«Mister Monroe ha dicho: Se reconoce que la América es para los americanos…¡Cuidado con salir de una dominación para caer en otra! Hay que desconfiar de esos señores, que muy bien aprueban la obra de nuestros campeones de liberación sin habernos ayudado en nada. ¿Por qué ese afán de Estados Unidos en reconocer la independencia de América sin molestarse ellos en nada? Yo creo que todo esto obedece a un plan concebido de antemano, y ese sería hacer la conquista de América, no por las armas sino por la influencia en toda esfera. Eso sucederá tal vez no hoy, pero mañana sí»

Diego Portales (1822)

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El telón de un sueño

Gladys Semillán Villanueva

Embajadora por la Paz de las Naciones Unidas por la Letras UNILETRAS. Ave viajera de Semillas para la Juventud Primer Premio Internacional de Dibujo, otorgado por U.F.P. Argentina.

Desde Castelar, Argentina


El telón de un sueño

A oscuras.

Solo tu voz.

Trataba de hallarte.

Susurrabas palabras que sugerían impulso.

Una de ellas la repetías como para convencerme.

¡VIVE!

Pero no te veía.

Era una ceguera loca.

Surgida no sé de dónde.

Entonces decidí encontrarte y siguiendo el sonido de tu voz te hallé.

Mis manos tendidas hacia adelante.

Aleteando en el espacio dieron con tu cara.

Los dedos siguieron apenas unos rasgos confusos.

Un poco las mejillas algo la nariz y el mentón.

Pero nada o casi nada.

Suponiendo el lugar de las orejas las manos intuyeron tu cuello

hasta confundirse con tu camisa.

Tu voz había desaparecido.

No podía guiarme.

Solo una respiración tan leve como desmayada qué me confundía.

Apoye las manos sobre la camisa como en un descanso para orientarme.

Me molestaron los botones y los fui desabrochando uno a uno sin apuro.

Algo en las yemas de mis dedos me inquietaba.

Hasta que separé la tela y mi mano derecha palpo tu piel.

Tibia.

Mi otra mano tímidamente se ubicó junto a la que yacía captando.

Quietas.

Atentas.

Como adormecidas.

Acariciando con una levedad de brisa la cavidad cubierta de tu corazón.

Se posaron seguras.

Abandonadas a esa tibieza y ese golpeteo qué marcaba el ritmo de la vida.

Te había encontrado.

Eras tú.

Me transferías vida.

Y yo ya no quería más luz

que esa negrura me regaló.

Allí estaba todo.

En tu pecho.

En tu piel.

En tu corazón.

¿Despertar?

No.

Apoyar mi cabeza.

Y no importarme nada más,

solo volver a escuchar tu voz diciendo…

VIVE…

***

Gladys Semillán Villanueva

Argentina

Diciembre 29, 2025

D.R.A.

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