumir que estamos viviendo de una forma diferente, que la vida pasada ya no vuelve, que las normas han cambiado y las necesidades son diferentes. Que las circunstancias nos enfrentan a un grave proceso que puede desembocar en la muerte. Y que podemos y debemos asumir  las normas de prevención para alejar los mayores peligros que acarrea esta pandemia. Y, además,  practicar la solidaridad más amplia y generosa.

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